Droga chico

abril 25, 2016 5:39 pm

Hace décadas que el país entero sabe que la droga penetraría en lo más profundo de su existencia. Hacen décadas que la nación sorda y ciega “analiza sin sentido” que el narcotráfico dejaría de mirar a esta tierra como lugar de tránsito. Hacen décadas que a este tema el grueso de la población lo “tomaba en forma desacertada y con espantosa liviandad”. Allí ya se miraba con desbordante actitud ese inaceptable egocentrismo que muchos habitantes tienen (¿seguirán teniendo?) en temas duros de la vida de país.

No debería extrañar a nadie hasta donde llegó el narcotráfico, la droga, la drogodependencia, cocaína, porro, paco, éxtasis, superman y las cientos de “mugrientas formas” con las que este asunto se enredó entre nosotros, hasta enredar con extrema gravedad la existencia de la República Argentina.

En este tema ha habido MUCHA hipocresía en el contexto global del estado, léase responsabilidades de los tres poderes y de la ciudadanía. Es inconcebible que desde un principio no haya habido una contundente reacción generalizada para detenerlo cuando había que haberlo detenido. Y es en ese momento donde la nación mostró ante los ojos del mundo “que aquí estaban dadas las condiciones para que la droga se cultivara, se fabricara, se vendiera y se consumiera al por mayor”. Al respecto, uno de los aspectos vitales de esta grave afirmación es que fuerzas de seguridad, políticos y jueces fueron (¡lo son!) esos vitales vasos comunicantes para que el poderoso brazo del hampa narcótico llegase a la Argentina. El otro aporte, que no es menor, lo dio el resto de la ciudadanía. El caso que hoy “convoca equivocadamente” a la nación entera es el claro ejemplo de lo expresado. Es muy angustiante ver en medios radiales y televisivos, como así en todos los sitios donde la gente se reúne en debatir si la fiesta electrónica si, si la fiesta electrónica no; si la responsabilidad es de los jóvenes que consumen, si la pastilla es sintética, trucha o de qué manera se introduce en “esas fiestas”. Y allí, junto a los jóvenes fallecidos y los que están muy graves la comunidad toda habla al son del “baile San Vito o sambito” como quieran denominar a ese movimiento involuntario y sin propósito aparente que los argentinos hacemos toda vez que se presenta este tema.

La droga y sus letales secuelas merecen serio, profundo y definitivo tratamiento. Para ello el gobierno debe enfrentarla con absoluta capacidad, determinación y sinceridad ante la gente. Misma gente que del mismo modo debe comenzar también a mostrar “esa responsabilidad” que, o no apareció, o no quiso que apareciera. Esto último ligado directamente a quienes lucran en sus diferentes formas con la diversión, sobre todo en aquellos lugares donde los jóvenes concurren masivamente. El parámetro que hoy muestran las duras cifras son elocuentes: “solo en ámbitos de la capital federal hay 14 muertes por sobre dosis en fiestas electrónicas realizadas en los últimos ¡seis meses!. Número que se acrecienta en gran magnitud cuando hablamos de niños y adultos que fallecen o son salvados al filo de la muerte en hospitales de la ciudad de Buenos Aires y de las principales ciudades del país. Pacientes que llegan en estado desesperante tras consumir sin control en fiestas públicas o privadas, en la vía pública, en plazas, escuelas o villas de emergencia. Se cuentan por cientos y el tema va en alza en forma descontrolada”

