septiembre 5, 2014 8:53 am

De los doce países sudamericanos, cuatro terminarán este año definiendo su futuro político. El año electoral arrancó en Colombia, donde se impuso el oficialismo, y los colombianos le dieron otro mandato a Juan Manuel Santos Calderón, con casi el 51% de los votos. En octubre se juega la primera ronda de las presidenciales en Brasil (el 5), Bolivia (el 12) y Uruguay (el 26).

Certezas y dudas
La probabilidad de reelección de Evo Morales en Bolivia -según las encuestas-, es muy alta. El presidente, que va por un tercer mandato (2015-2020), goza de una oposición muy fragmentada, además de indicadores económicos y sociales favorables. Morales llegó al poder en 2006 con el 54% de los votos y convalidó su mandato en el 2010 con el 64%. El secreto de su éxito parece ser su realismo político y económico. El presidente boliviano, a pesar de tener un discurso de izquierda, ha demostrado poseer un gran sentido pragmático de las necesidades de su país a la hora de marcar el rumbo de la economía. Todo hace pensar que esta vez será reelecto también en primera vuelta.
Un dato no menor para entender estas certezas es el desarrollo de las economías de Colombia y Bolivia, que son las que más han crecido en los últimos tres años en la región. La duda es Uruguay. Todo hace pensar que habrá segunda vuelta entre el candidato oficialista Tabaré Vázquez, del Frente Amplio (FA) y Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional (PN). Una elección que estará claramente polarizada, dado que el tercero en carrera, Pedro Bordaberry, del Partido Colorado, registra apenas un 13% de intención de voto. El final abierto estará dado por la cantidad de votantes indecisos e independientes que, a último momento, podrían volcar la balanza hacia el candidato del PN. Lacalle Pou despierta expectativas de mejoras económicas en Uruguay.

Posible sorpresa

La novedad es Brasil, el vecino más importante de la región y muy significativo para nosotros. En este caso parece posible que un candidato sea capaz de irrumpir en muy poco tiempo y hacerse de una buena cantidad de votos, que le garanticen estar en la segunda vuelta con importantes chances. Aparentemente, en Brasil, hay un electorado expectante dispuesto a utilizar todo el tiempo que le permita el cronograma electoral para tomar una decisión definitiva.
Tras la inesperada muerte de Eduardo Campos, el 13 de agosto pasado, su compañera de fórmula del Partido Socialista Brasileño (PSB), la ecologista Marina Silva (ex Partido Verde – PV) de 56 años, ha alcanzado en las encuestas a Dilma Rousseff (PT). Silva ya había dado una sorpresa obteniendo el 20% de los votos en las pasadas elecciones presidenciales del 2010, cuando Rousseff fue elegida presidente.
Faltando apenas un mes para las elecciones, según las principales encuestadoras, Silva ha cosechado muchos votos de Aécio Neves, candidato del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), que hasta hace muy poco, estaba segundo en las encuestas y a quien estaría dejando con menos del 15%. Según dicen algunos analistas, su ventaja principal es su reconocida imagen de honestidad, que no ha sido alcanzada por denuncias de corrupción, a pesar de su activa vida política de los últimos años.
Y no sólo eso, Silva, a pesar de su origen ecologista y socialista, a muy poco tiempo de entrar en campaña, ha expuesto un impensado plan que algunos tildan de conservador y que, al parecer, muchos brasileños están pensando comprar sin escuchar las críticas de la prensa y de otros sectores políticos, sorprendidos y preocupados por su meteórico repunte en las encuestas.

Un cambio de conciencia política
A juzgar por las expectativas que producen estas elecciones, pareciera que estamos asistiendo en la región a un cambio en la conciencia política, no de los propios políticos, sino de los votantes. Es por la presencia de un nuevo electorado, compuesto de personas que, aunque se los califica como indecisos, en realidad deberían ser llamados independientes. Votantes que, a último momento, muestran preferencias por ideas renovadas –incluso contradictorias-, en lo político, económico y social. Fundamentalmente, atraídos por valores como la honestidad, la confianza, el diálogo y la coherencia.
Esta entusiasta y nueva manera de involucrarse puede estar anunciando el nacimiento de una nueva política, donde la participación popular activa, hasta el último día previo a las elecciones, haga que la sorpresa empiece a cambiar de mano. Que los sorprendidos sean ahora los políticos y no la gente, para que los candidatos no se compren ventajas sustantivas a meses y, a veces, a un año de las elecciones como en nuestro caso.
Tal vez, después de este octubre electoral en la región, nuestros políticos parroquiales se decidan a dejar de hablar de izquierdas, derechas y centros y empiecen a hacer política desde el realismo, que nada tiene que ver con el realismo mágico tan bueno en la literatura latinoamericana, pero que tan funesto ha sido a partir del relato que los gobiernos construyen para explicar y acomodar sus errores.
A sólo un mes de las elecciones primarias, un incierto pero saludable clima electoral se cierne sobre Brasil. Alguno lo podrá citar en el futuro como el fin de la polarización absoluta. Pero en realidad puede que sea el nacimiento de una nueva esperanza; una perspectiva sin izquierdas ni derechas, con posturas más pragmáticas que ideológicas, con menos relato y más política de verdad. En nuestro caso, a quien le caiga el sayo, que se lo ponga.

 

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana y autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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