crisMauri

agosto 22, 2016 5:09 pm

Es grave para el ciudadano de estos tiempos estar entre dos acciones que no contienen las soluciones que necesita el habitante para un merecido vivir.

Porque están los que dejaron a una nación dividida con preocupante saña desde el punto de vista ideológico, social, empresarial, cultural y hasta educativo. Como si todo eso estuviera sobre los objetivos en común de un país entero. Es más, como si ese pensamiento que impregnó a esos sectores fuera el único y con esa sectaria visión hoy se proponen destruir todo lo que no comulgue con ellos.

También está frente a ese ciudadano el otro modo de hacer política que en importante porcentaje fue votado para que a partir del 10 de diciembre del 2015 administre la nación. Un gobierno que para nada muestra actitudes proclives hacia esas antinomias que mucho daño le están haciendo a las estructuras institucionales de Argentina. Un gobierno cuyo accionar está en la rigurosa lupa de la gente que con lógica impaciencia espera se arreglen aquellos puntos que sobresalen desde  la falta de inversiones, de fuentes de trabajo y de un costo de vida que se torna insostenible al compas de una despiadada inflación.

Es cierto que las primeras medidas tomadas por la administración de Mauricio Macri descomprimieron insostenibles situaciones en la producción dentro de las economías regionales, en la cuestión cambiaria y en el marco de exportaciones e importaciones. Algo que ha producido que la macroeconomía se ponga de parabienes como no sucedía desde hace mucho tiempo. Los altos índices de muy buenas operaciones de importantes volúmenes demuestran los primeros éxitos a principios de la gestión Macri. Todo lo contrario de lo que, puertas adentro, sucede en territorio argentino donde las pymes todavía esperan que el derrame de medidas lleguen también a ellas. Muchas de las cuales han comenzado a cerrar puertas y producido el “no querido” despido de personal. Trabajo que se resiente en otros sectores, como el de la construcción y los polos industriales. Estos últimos siguen mostrando índices de caída en la producción como delata la UIA (Unión Industrial Argentina). Aspectos que dejan al descubierto más desocupación y como incidencia directa en el crecimiento de la pobreza y de la indigencia, como lo explicaba el informe reciente del observatorio de la deuda social argentina de la UCA. Complica el panorama aún más esa inflación y los costos a donde se pretendió llevar el cuadro tarifario energético.

Ahora bien y volviendo al análisis medular de lo que tiene el ciudadano en estos turbulentos tiempos. ¿Debería permitírsele al gobierno que concluya su gestión y que alcance los objetivos de estado que el mismo se ha propuesto? Contundentemente ¡SI! Esto debería estar fuera de toda discusión, porque NO debería ser alternativa de pensamiento nacional bajo ninguna circunstancia. Es inadmisible que esto se esté intentando hacer posesionar entre esa gente que hoy no está pasando un buen momento junto a sus familias. Reprochable acción que con pestilente postura antidemocrática sobre viene de sectores reaccionarios que no saben de respeto institucional, constitucional y mucho menos de esos derechos ciudadanos preservados en una constitución, que también pretenden descaradamente birlar.

La inflación, la pobreza, la desocupación y la desinversión son duros aspectos que vienen desde “hace mucho tiempo”. Que fueron abrevados por encaprichadas políticas por quienes gobernaron el país en la última década. Tapados descaradamente con acciones sociales que tuvieron fines no menos oscuros: “aplacar un creciente descontento popular, captar adeptos, instruir cuadros no pensantes con el solo fin de servir al patrón político y que las clases bajas crean en ese estado protector de dádivas y no creador de conciencia educativa, productiva, laboriosa y de superación”.

Hoy el ciudadano argentino está entre esas dos acciones. Donde la consciencia generalizada debería tener en cuenta otro aspecto que no es menor. Los que administraron para enriquecerse con los dineros aportados con el laborioso sacrificio de todo un país. Y los que gobiernan con la honorabilidad que merece la tierra golpeada de los argentinos.

Pero también ese ciudadano vine escuchando arengas fundamentalistas que le dicen en forma directa y sin eufemismos que hay que salir a la calle para atentar contra un gobierno, que es lo mismo que producir un golpe cívico a ese estado democrático que tanto nos ha costado a los argentinos construir. Y escuchando también ese discurso desde el gobierno por la paz, la concordancia y el respeto a las instituciones de la nación. Aún cuando ese gobierno tiene una fuerte deuda en el cúmulo de problemas que aquejan a la gente  y que necesita urgente tratamiento a las soluciones apuntadas.

Está en la consciencia de ese argentino saber diferenciar las dos voces que llegan a su alma ciudadana y en consecuencia actuar. Tarea complicada cuando uno mira en difícil momento que conlleva el día a día de las familias argentinas. Donde quedará al descubierto hasta qué punto maduró el pueblo de la nación en su conocimiento y compromiso con el sistema institucional elegido. Es decir su democracia. Único camino que deberíamos tomar todos para salir con sabiduría de la senda diaria y definirnos de estar con los que quieren o con los que destruyen.

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