aguilar

enero 22, 2015 9:20 am

“No se olvide Aguilar: trabajamos sobre la izquierda de Galíndez y así evitamos que saque la derecha, ¿eh?”.
Por insistente que pudiera parecer aquella advertencia, quienes conformaban el círculo áulico de don Paco Bermúdez tenían en claro que ese plan de lucha propuesto por el gran formador de boxeadores cuyanos podía transformarse después en una pelea con suerte y viento a favor y en una victoria que pocos imaginaban.
Así también lo creía el alvearense Juan Mendoza Aguilar. Habían sido varios los compromisos que había afrontado poniendo en práctica las estrategias de don Paco y ahora, frente al ex olímpico Víctor Emilio Galíndez, no tenía porqué ser la excepción.
Ya lo había hecho el 8 de abril de 1970, por ejemplo. Aquella noche, en el Luna Park, televisado y relatado en directo para todo el país a través del mítico programa Entre las sogas, el crédito mendocino ganaba por puntos y con ello terminaba con el invicto del bonaerense llamado a ser una estrella.
Así salió a pelearlo unos meses después, el 14 de agosto de 1970. Allí el cultor de la escudería que dio tanto que hablar en la Argentina y en el mundo y que conocía de memoria los movimientos del Negro Galíndez volvió a darle instrucciones precisas a Juan sobre la manera más conveniente de de salir a pelearlo al temible Víctor en lo que sería la revancha y el tercer enfrentamiento entre ambos púgiles.
Esta vez el escenario sería en la antigua Asociación Mendocina de Box, que a tono con el auge de los deportes de esos años, luciría a pleno.
“Juan Mendoza Aguilar salió con un plan estricto. Girar sobre la izquierda de Galíndez para evitar la imposición de los golpes con diestra”, decía la crónica del día siguiente en el diario Mendoza.
La gente que vitoreaba a más no poder a Aguilar, veía como Galíndez salía decidido a terminar con el pleito desde el arranque.
A la propuesta de una pelea parsimoniosa, pensante y de movimientos cadenciosos como la que ofrecía Aguilar, el vigoroso Galíndez oponía-o trataba de oponer- una andanada de sopapos limpios, cosa de poder zafar por nocaut y cuanto antes mejor, de un boxeo bastante incómodo para él.
En eso estaba Galíndez en los inicios del primero round. Por ello había arrinconado al mendocino contra las cuerdas en el afán de no dejarse entrampar. Pero claro, había buen estado físico en ambos contendientes por lo cual en cada envío también recibía por igual.
No habían pasado los dos minutos y medio de combate y sucedió lo imprevisto.
Enardecidos y en un cuerpo a cuerpo digno de Rocky Balboa ante Apollo Cread, los argentinos de categoría medio pesado chocaron sus cabezas.
Sangrantes y dolientes por el alto impacto en sus cejas, el árbitro decidió detener la pela y convocar al médico para corroborar si estaban en condiciones de seguir.
“No pueden continuar”, dijo el doctor Berra. Se aplicaba el artículo 148 del reglamento y así la pelea que había sido pactada a diez rounds quedaba sin definición.
Volverían a enfrentarse por tercera vez ese mismo año. El 20 de setiembre, en la Federación Mendocina a diez rounds, los protagonistas de ese clásico de la época-como también lo eran los choques con el mendocino Jorge Aconcagua Ahumada- sostendrían un combate vibrante.
Guiado por don Paco Bermúdez desde el rincón, el sureño Juan Mendoza Aguilar derrotaría, esta vez por puntos, a Víctor Emilio Galíndez./ Fernando Montaña

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