trump

noviembre 25, 2016 10:01 am

El gran filósofo que fue Carl Gustav Jung, en su libro “La Sincronicidad como principio de conexiones acausales”, sostuvo a mediados del siglo XX que existe una natural sincronización entre las dimensiones del tiempo y el espacio.

Con ello no solo introducía un concepto novedoso, sino uno que desafiaba las nociones de azar, probabilidades y de causalidad.

Jung, en su juventud, se había interesado por ciertas coincidencias históricas. Llegó, incluso, a discutirlas con el genio de la Física, Albert Einstein, antes del estallido la Primera Guerra Mundial. Por ejemplo, mencionó entre ellas que fue un 9 de noviembre de 1799 cuando Napoleón se convirtió en Cónsul del país que diez años antes había sufrido la revolución llamada francesa, tras un golpe de estado conocido como el del 18 de Brumario. Luego, cinco años más tarde se entronizó como el Emperador de quienes 15 años antes lo habían colocado a cargo de la República.
Mucho más recientemente, fue otro 9 de noviembre cuando Donald Trump fue electo presidente en la elección más famosa que se recuerde en su poderoso país. También, en esa fecha, pero de 1989, fue que cayó el Muro de Berlín.

Otro sincronismo, esta vez de tipo geográfico, es que Napoleón, al igual que posteriormente Hitler, cometió el error de invadir Rusia. Uno en el que esperemos que Trump no incurra. A su vez, los dos primeros estuvieron unidos por varios acontecimientos separados por exactamente 129 años, como sus respectivos ingresos en Viena y en Moscú, a la par de las fechas de sus respectivas toma y pérdida del poder.

Localmente, podríamos traer a colación el carácter nefasto que el mes de diciembre ha tenido para los argentinos. Durante el mismo no solo cayó la presidencia de Fernando de la Rúa, en el 2001, ya que, además, tuvieron lugar las dos sublevaciones militares del coronel Mohamed Seineldin, ambas ocurridas en la primera semana de ese mes, una en 1988 y la otra en 1990. A lo que habría que sumar la luctuosa huelga policial del 2013, que dejó más de una veintena de muertos.

Los que no parecen estar para nada sincronizados con la realidad son los medios periodísticos, los que cuando más grandes son, peor les parece ir. Ya son históricas sus pifiadas respecto del Brexit, del No colombiano y los de la campaña presidencial en los EE.UU.

Grandes diarios como el Washington Post y el New York Time, así como los locales Clarín y La Nación, y también las grandes cadenas de noticias como la CNN y hasta la derechista FOX, han hecho sonoros papelones sobre estos temas, que ya son memorables.

En este sentido, parecería ser que el buen periodismo y los buenos análisis se han refugiado en algunos pocos medios artesanales que la Internet permite, como los blogs. No en vano, nuestro humilde Centro de Estudios Estratégicos Santa Romana anticipó y predijo correctamente a todos estos eventos.

Pero aún más llamativo es que esa nube informativa conocida con el genérico de redes y que incluyen a colectivos como Facebook y Twitter, también hayan acertado.

Al respecto, tiempo atrás, la directora del diario británico The Guardian culpaba a los programas matemáticos que usa el buscador de Internet Google como el responsable de este problema. Al parecer, Google nos muestra lo que nosotros queremos ver, vale decir, opiniones coincidentes con la nuestra, cuando buscamos algo en la red de redes.

Para otros no se trataría de un fenómeno matemático, sino de la viveza de algunos pocos. Al respecto, los grandes medios han encontrado en Mark Zuckerberg, el dueño de Facebook, a su cabeza de turco. Lo acusan de haber inventado noticias falsas a favor de Trump y de haberlas diseminado en su billonaria red social.

El sitio Infobae, uno de los gigantes locales golpeados por el fenómeno de la autointoxicación, trae en apoyo de esta tesis al prestigioso semanario The New Yorker, que citando un trabajo de Cass Sunstein, profesor de derecho y ciencia política de la Universidad de Chicago, sostiene que “…la elección inesperada de Trump le debe tanto al extremismo de nichos como a la desinformación descontrolada. Facebook, la red social más ubicua, ha sido muy escudriñada y se la ha culpado”.

Nos preguntamos si esto será tan así o es que nos encontramos ante un caso clásico de intoxicación ideológica. Al respecto, sostienen los expertos en propaganda que no hay nada peor que creerse la producida por uno mismo.

Nosotros, por nuestra parte, una vez más sostenemos que para salir de un laberinto no hay nada mejor que hacerlo por arriba. Para este caso en particular, apelamos al sabio principio de la Metapolítica que dice que “La verdad supera siempre a la idea.”

Conocer la verdad implica siempre una actitud de humildad, vale decir el dejarse afectar por ella y no por las ideas preconcebidas que uno pudiera tener.

Algo de lo cual muchos periodistas, políticos profesionales y analistas parecen tener de sobra.

El Doctor Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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