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septiembre 14, 2016 12:17 pm

Zulema Olivares nació en Chimbas, San Juan, pero vive en Mendoza desde los 15 años. A estas tierras llegó con sus padres y sus tres hermanos más chicos, en busca de un futuro mejor. Aquí trabaja desde pequeña y aún con sus problemas de salud, no deja de hacerlo.

La charla con El Ciudadano se desarrolló en la unión vecinal ubicada frente a la casa de Zulema, donde además de realizar actividades como apoyo escolar, se exhiben los trofeos que los chicos de la Asociación de Fútbol Infantil han ganado con mucho esfuerzo en los últimos años.

Al lado de la mujer está Raúl Muñoz, su compañero de vida desde hace más de 30 años, esposo y padre de sus hijos con quienes han pasado todo tipo de situaciones, pero siempre juntos.

La insignia de la familia es la unión. “Somos muy unidos. Cuando tenemos alguna diferencia nos sentamos y lo charlamos y siempre que uno de nosotros necesita algo, estamos todos”, expresa Zulema, y esos valores que sembraron puertas adentro de su casa pueden verse reflejados en las actividades que llevan adelante, donde todos suman de alguna manera tiempo, esfuerzo y dedicación.

Festejo infantil, una marca registrada

A Zulema la conocimos por ser el motor de los festejos multitudinarios del Día del Niño, en la zona de La Favorita, pero como siempre en estos casos hay un punto de partida. En su caso, su inicio se remonta a muchos años atrás, cuando sus hijos eran pequeños y un día le plantearon que “algunos compañeritos de la escuela y amigos del barrio no habían recibido ningún regalo para el Día del Niño”. Sus hijos tampoco habían tenido regalos, aunque lejos de preocuparse por la situación, y sin un peso en el bolsillo, se propuso armar un mini festejo. “Todo empezó como algo muy humilde… Yo lo imaginaba como un cumpleaños, una fiestita en el comedor de mi casa”, dice, y recuerda que hizo un bizcochuelo, salió a pedirles colaboración a los vecinos, incluida la vecina que le vende al fiado y, de esta manera, un grupo de 20 chicos tuvo su Día del Niño.

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El tema fue que al año siguiente, como los mismos niños le preguntaron si iba a hacer el festejo, repitió la hazaña. Claro que ya no eran 20, sino casi 50 pibes. Y así, año tras año, Zulema y Raúl, con la colaboración de amigos y vecinos, continuaron organizando los festejos para los chicos y hasta lograron que cada uno tuviese su regalo.

Para cumplir su cometido, tras ser despedida en ATSA y fuera de su horario de trabajo en casas de familias, comenzó a intercambiar su tarea de limpiar, planchar o cuidar a enfermos por colaboraciones para poder organizar la fiesta de los chicos. “A mí no me costaba hacer eso a cambio de cosas para los niños”, asegura.

Claro que en esto tampoco estaba sola porque siempre contó con su familia. Y es Raúl, su esposo, quien trae a la memoria la cantidad de patios que baldearon o veredas que limpiaron a cambio de juguetes, ropa o calzado para los chicos. Hace un par de semanas, el barrio La Favorita tuvo nuevamente su fiesta, en la que participaron más de mil chicos. “Hay gente a quien no hace falta que le muestres fotos ni que le hagas nada en su casa a cambio de colaboración, pero hay otros que sí… No somos todos iguales”, reflexiona Zulema.

Fútbol para todos

Como una forma de contener, educar y entretener a los chicos de La Favorita, Zulema, Raúl y sus hijos comenzaron con la Asociación de Fútbol Infantil (AFI). “Arrancamos en el 2014, los niños estaban de vacaciones y ya habíamos hecho una experiencia de ‘partiditos’ de fútbol después del Día del Niño y les había quedado gustando a los chicos.

Después lo repetimos y mis hijos Pablo y Cristian se fueron a la plaza a organizar un partido y se juntaron un montón de chicos. Al día siguiente volvieron y se reunían cada vez más”, explica la pareja casi a dúo, como todo lo que hacen en la vida.

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Así empezaron, primero algunos partidos en la calle, después con chicos de otro lugar, y un ‘mundialito’ en el que participaron con muy buenos resultados fue la señal que necesitaban para el paso siguiente: armar la Asociación y entrar en la Liga de Fútbol Infantil. Así, desde su propia humildad empezaron a trabajar.

Oportunidades vs. necesidades

Actualmente no tienen cancha propia, por lo que cuando les toca ser locales usan la de la escuela Eva Perón. Entrenan en un terreno contiguo a la plaza del barrio Nueva Generación, el mismo terreno baldío que con la ayuda de los padres de los chicos y la Municipalidad de Mendoza lograron desmalezar, aunque no tiene cierre ni luces y mucho menos césped.

Zulema insiste con el cierre perimetral, no sólo como una forma de evitar mordeduras de perros o accidentes de tránsito –dada la cercanía de la canchita a la calle–, sino porque ya les sucedió que en un entrenamiento los chicos quedaron en medio de un tiroteo, donde cualquiera de ellos podría haber salido lastimado. “Los que se estaban tiroteando, en vez de alejarse de los niños se metieron entre ellos”, recuerda.

Zulema y Raúl han experimentado en carne propia que todo cuesta mucho esfuerzo y hacen todo lo que pueden para que los chicos no dejen de entrenar y puedan jugar.

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“Todo tiene un costo y, a veces, es muy difícil cubrir todos los gastos”, dice Raúl, quien se emociona hasta las lágrimas cuando habla de ‘sus’ chicos. Él está a la cabeza de los entrenamientos, además repara las pelotas de fútbol todas las veces que sea necesario, se encarga de lavar las camisetas después de cada partido y de mantener en buen estado los poquísimos elementos con los que cuentan para entrenar. Jugar de local tiene un costo y hacerlo de visitante también, por lo que hacen de todo para que los más de cien chicos, de entre 5 y 12 años, que conforman la Asociación de Fútbol Infantil de La Favorita no pierdan la posibilidad de jugar y competir.

Solidaridad que emociona

La AFI La Favorita no tiene cancha propia ni un espacio para entrenar y cuando hay fecha de por medio y les toca ser locales, usan la cancha que les prestan en la escuela Eva Perón; aprovechan para vender algo de comida y con eso solventar los gastos, no sólo cuando son locales, sino también cuando juegan de visitantes, donde necesitan un colectivo para trasladar a todas las divisiones.

Esos mismos ingresos son los que también transforman en comida y merienda de los niños y en la compra de pelotas, camisetas o conos para entrenar. Claro que el dinero no alcanza para todo y muchas veces hacen maravillas con lo poco que tienen.

Un niño que está entrenando no está en la calle ni en la droga, mucho menos delinquiendo. Es tan fácil entenderlo como leerlo, o escucharlo en su propia voz. Así sucedió con los oyentes de Estudio Cooperativa 91.7, diez días atrás, cuando después de escuchar el relato de estos dos promotores sociales se comunicaron con ellos para sumar su ayuda. Lo hicieron porque entienden que el deporte social integra y da oportunidades. ¿O acaso no hemos conocido decenas de historias de grandes deportistas que salieron de la pobreza y la marginalidad gracias al deporte?

Uno entiende todo cuando escucha a Zulema y a Raúl decir: “Nosotros les enseñamos el valor del respeto hacia sus compañeros y los chicos de otros equipos, y principalmente les exigimos que vayan a la escuela para después venir a entrenar”.
Todo un ejemplo digno de imitar y apoyar…

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