Macri

abril 4, 2016 9:38 am

Por estos tiempos los medios periodísticos evalúan los 100 primeros días de los gobiernos del país y de la provincia. Allí, además de mostrar la apertura de la presidencia de Mauricio Macri hacia la prensa, que a diferencia de su predecesora “hay oportuna consideración hacia nuestra profesión y su objetivo, que es informar a la gente”. Esto último, no es poca cosa, si se tiene en cuenta que es ese RESPETO que refleja la constitución con precisión democrática hacia el ciudadano de estar informado en un marco de libertad de prensa y de expresión. Algo que jamás se debería haber dejado de lado como se hizo en la última década bochornosa y descaradamente.

Ahora bien y volviendo a las evaluaciones, es momento de mirar también los tiempos de la gente. Porque se tendría una evaluación más exacta de la realidad del país en su conjunto. Sobre todo se dimensionaría que lo que hoy le pasa al país es “tan delicado como preocupante”.

Para este análisis se debería partir con algunas preguntas. Hacen 4 meses (¡cuatro!): ¿qué votó el ciudadano? y ¿qué busco con su voto ese ciudadano? Obviamente que votó un cambio, más allá de los rótulos de campaña, coalición programática – lectoral y slogan publicitario. Un cambio que implicaba erradicar todo aquello perjudicial al sistema democrático que un perverso esquema político había impreso con espeluznante sectarismo. Pero también un cambio en los difíciles aspectos económicos y laborales que precarizaron el vivir de la gente.

Los cambios en lo institucional, respeto a las leyes, la división de poderes y a la constitución llegaron desde el mismo momento que asumieron las nuevas autoridades. Cuestión que animó al ciudadano a comenzar con otros bríos la nueva etapa democrática de la Argentina.

Los cambios en los aspectos económicos y laborales del argentino, no solo se retrasan en llegar sino que, se han profundizado los problemas que tiene de subsistencia ese ciudadano.

Al impiadoso proceso inflacionario que no se descomprime, que en un año se ubicó en el 33,9 % y que la última medición habla de que el mes de marzo marcó un 3,5 %. Se agrega multiplicidad de incremento tarifario en todos los servicios en el orden del 300 por ciento y un imparable aumento en los combustibles. Mientras los artículos de la canasta básica de alimentos sufren permanentes subas. Y todo esto con un salario totalmente desfasado de esa realidad que carcome el vivir diario de la gente. Algo que condiciona proyección alguna de crecimiento de las familias argentinas.

A lo anterior se deben agregar los problemas de arrastre que todavía no tuvieron respuestas: “desocupación, condiciones de trabajo, trabajo en negro y vivienda”. Por el lado productivo el acuciante momento de pequeños productores y campesinos que están en las mismas condiciones que hace un año atrás. Sacrificios, pequeñas inversiones y duro trabajo; en los que, o la climatología los hace añicos o no los alcanza esa merecida rentabilidad que también fue prometida. Cuestión que “se cubre u oculta de la realidad” con el explosivo momento de las exportaciones del país, donde el campo con los grandes productores e inversores se llevaron un alto porcentaje de esos 28 mil millones de dólares obtenidos en el mes de febrero pasado.

El panorama refleja una República Argentina compleja donde el gobierno solo muestra un discurso, más no la necesaria acción de encaminar “muy oportunas soluciones”. Ya no está alcanzando que la administración nacional reconozca que “es responsable de la inflación y de descomprimirla” y que se ha propuesto alcanzar “pobreza cero”. Porque es incompresible y contradictorio que las buenas intenciones oficiales vengan acompañadas por un paquete de duras medidas que la gente no esperaba. Si bien al cabo todo ciudadano era y es consciente del país que el gobierno heredó, NADIE esperaba un AJUSTE tan despiadado.

A diferencia de otras administraciones, el actual gobierno tiene “de repente” un cono de sombra de inestabilidad social con muchos focos o frentes para entender  y atender. El más fuerte quizá el de los trabajadores, que por ser el más castigado por la situación imperante y el que todavía no ha sido beneficiado por medidas que sí se tomaron en la macroeconomía, se ha lanzado a las calles para hacerse oír.

Para muchos, es el momento que el gobierno revea los pasos que comenzó a dar para reflotar un país con añejos dolores económicos, financieros y sociales. Y que se morigere con estrategia y mecanismos adecuados este ajuste que la gente lo siente con doble sentimiento. Por un lado porque “votó ese cambio” que le expresó mejorar su precaria situación, que hasta ahora no sucedió. Por otro, porque recibe inmerecidamente con mucha virulencia el peso de medidas, que junto a la situación imperante producen un cóctel explosivo en la vida de ese ciudadano que con angustia evalúa los primeros 100 días de otro tramo de la democracia argentina. Donde espera y solo espera que todo lo escuchado y prometido no haya sido producto de una efímera ilusión. Porque ni él, ni la nación resisten “en estas condiciones” una nueva frustración.

Daniel Gallardo – Productor y Periodista de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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