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septiembre 21, 2016 12:02 pm

El gobierno estaba urgido de buenas noticias. Entre tarifazos, inflación y despidos el clima social se estaba enrareciendo rápidamente, y las mediciones estaban empezando a mostrar un termómetro preocupante del humor ciudadano.

El último índice inflacionario, difundido hace escasos días, y los resultados del llamado Mini Davos, marcaron un alivio y, tal vez, la primera señal de una economía que tiende a encarrilarse. Además, en ocasión del foro, volvieron a la luz datos que –más allá de que algunos los interpreten de alguna manera y otros de otra- vale la pena observar para tener real dimensión de quienes somos.

Desde el sitio oficial del encuentro se informó que de acuerdo al Producto Bruto Interno (PBI), la Argentina es la “tercera economía más grande en la región” y que el país presenta el “segundo PBI más alto per cápita en términos de poder adquisitivo” de Latinoamérica. Según datos de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), con US$ 460 mil millones, el país presentó en 2015 el más alto luego de Brasil (US$ 2,3 billones) y México (US$ 1,2 billones). El FMI, que actualizó sus datos en octubre 2015, también muestra que el PBI per cápita en paridad de poder adquisitivo de la Argentina se sitúa segundo en América Latina, con una estimación de US$ 22.375, luego de Chile (US$ 23.564). En los indicadores sociales y de desarrollo, la web señala: “Puesto n° 1 en América Latina en el Índice de Desarrollo Humano, puesto n° 1 en Índice de Educación”. De acuerdo con los datos de la ONU, el país está por encima de todas las naciones de la región en el índice que mide tres dimensiones (salud, educación y nivel de vida) y 40º a nivel mundial.

En esos datos se basa el optimismo con que el gobierno convoca inversiones: hay know how, hay empleo calificado, y una sociedad integrada con respecto a algunos vecinos, aunque en rigor de verdad se ha retrocedido mucho en los últimos años.

Luego del encuentro el gobierno señaló que los resultados iniciales arrojan alrededor de 40 mil millones de dólares en inversiones comprometidas. Aquí vale detenerse en lo que señaló Dante Sica, uno de los economistas más notorios de la consultora Abeceb, quien remarcó que en los próximos años se requerirá que las inversiones alcancen el 19% del PBI, superando los US$ 131 mil millones anuales, para lograr un crecimiento sostenido. Para tener un parámetro, de 2008 a 2016, las inversiones promediaron US$ 82.700 millones anuales, lo que representó sólo el 16,4% del PBI.

Tomando la información de Sica entonces, se ha dado un paso, el primero, pero dista aún de ser una marcha consistente. A la vez, también da una idea de la profundidad del problema y del atraso que generó el aislamiento, las “morenomics” y el ciclo final del gobierno K.

Veamos algunos anuncios concretos, que sirven para sacar conclusiones: Uno de los mayores compromisos fue el de Siemens, y su presidente manifestó “apoyar los planes de modernización de la infraestructura de transporte ferroviario; redes Inteligentes y sistemas inteligentes de tráfico; la creación de hasta 3.000 puestos de trabajo directos y 7.000 indirectos; y financiamiento e inversión potencial de hasta u$s 5.600 millones”. Otra empresa que expandirá sus líneas de producción es Whirlpool, y su CEO, Ricardo Vilas Boas, afirmó que “Argentina está en un momento lindo de oportunidades”, tras poner en funcionamiento la primera producción de cocinas, que significa una inversión de u$s 20 millones para fabricar 100.000 unidades de dos líneas de última tecnología. Pan American Silver anunció una inversión de 1.000 millones de dólares “para el desarrollo de un megaproyecto” en la provincia de Chubut, según informó la Casa Rosada.

A su vez, el presidente ejecutivo de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional (AAICI), Juan Procaccini, estimó que la Argentina presenta oportunidades de inversión por más de u$s 175.000 millones, distribuidos de la siguiente manera: Energía y minería u$s 76.000 millones; Infraestructura u$s 75.000 millones; Agroindustria u$s 15.000 millones; Bienes industriales u$s 5.000 millones y Servicios y tecnologías u$s 7.000 millones.

Está claro que en estos desafíos se juega el futuro de la Argentina, o al menos su desarrollo en lo que queda de esta década, pero en el análisis bien vale una mirada provinciana, para saber en qué áreas Mendoza se presenta como tierra de promisión. Las perspectivas son alentadoras, porque la vedette parece ser la producción de energías limpias y renovables, terreno en que nuestro sol y nuestros vientos pueden ser grandes protagonistas. Máxime si se tiene en cuenta que una de las desarrolladoras eólicas más importantes del mundo tiene su casa matriz aquí.

En cuanto a infraestructura, el déficit es notable: desde carreteras y vías férreas, hasta pasos internacionales, aquí urgen inversiones. La principal vía al pacífico colapsa por cuestiones tan nimias como el clima o cortes de luz, situación inexplicable a esta altura, y se espera que alguna de las promesas en danza se haga realidad.

Quedará a debate –situación que excede largamente estas líneas- qué hacer con la minería: entre el desastre de la Barrick, la frustración de Vale, la tenaz defensa del agua (sin la cual todo el oasis corre peligro) y las ruinosas condiciones que imponen los modelos de explotación que datan de los ’90 y tendrán vigencia hasta 2030, hay mucho que discutir y resolver.

Pero está claro, hay mucho por hacer, y los pasos dados parecen traer buenos vientos a nuestras tierras. Ojalá no sea otra oportunidad perdida.

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