Albino

noviembre 1, 2014 8:44 am

Estoy observando ese otro costado de la vida de nuestra gente al que no se analiza, mucho menos se habla. Y lo miro porque el reiterado pedido del Banco de Alimentos Mendoza no cesa. Cajas y cajas de leche esencialmente, son el intercambio permanente por una entrada en masivos eventos artísticos o sociales. Es que la demanda es proporcional al crecimiento de merenderos, comedores comunitarios o sencillas uniones vecinales con el crecimiento de humildes comensales que llegan al último lugar que les queda para mitigar el hambre.

Allí llegan a diario ancianos, mujeres, jóvenes y niños. Estos últimos conforman ese sobresaliente crecimiento demográfico, más no su crecimiento físico e intelectual. Es donde con preocupación uno cae en la cuenta que gran parte del futuro de Mendoza está gravemente comprometido.

Alguna vez me dijo el médico Abel Albino que “la principal riqueza de un país es su capital humano. Si ese capital humano está dañado el país no tiene futuro”. El titular de la fundación CONIN sabe de qué está hablando, porque desde hace mucho tiempo viene peleándole a la desnutrición infantil. Está convencido que la vida, proyección, crecimiento y desarrollo pleno de todo ser, debe cimentarse desde la niñez con adecuada alimentación y óptimas condiciones de vida. Él propone en cada acción que realiza que hay que mejorar la vida de la gente que aquí vive.

El contundente ejemplo que deja el doctor Albino golpea conciencias en la clase política que tiene “todo” a su alcance para enriquecer la puesta en valor de cada ser humano que habita nuestro suelo. Una conciencia que se disfraza en tiempos electorales con interesados abrazos que solo busca ese apetecible sufragio. Mientras tanto la pobreza aumenta de la mano de las inequidades y del hambre. Un hambre que duele y aumenta sin miramientos. Traducido sin vueltas en la desnutrición que asola a nuestros niños limitando el futuro de Argentina. Desnutrición que genera debilidad mental y que para CONIN es la “única debilidad mental que se puede prevenir, la única que se puede revertir y la única que es creada por el hombre. Por lo tanto el hombre no solo puede, sino que debe quebrarla”.

Por eso, en estas reflexiones traigo esos diálogos periodísticos que he mantenido sobre este espinoso tema con el doctor Abel Albino. Sobre todo cuando uno intenta interpretar porqué una organización como CONIN se ha comprometido con la desnutrición infantil de los niños argentinos y si esto se ha transformado en un aporte de conciencia nacional. A propósito, recuerdo que el médico me expresó alguna vez que: “yo creo que sí, que se está tomando conciencia. Cuando comenzamos a trabajar sobre este tema nos trataron hasta de tarados (sic) y después suponían que andábamos buscando algo. Con los años se dan cuenta que no andamos buscando nada para nosotros. Nosotros tenemos el problema solucionado, pudimos estudiar en la primaria y pudimos ir a la universidad, no tenemos ningún problema, de ningún tipo”, subrayó Albino. Quien más adelante se preguntaba a si mismo lo que inmediatamente se respondía con fuerte reflexión: “ ¿qué es lo que necesito yo?, ¿qué es lo busco yo? Quiero una gran nación. Quiero un país grande, rico, poderoso, donde vivamos cien veces mejor. Donde se iguale para arriba, no hacia abajo. Donde todo el mundo tenga la secundaria completa”.

Abel Albino acompañaba su radiografía de nuestras condiciones de vida con legados históricos: “Juan Bautista Alberdi nos advertía hacen 150 años que había que combatir la pobreza y la ignorancia. Porque la pobreza se vende y la ignorancia se equivoca”. A lo que el médico inmediatamente reprochaba con una expresión muy nuestra: “¡Pero cheee!, no leemos a nuestros próceres, no leemos nada, no sabemos nada, no entendemos nada, no buscamos nada, no solucionamos nada. Insisto, la principal riqueza de un país es su capital humano y si ese capital humano está dañado el país no tiene futuro. Esto es muy serio, tenemos que abordar con  seriedad enorme y con responsabilidad enorme este tema que es crucial”, remarcaba el médico.

Sin lugar a dudas el doctor Albino sabe y entiende la extrema gravedad que implica tener una población mal alimentada y en deplorables condiciones de vida. Quizá él, sus profesionales y quienes integran organizaciones como El Banco de Alimentos, más allá de sus análisis “hagan algo”, que considero que es vital por las condiciones nutricionales de un grueso de nuestra comunidad en permanente situación de vulnerabilidad. Ese “algo” que debería llamar a la absoluta consciencia de una comunidad política hoy entretenida en las internas partidarias y en los números que muestran sus posicionamientos electorales.

Por eso y volviendo a las respuestas que alguna vez me dio el doctor Albino echo mano nuevamente a ellas como para darnos cuenta hasta donde fuimos capaces de irnos, más no sabemos cómo volver. Decía la cabeza de CONIN: “Cuando usted tiene un país con un 40 % de su población debajo de la línea de la pobreza las posibilidades de crecimiento son ínfimas. Distinto es cuando usted tiene un país culto, cuando tiene una nación con todo el mundo escolarizado y cuando tiene un país con todos sus habitantes con el secundario completo. Finlandia es uno de los principales países del mundo y tiene 90 años. Nosotros tenemos 200 años de vida y seguimos diciendo que somos adolescentes, ¡esto es una falta de responsabilidad!” 

“Si usted quiere una gran nación tiene que priorizar algunas cosas: preservar el cerebro dentro del año de vida de un niño. Se lo dice un hombre que lleva 43 años de médico y 25 años haciendo pobreza. El primer año de vida es la etapa del cableado neurológico, de la primavera del sistema nervioso central. Después, como segundo paso es educar ese cerebro. La educación es una semilla maravillosa, pero toda semilla para fructificar necesita sustrato y un lugar donde se la siembre. El lugar donde se siembra la educación “es un cerebro intacto”. Si no tengo cerebros intactos no tengo que cosa educar. En cambio, si tengo cerebros intactos y luego los educo; si simultáneamente pongo cloacas, agua corriente y luz eléctrica en cada casa argentina, tengo una potencia en 30 años. Pero, para eso hay que dejar de pensar en las próximas elecciones y empezar a pensar en las próximas generaciones”, concluyó alguna vez apesadumbrado Albino. 

Las respuestas a sus expresiones y a nuestras preocupaciones la dan la profundización de la deserción de niños del sistema escolar, que no es más porque hay un solo hilo conductor que los mantiene allí: “El empobrecido servicio nutricional o la copa de leche que contienen algunas escuelas, más por sacrificio de directivos y docentes, que por asistencia del Estado”. Las otras respuestas las encontramos en esos adolescentes que desde su nacimiento comenzaron a sentir las letales embestidas de la desnutrición: “Ellos acusan un coeficiente intelectual que no les permitirá interpretar y estudiar lo que el nivel secundario les enseña. Cuestión clara que de allí jamás egresarán y mucho menos podrán aspirar a niveles terciarios o universitarios”.

Entonces, nos damos cuenta que el letal cometido de la desnutrición se ha cumplido. Lamentable y duro para ese legado de vida que dejamos en la endeble Argentina del futuro. 

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

 

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