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septiembre 21, 2016 2:30 pm

Cobrar una herencia, un juicio o una indemnización, aunque sea un momento de felicidad, tiene que mantenerse en silencio. El motivo es simple: los ladrones.

Esta simple ecuación se potencia si los receptores del dinero tienen pensado guardarlo en su casa, ya que el hecho de contárselo a alguien puede derivar en una situación nefasta.

El caso de Los Corralitos ocurrido en la mañana de ayer, dejó en evidencia que guardar dinero en el hogar es motivo de una cadena de “batidas” –intencionales o involuntarias– que culminan en un violento robo.

Al respecto, el comisario de San Martín, Gustavo Bustos, en diálogo con El Ciudadano expresó su postura: “Guardar dinero en las casas es un error habitual que cometen cientos de ciudadanos, y el problema que conlleva es que se filtra la información y los ladrones están más cerca de lo que creemos”.

Los motivos por los que los ciudadanos guarden sus ahorros en sus hogares son diversos. Algunos están asociados generalmente a la desconfianza que generó el sistema bancario luego del “corralito” de 2001, y otro muy importante es la no bancarización de los trabajadores de zonas rurales.

En relación a este segundo punto, Bustos aseguró: “En las zonas rurales, los patrones pagan los salarios en el medio de la finca, y estamos hablando de sumas considerables. Muchas veces son batidos y víctimas de robos”.

En ese sentido, el comisario Bustos aclaró que este año se realizó un operativo en Junín, en el que fue desbaratada a una banda que tenía planeado robarle a un importante viñatero de la zona.

Una cadena de rumores

Aunque parezca increíble, el primer dato de que hay dinero en el hogar lo dan los propios dueños. En un hecho involuntario y en la mayoría de los casos como una expresión de felicidad –como el cobro de una herencia, por ejemplo– se cuenta la situación a un pariente o un amigo o un vecino cercano.

A partir de ese momento, la cadena se vuelve interminable, ya que el comentario –más si son cifras de grandes magnitudes– comienza a esparcirse hasta llegar a oídos equivocados.

“En este tipo de casos, los ladrones no son improvisados y a partir de un dato poco certero hacen un trabajo de inteligencia para concretar el robo”, aclaró el funcionario policial. En ese sentido, aseveró que el peligro de esta situación se centra también en los rumores mal transmitidos, ya que un cobro de $100 mil puede llegar a oídos del ladrón por un monto superior, incrementado la violencia del robo al no existir una suma demasiado importante.

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