Trafic blanca

julio 3, 2015 3:56 pm

Si de algo podemos estar orgullosos los argentinos es el haber crecido como sociedad en lo que se refiere a la trata de personas. Las distintas marchas celebradas en varios puntos del país, en el famoso #NiUnaMenos del 3 de junio, no han hecho más que remarcar el temor y rechazo de toda una sociedad que pide a gritos que este tipo de mercadeo termine de una vez por todas. Y no solo se trata del comercio sexual: el tráfico de órganos está también latente en cada noticia de alguna desaparición.

Campañas oficiales que conllevan una concientización, testimonios de hombres y mujeres que pudieron salvarse de gente que sólo busca reclutar esclavos y esclavas sexuales, posteos en redes sociales, mensajes a través de los celulares, todo ello en pos de desnudar y poner en conocimiento de todos a estos delincuentes que, escudados en el anonimato, trabajan en las sombras. Todo eso, con el agregado de personalidades del arte, los deportes, las letras, quienes prestan su tiempo e imagen para tratar de concientizar a la población.

Esta vez, renace en Mendoza un hecho que se viene replicando en distintos puntos del país. Se trata de una misteriosa Traffic que, rayando en lo sospechoso, se dedica a recoger personas en puntos acordados con el supuesto fin de llevarlos a empresas que están necesitando personal. La falta de trabajo impulsa a los más incautos a entrar en el juego. Y algunos caen, engañados en su buena fe.

El modus operandi es el siguiente: se publica en algún medio que cierta empresa (por lo general extranjeras, o de Buenos Aires) hace su arribo a la provincia. Mediante un teléfono de contacto, comienzan los mensajes con los supuestos encargados de la selección del personal. Luego de un diálogo que puede ser a través de WhatsApp, mensajes de texto, o simplemente llamados telefónicos, las víctimas son llevadas a aceptar ser buscados en sitios lejanos por una trafic. Este vehículo, supuestamente, hace el recorrido en busca de más empleados, para llevarlos hasta el sitio prefijado (este puede ser una supuesta bodega, por ejemplo).

La redacción de El Ciudadano tuvo acceso a varias capturas de pantalla de una mujer que, buscando un puesto de trabajo, hizo contacto con una de estas personas que ofrecía “algo” bien remunerado. Específicamente, el supuesto lugar de trabajo tiene lugar en Luján de Cuyo, donde cuesta llegar vía colectivo. Ante la imposibilidad de trasladarse en vehículo, los misteriosos “empresarios” apuraban a la mujer para que se presentara lo antes posible. Lo curioso es el tono invasivo de los mensajes que provenían de esta empresa. Allí, se le pedía talle de zapatos, de camisa y ropa en general. Aparentemente, esto era para el diseño de su uniforme, pero no cuesta mucho darse cuenta de que es sólo una estrategia para agregar veracidad a un hecho a todas luces oscuro y rebuscado.

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En un momento, cuando la víctima les comunica que puede ser trasladada por su novio, aquellos cambian inmediatamente el plan: es una “trafic blanca” la que pasaría a buscarla a ella y a otras personas. De nada sirve la insistencia de la mujer: no “conviene” que la lleven en auto, es preferible que la trafic la pase a buscar.

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Aquellos que desconfían suelen detectar algo raro, y ahí se corta la comunicación. Pero hay otros casos en los que la búsqueda desesperada de trabajo puede provocar decisiones que pueden ser lamentadas en el futuro. Esto no hace más que ratificar que el execrable accionar de estos individuos no respeta el dolor o la angustia de carecer de trabajo.

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En momentos en que nuestra sociedad sufre la pérdida diaria de hombres, mujeres, niños y niñas, es importante no sucumbir a este tipo de propuestas. Pero además, es necesario no caer en la psicosis general, ni alimentar mitos urbanos que no hacen más que confundir y crear miedo. Lo importante es el diálogo familiar, tocar estos temas dentro del núcleo del hogar, para estar atentos a algo que nadie quisiera sufrir.

 

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