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septiembre 12, 2016 9:26 pm

Siria vive un nuevo intento de alto el fuego aceptado por el Gobierno y la oposición. A las siete de la tarde, hora local, llegó el momento acordado por Rusia y Estados Unidos para detener las hostilidades de forma temporal en una jornada festiva para los musulmanes de todo el mundo, que celebraban el Eid Al Adha, o fiesta del sacrificio. Desde Moscú y Damasco, los ministerios de Defensa hicieron público el “cese de las hostilidades hasta el 18 de setiembre”, según el comunicado emitido por la Comandancia Suprema de las Fuerzas Armadas sirias en el que advirtió que se reserva “el derecho a responder con todo tipo de armas de fuego contra cualquier violación de grupos armados”.

Este último intento llega menguado por los fracasos de anteriores treguas, la enorme desconfianza entre las partes después de una guerra que vive su sexto año y ya llega al medio millón de muertos y las incógnitas que despierta la capacidad real de Estados Unidos de controlar a la atomizada oposición armada siria. La gran novedad del pacto es que, si se respeta durante al menos una semana, estadounidenses y rusos establecerán un órgano conjunto para coordinar la lucha contra “Daesh” y “Jabat Fatah Al Sham”, brazo de Al Qaida en Siria. Una semana es una eternidad en un conflicto sin líneas rojas, pero al menos pasadas las primeras horas de la entrada en vigor del acuerdo, el Observatorio Sirio de derechos Humanos (OSDH) habló de “calma”.

La guerra en Siria, como todas las guerras, es también una lucha de gestos y palabras como se pudo ver durante la jornada marcada para el cese temporal de las hostilidades. Como hace cada año, el presidente Bashar Al Assad acudió a la tradicional oración del Eid, pero el dirigente no fue a una mezquita cualquiera de las zonas nobles y blindadas de Damasco como era habitual hasta ahora, Assad rezó en un templo de Daraya, uno de los bastiones opositores que después de un cerco de más de cuatro años acabó en poder del Gobierno hace unos días. Los civiles de esta ciudad situada a apenas unos kilómetros de Damasco fueron evacuados a refugios temporales preparados por las autoridades, mientras que los rebeldes que no quisieron deponer las armas viajaron hasta la provincia norteña de Idlib.

Daraya ha sido un símbolo de la dureza de los cercos, convertidos en armas de guerra en Siria, y Assad se paseó por sus ruinas pocas horas antes de una tregua que ignoró en las declaraciones efectuadas a los medios.

El presidente mantuvo un tono desafiante y, en línea con sus intervenciones desde el inicio de la guerra, aseguró que “el Estado está determinado a recuperar todas las regiones en manos de los terroristas y a restablecer la seguridad”. El dirigente puntualizó que “las Fuerzas Armadas proseguirán su trabajo, al margen de circunstancias internas o externas”, recogió la agencia estatal Sana. Unas palabras que no concuerdan con el pacto de alto el fuego por el que el Gobierno se compromete a suspender las operaciones militares aéreas en zonas opositoras delimitadas por EEUU.

 

 

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