futbol

junio 26, 2014 5:45 pm

La globalización significó un conjunto de transformaciones en el orden político, económico, social, tecnológico y, por supuesto, cultural. Dentro de ello el fútbol no escapó a esta nueva idea de aldea global. El Mundial de Brasil nos está entregando muestras sobradas de este nuevo paradigma.

Las potencias o candidatos de siempre ya no lo son, o por lo menos no tanto, y las selecciones denominadas –por algunos– “clase B” evolucionaron, emparejándose con las de historia más rica e inclusive superándolas. Hasta en algunos casos eliminándolas de la máxima cita del fútbol mundial.

Costa Rica llegó al Mundial para ser el hazme reír del denominado “Grupo de la Muerte”, clasificado así por supuestos especialistas de la especulación. Uruguay, Italia e Inglaterra debían dirimir quién ocuparía primero y segundo lugar del grupo D y por cuántos goles superarían a la selección “Tica”.

Lo cierto es que el combinado de Centroamérica dejó afuera a la poderosa Inglaterra de Rooney y Steven Gerard y al cuatro veces campeón del mundo, Italia, liderado por Andrea Pirlo.

Ejemplos hay de sobra, éste es el más emblemático. Otro por caso podría ser el de España: el último campeón del mundo quedó eliminado tras dos presentaciones. Chile lo mandó a casa.

Por eso, trascurrido el primer paso de esta Copa del Mundo, podemos observar claramente cómo las tres principales ligas del Mundo –el Calcio Italiano, la Premier League de Inglaterra y la liga de España– plagadas de extranjeros, pagan el precio de inundar sus ligas con materia prima de países económicamente más débiles, con contratos siderales.

Pero todo tiene un precio. Sus propios jugadores quedan relegados a manos de extranjeros, esos que mejoran en su continente para luego dejarlos fuera del Mundial. / Gabriel Landart

 

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