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julio 7, 2016 9:00 pm

Boca sufrió la primera derrota en la Copa Libertadores, luego de sumar cinco victorias y cinco empates, en la altura, sí, pero contra un rival de vuelo bajo.

El equipo xeneize cayó por 2 a 1 contra Independiente del Valle, el mismo adversario que eliminó a River. Ahora, buscará la finalísima el próximo jueves, en la Bombonera, etapa en la que se perfila Atlético Nacional, que anteanoche venció como visitante por 2-0 a San Pablo, dirigido por Edgardo Bauza. El elenco argentino tuvo errores groseros en la última línea y, además, no tuvo puntería. Con el transcurso del desarrollo, sufrió el desgaste físico.

Durante los primeros 15 minutos, Boca expuso su mejor versión. No se trató sólo de una idea futbolera, sino que el concepto tuvo una relación directa con el clima. Bella y pintoresca ciudad, Quito se encuentra a 2850 metros sobre el nivel del mar, una dificultad que suelen pagar caro los equipos argentinos. La actitud de Boca, en ese primer tramo, fue interesante. Tuvo el balón, expuso el protagonismo y capturó la única ocasión seria durante el primer tiempo, un gol con clase de Pablo Pérez, luego de asociarse con éxito con Zuqui. Tras ese lapso, con la creatividad y el compromiso táctico de los volantes, aunque sin presencia ofensiva, trató de sostenerse, aunque Independiente del Valle lo acorraló más de una vez.

En el cierre del primer capítulo, se dio una situación insólita: un remate lejano de Pérez fue contenido por Azcona, pero de modo torpe, el arquero retrocedió unos centímetros y pareció que el balón pasó la línea del arco. Era el segundo tanto xeneize, una situación ignorada por el árbitro colombiano Roldán.

Cabezas marcó el 1-1, cuando parecía que el resultado no se iba a modificar. Allí, como si fuera magia, cambió todo. Al menos, en el desarrollo.

Porque Independiente creyó en la victoria y porque Boca le escapó a la modorra, con un avance peligroso de Tevez en el medio de la nada. La pelota volaba, de aquí para allá: por momentos, el medio campo era una zona de tránsito. En el ida y vuelta, el elenco local, que conoce más y mejor el contexto y el escenario, encontró la diferencia, con un golazo de Angulo, que capturó el balón y, con una media vuelta ideal, transformó el resultado y el escenario.

Con poco, con lo que le quedaba -en el físico y en el espíritu-, Boca ensayó una reacción tímida, sin fortaleza. Ahora, debe esperar. Serenarse. En la Bombonera, confía, la historia será diferente.

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