Es el estado en su conjunto que debe entrar en acción. Con gobiernos que dejen de mentir descaradamente y hasta con burla hacia la gente. Ciudadanía que debe darse cuenta de ello con el ejercicio de la memoria y con todo lo que diferentes administraciones gubernamentales “les vendieron como espejitos de colores”. Recordar que hubo gobiernos que hicieron campañas que conllevaron solapadamente a consumir, ¿o que se buscó cuando se contrató a Diego Armando Maradona para que le hablara los jóvenes sobre la droga? Campaña en la que se utilizó un jugoso contrato que salió del dinero del estado y en el momento más complicado del astro del fútbol con el consumo de estupefacientes. Hipócrita actitud que se mostró del mismo modo con un Eduardo Duhalde, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y a quien se lo habría sindicado como responsable del ingreso del narcotráfico a ese estado provincial. Hipócrita actitud que se repite con las famosas radarizaciones “fantasmas” en la frontera argentina con los países de la región (especialmente con Bolivia, Brasil y Paraguay), con el proyecto de Carlos Vladimiro Corach Ministro del Interior de la presidencia de Carlos Menem o el proyecto similar inventado por el kirchnerismo. Hipócrita actitud cuando Aníbal Fernández siendo Ministro del Interior del gobierno “K” proponía una ley para autorizar el consumo personal de marihuana. Ni hablar de los contactos que se le atribuyen a él y a otros ex funcionarios con oscuras maniobras de laboratorios y delincuentes ligados con ventas de elementos farmacológicos que potencian, estiran y ayudan a la elaboración de estupefacientes, como la efedrina. Aspecto con ligaduras directas a jefes de cárteles de la droga mexicanos, colombianos y de otras latitudes

Pero también las reprochables actitudes vinieron de los riñones de la comunidad. Con comerciantes que les importaba muy poco vender en su momento (¿todavía lo hacen?) el clásico poxiran a esos niños pobres que utilizaban puñado de moneditas que obtenían de la mendicidad. Pequeños seres que al hambre y a la indigencia los aplacaban hundiendo en su rostro el olor mortal y embriagador del pegamento. Postura egoísta que se potencia con el accionar de organizadores de fiestas, confiterías y boliches, quienes abren las puertas a todo tipo de consumo. Muchos de ellos acondicionando esos lugares para que sea inevitable consumir. De ferreteros, supermercadistas y dueños de salones de diversión nocturna, vamos a los “visitadores” de las puertas de establecimientos educacionales. Ese “descarado dealer” que se multiplicó de mil formas en escuelas, fiestas, campos de deportes, villas, barrios cerrados, plazas o todo espacio físico. Y allí, la mayoría de los ciudadanos ven con “inconcebible incredulidad” la actividad que despliegan estos sujetos amparados por la pobreza de las villas y esa policía que sabe de su acción y que calla porque es parte del negocio. Actitud que muchas veces sorpresivamente cambia, cuando la comunidad ve aparatosos procedimientos, con decomiso de droga, armas, abultado dinero y detenciones de narco criminales en lugares donde se tenía certeza de la actividad mucho tiempo antes, sin que nadie actuara. Similar imagen cuando se detienen en rutas del país, camiones, colectivos de larga distancia o vehículos particulares. Cuestión que es sospechosamente mínima ante el imponente escenario donde se desenvuelve el narcotráfico y que solo demuestra que dichos procedimientos es para calmar la angustia de conscientes ciudadanos y lapidarios informes como los lanzados con valentía y compromiso por ONGs y la Iglesia Católica Argentina.

La República Argentina y el vivir de su gente están siendo manejados desde diferentes escenarios por el narcotráfico. Todo está dantescamente sincronizado y a pedir de boca de la delincuencia y los inescrupulosos que sacan abultados montos de esta mortal actividad. Mirar solo lo que ha ocurrido en una “fiesta electrónica” es errático y deja entrever la chatura del análisis y las definitivas acciones y actitudes que el país debe tener ente este hecho. Si por el contrario, lo sucedido en la promocionada fiesta electrónica nos indica con contundencia que esto “no va más”, que la nación en su conjunto (gobierno, instituciones y ciudadanos) toman sinceros y determinantes caminos para perseguir hasta las últimas consecuencias al narcotráfico y esa compleja red de complicidad. Donde se erradique la droga y sus mugrientos comerciantes, como así quienes los protegen. Todos arrestados, juzgados y encarcelados. Estaremos ante titánica empresa que nos mostrará un país maduro, sensato ante ese paso de limpiar y desmarañar, lo que por nuestros errores creció, se adueñó de todo lo que se le antojó y dominó con saña vida y muerte de nuestro legado de vida, ¡nuestros hijos!.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

Dejá tu opinión

comentarios