Anibal

octubre 26, 2015 7:33 am

El búnker de Cambiemos varió de una cautelosa esperanza hasta llegar al estruendo de la euforia cuando María Eugenia Vidal reapareció en el escenario para confirmar que habían ganado la provincia de Buenos Aires, la más importante del país.

Antes, una lluvia de papeles de colores y globos celestes y blancos coronaban las últimas palabras de Mauricio Macri, quien bailó con movimientos de caderas, luego de tener en sus hombros a su hija Antonia y abrazar a su mujer, Juliana Awada, al ritmo de una cumbia de Gilda.

Luego se conocieron los resultados oficiales que lo pusieron en una diferencia mínima con Daniel Scioli y entonces el recinto central se mostró pleno de color, música estruendosa, seis pantallas que marcaban el ritmo del ánimo con mensajes y por último los resultados que brindaban los canales televisivos.

Como es tradicional el búnker se armó en Costa Salguero, sobre la Costanera Norte, pero en esta ocasión renovado y mucho más amplio que en elecciones anteriores, abrió sus puertas al periodismo a las 16.00.

El sorpresivo resultado permitió olvidar que al principio el único comentario que se escuchaba era que no había habido cortes de boletas en la Ciudad de Buenos Aires cuando ya había votado el 60 % del padrón.

Hasta esa hora, sólo habían pasado algunos alfajores, luego llegaron más víveres, pero con cuenta gotas, hubo cortos trozos de pizza, algunos sandwiches y calzones, 2 clases de gaseosas y agua, un catering muy pobre comparado con anteriores.

Elisa Carrió llegó, sorprendió, tomó las cámaras por su cuenta; Patricia Bullrich vestida de modo informal se paseaba con cara de preocupada; el rabino Sergio Bergman muy sonriente recomendaba: “todavía no ganamos, esperemos” y los primeros gritos y agitar de globos fueron cuando Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno porteño electo anunció: “Vamos yendo al balotaje”, después dos veces se coreó el grito de ¡Argentina!.

Desde ese momento el entusiasmo fue in crescendo incluso para uno de los personajes infaltables, el “mago sin dientes” que se paseaba con su galera y traje entre los asistentes.

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