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noviembre 7, 2016 7:46 pm

A horas del acto democrático que definirá el próximo presidente de la “Nación del Norte”, Hillary Clinton puede convertirse en la primera presidenta (electa) de Estados Unidos, número 45 en consecución de mandatarios del país.

Pese a que ya se había posicionado como favorita, el archivo final del caso de los “emails” expuestos por wikileaks, el fantasma que le ha perseguido desde que se lanzó a la carrera electoral, oxigenó ayer su cierre de campaña. Todas las encuestas la sitúan en cabeza. Casi todos los analistas  apuestan por el azul demócrata. Unos le otorgan ya de partida más de los 270 delegados electorales necesarios para su proclamación. Otros, más prudentes, abren la disputa de un centenar largo de ellos, repartidos por una quincena de Estados indecisos, y colocan a Clinton por debajo del umbral.

“Real Clear Politics”, la más ponderada por elaborar la media de todos los sondeos, dejaba abierta anoche la pugna: 203 delegados seguros para Hillary, 164 para Trump y 171 en disputa. Entre estos últimos, es favorita la demócrata. Pero la cautela se ha abierto paso los últimos diez días.

La arremetida final de Donald Trump, más cerca que nunca en los sondeos, y el enrarecido ambiente de división en una sociedad descreída de los “actuales candidatos”, arroja una clara incertidumbre. Las dudas sobre un “voto oculto” se mezclan con los indicios de los más de 40 millones de votantes madrugadores: una histórica movilización de los hispanos y un efecto convocatorio entre las mujeres (favorecen a Clinton) chocan con una participación no menos masiva del votante tradicional y del trabajador de raza blanca (favorece a Trump).

La última jornada de campaña fue una de las más favorables para Clinton. El anuncio del director del FBI de archivar definitivamente la investigación de los nuevos correos electrónicos, allanó la empinada cuesta final de la candidata. Las apelaciones de Trump a los “complots de un sistema corrupto”, bajo el argumento de que es “imposible” revisar 65.000 correos electrónicos en una semana, intentaron eclipsar una de las pocas buenas noticias que ha recibido Clinton en su particular “vía crucis” electoral. Su marido Bill y el matrimonio Obama facilitan en la noche de este lunes la puesta en escena final en Filadelfia (Pensilvania), una imagen de unidad que contrasta con el desperdigado frente republicano.

En un país acostumbrado a navegar entre multitud de encuestas, los pronosticadores también son legión. Hay hasta bolas de cristal, como la del profesor Larry J. Sabato, de la Universidad de Virginia. “La Sabato´s Crystal Ball” situaba anoche los delegados en un 293-214 a favor de Clinton. Para Nate Silver, del célebre sitio “Five Thirty Eight”, las probabilidades están en un 67,6%-32,3%, también para la demócrata. En su sección “The Upshot”, The New York Times lo reparte en un 84%-16% a favor de Clinton. Uno de los pocos gurús que prevé la victoria de Trump es el profesor Allan Lichtman, de la America University, quien presume de haber predicho todos los presidentes desde 1984. Su sistema se basa en la respuesta a trece preguntas estándar sobre el mandato anterior.

Sin embargo, pese a todo “el mar de especulaciones”, la verdad se revelará en escasas horas a través de ese libre albedrío por el que tanta sangre ha corrido en la historia de la civilización occidental. Una “libertad de decidir” que afectará no solo el destino de cada estadounidense, sino también el de la gran mayoría de cada ser humano que habita nuestro planeta.

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