BEBE CARATULASSSSSSSSSSSSSSS

agosto 8, 2016 10:04 am

Tendemos a pensar en los bebés como seres desvalidos sobre los que prácticamente todo está dicho, pero es más que seguro que estas 9 curiosidades científicas que los tienen como protagonistas van a sorprender a más de uno.

1. No pueden saborear la sal

Pese a que los bebés nacen con un sentido del gusto bastante desarrollado, no son capaces de distinguir el sabor salado hasta que tienen aproximadamente cuatro meses. El resto de los sabores, por lo visto, los diferencian igual de bien que los adultos, especialmente el dulce y el amargo. En cuanto a los sabores ácidos, los bebés también están preparados para “sufrirlos”, lo cual explica lo populares que son los vídeos de bebés chupando limón. Curiosamente, algunos estudios indican que los bebés cuentan con más papilas gustativas que los adultos, así que en realidad podrían distinguir los sabores mejor que nosotros.

2. No son capaces de producir lágrimas

Es típico: un bebé llora tan fuerte que logra despertar a todo el barrio, pero de sus ojos no brotaba ni una lágrima. La razón es que los conductos lacrimales no son completamente funcionales hasta que el bebé tiene entre 3 y 12 meses. Afortunadamente sus ojos se irrigan de forma natural gracias a las lágrimas basales, que son las que se producen (al margen de las emociones) de forma constante para mantenerlos húmedos.

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3. No poseen rótulas

Si observamos sus rodillas con rayos-X veríamos que no hay nada (o como mucho unos puntos diminutos) en el lugar en que deberían estar sus rótulas. La razón es que todos los huesos comienzan siendo cartílago, y a medida que pasa el tiempo se endurecen, o lo que es lo mismo, se osifican. Las rótulas en especial, necesitan un tiempo largo para formarse, lo cual sucede entre los tres y los cinco años. Como los cartílagos no aparecen en los aparatos de rayos X, los bebés parecen carecer de rótulas, lo cual es beneficioso, ya que este tejido esponjoso ayuda a absorber los impactos de las caídas que – invariablemente – sufren todos los niños mientras aprenden a caminar.

4. Tienen más huesos que los adultos

En efecto, un bebé tiene muchos más huesos que un adulto: aproximadamente 300 contra nuestros 206. La razón está relacionada con el punto anterior, y es que algunos de los huesos de los bebés acaban por fusionarse formando uno solo, a medida que crecen y estos van osificándose. El ejemplo más claro lo tenemos en el cráneo, que comienza siendo una amalgama de huesos separados (lo cual facilita el parto) que con el paso de aproximadamente dos años, terminan por unirse formando una única estructura ósea.

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5. ¡¡¡Menstrúan!!!

Es sorprendente, pero cuando aún se encuentran en el útero materno, los bebés están expuestos a niveles altos de estrógenos, la hormona femenina. Por ello, cuando un bebé nace y se “desconecta” de su madre, estos niveles de estrógenos descienden rápidamente, lo que hace que en algunas niñas pueda aparecer una pseudo menstruación que recuerda a la que experimentan las mujeres adolescentes y adultas. De hecho, una caída aguda de los estrógenos y otras hormonas relacionadas es lo que dispara la menstruación en las mujeres desarrolladas sexualmente. Este hecho suele alarmar a las madres cuando observan la hemorragia en los pañales de sus bebés durante la primera semana tras el parto, pero de hecho es muy común y se cree que afecta a un 25% de las niñas neonatas.

6. Son capaces de lactar

De nuevo relacionado con el punto anterior. La misma caída en los niveles hormonales que provoca la pseudo menstruación puede a su vez provocar una galactorrea (proceso benigno frecuente que consiste en la secreción láctea de la glándula mamaria fuera del período de lactancia). A diferencia del punto anterior, este hecho puede afectar tanto a bebés masculinos como femeninos. Este fenómeno, que hace brotar leche de los pezones de los bebés, no es para nada peligroso ni está fuera de lo común, ya que de hecho afecta a un 5% de todos los neonatos. En la Europa del medioevo se solía llamar a la lactancia producida por un bebé “leche de bruja” y se le atribuían poderes mágicos.

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7. Orinan en el útero

Aunque te cause el peor de los ascos, los bebés comienzan a orinar en el útero pocos meses después de la concepción. ¿A donde va a parar ese pis? Se lo beben, o para ser más precisos, se mezcla con al fluido amniótico en el que flotan. Para el tercer trimestre de su desarrollo fetal, un feto puede llegar a tragar alrededor de un litro de líquido amniótico cada día. Como el bebé no necesita hidratarse o alimentarse, gracias al regalo que le llega a través del cordón umbilical, los científicos creen que este hecho sirve para que nonato ejercite su sistema digestivo.

8. Recuerdan los sabores

Igual que en el punto 1, los recién nacidos no pueden degustar la sal, pero sí otros sabores. Se enfrentan a algunos de ellos ya en el útero materno, a partir del quinto mes de gestación. Se cree que el sabor del fluído amniótico se ve afectado por los alimentos ingeridos por la madre, lo cual a su vez afecta a las preferencias por los sabores que el bebé mostrará tras el nacimiento. De modo que si a dia de hoy a ti te encanta el ajo, esto puede deberse a que a tu madre le pirraba el alioli cuando estaba embarazada de ti. ¿Curioso verdad?

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9. Nacen cubiertos de pelo.

A medida que se desarrollan en el útero, todo el cuerpo del bebé se cubre de una fina capa de vello llamado lanugo. Los expertos en desarrollo fetal creen que este pelo ayuda a los bebés a regular su temperatura corporal mientras se encuentran en el útero. Así que si un bebé nace con aspecto de hombre-lobo, no hay que preocuparse, es perfectamente normal. Ese vello se irá cayendo a lo largo de las primeras semanas de vida tras el parto. Si tu bebé ha nacido sin él es porque ya se le ha caído en la fase final de la gestación, por lo que ya se lo habrán comido (recordar el punto siete).

 

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