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enero 14, 2015 1:03 pm

Cómo afecta el aire acondicionado a la salud

Su uso indebido causas diversos trastornos en la salud, el medio ambiente y la red energética.

 

En casa, en el trabajo, en el auto… se hace uso y abuso del aire acondicionado. Se lo programa a temperaturas bajísimas, no se tiene en cuenta la superficie que refrigera, el consumo energético, pero sobre todo no se lo relaciona en forma directa a síntomas que el organismo manifiesta tras su impacto. Es cierto que durante días de temperatura agobiante a muchos les resulta impensada la vida sin él, pero así como facilita el paso de esas jornadas también provoca enfermedades y malestares varios. La paradoja más grande es que por su causa se pasa calor en invierno y frío en verano y a tales contradicciones con el afuera no hay cuerpo que resista.

Si se piensa en grandes ciudades donde su uso es de larga data y donde existen estudios sistemáticos de sus beneficios y sus contras, sorprendería conocer, por ejemplo, que el uso incorrecto de los sistemas de aire acondicionado provocan alrededor de dos millones de resfriados al año en Madrid o que durante un día de mucho calor su encendido masivo eleva aún más la temperatura de esa misma ciudad en casi dos grados.

Un aire acondicionado enferma cuando se utiliza a temperaturas muy disímiles con el exterior, es decir, son los cambios drásticos entre una y otra temperatura las que inciden de manera negativa sobre el organismo, a lo que se suma la sequedad ambiental que genera y la contaminación del espacio con microorganismos y elementos químicos. Es verdad que el cuerpo tiene la capacidad de aclimatarse a las diferentes estaciones del año mediante pequeñas variaciones fisiológicas pero no le es factible adaptarse en cuestión de segundos a los cambios bruscos de temperatura, que en el caso del aire acondicionado a veces llega a marcar una diferencia de 20°. A ello hay que agregar, que el aire frío disminuye las defensas de las mucosas. Un combo peligroso que atenta contra la intensión de pasar un verano con salud para disfrutar a pleno.

Cabe destacar que el aire acondicionado es un verdadero aspersor de hongos, bacterias y virus, como también es bueno para propagar elementos tóxicos que proceden del exterior o que están suspendidos en el aire de viviendas y oficinas. Para minimizar las consecuencias de esta acción es necesario que los aparatos se mantengan limpios y que su mantenimiento sea el correcto, no obstante, no se podrá evitar del todo. Dentro de las afecciones que provocan estos agentes patógenos se encuentran: rinitis alérgica y neumonía causadas por hongos, empeoramiento del asma; gripes y resfríos, bronquitis, faringitis y afonía, congestión nasal, mucosidad, legionelosis, muy poco habitual pero de graves consecuencias (bacteria que puede existir en sistemas cerrados de agua).

Por otro lado, el aire acondicionado afecta la salud ocular. El ojo se queda sin lágrimas por la sequedad del ambiente refrigerado, lo que se agrava si se trabaja durante gran parte de la jornada frente a una computadora. También puede desarrollar conjuntivitis y poca tolerancia a las lentes de contacto. A su vez, la corriente directa de aire frío causa inflamaciones en los músculos, tortícolis, dolor en la zona cervical, lumbalgia, sequedad, eczemas, prurito y enrojecimiento de la piel.

Estos efectos del aire acondicionado se dan en forma independiente o forman parte de lo que se denomina “Síndrome del Edificio Enfermo”, reconocido por la Organización Mundial de la Salud. Refiere a un conjunto de efectos nocivos que las características del edificio, en especial las oficinas, produce sobre quienes pasan muchas horas en él. El cuadro se agrava cuando no hay ventilación natural, lo que en suma produce un microclima nada saludable que tiene sus propios síntomas: cefaleas, somnolencia, mareos, irritabilidad, disminución del rendimiento y malestar general.

Estas afecciones dificultan mantener la salud en casa o en la oficina. Respecto a ello, en países desarrollados los sindicatos toman como parte de su lucha en defensa de los derechos de los trabajadores la negociación sobre cómo utilizar en forma correcta el aire acondicionado en el trabajo. Esta acción intenta salvaguardar la salud de los trabajadores pero también mantener la convivencia en el entorno laboral, ya que es motivo recurrente de discusiones.

En todos los casos y al tener en cuenta los aspectos negativos de este avance técnico, los médicos apelan al sentido común individual al momento de utilizarlo. A continuación se exponen una serie de recomendaciones para hacer un uso correcto tanto a favor de la salud como del medio ambiente y del ahorro de energía eléctrica:

  • Se recomienda utilizar una temperatura entre 23 y 25 °; existen países donde los edificios públicos y privados están obligados a colocar sus aires acondicionados a 24° y tienen sanciones por parte de organismos de control si no cumplen con la normativa. No es bueno para la salud que la diferencia entre la temperatura exterior y la interior supere los 12 grados, tampoco es saludable que se modifique en forma constante la temperatura del aparato porque ello implica que el cuerpo tiene que adaptarse a más cambios. Hay que recalcar que las temperaturas extremas, frío o calor, no son aconsejables para los organismos muy alérgicos o para quienes sufren asma o EPOC, el mal uso del aire acondicionado potencia los síntomas e incrementa el riesgo de crisis respiratorias.

Por otro lado, al dormir el cuerpo se enfría, por lo que no hay que bajar demasiado la temperatura del aire; en este sentido los bebés requieren especial recaudo porque no tienen los mecanismos de regulación de temperatura corporal desarrollados, lo que se complica porque suelen moverse y quedar destapados por completo. Conviene siempre que duerman con una remera y una sábana.

Al dormir conviene utilizar el modo FAN o ventilador, que es el de menor salida de aire. Para cualquier momento del día, lo ideal para todos es lograr un clima agradable, no fresco, mucho menos frío.

  • La humedad debe regularse en función al clima de la localidad donde se vive, pero en parámetros estándares debe estar entre el 40 y el 60 %.
  • El mantenimiento del equipo es fundamental. Hay que limpiar los filtros internos al menos una vez al mes y profesionales deben revisar el sistema en forma periódica. La limpieza frecuente elimina gérmenes y bacterias que pueden afectar al organismo y ocasionar infecciones.
  • Hay que evitar la exposición directa, nunca ubicarse debajo o frente al chorro de aire y colocar las aletas direccionadas hacia distintas orientaciones para que el aire se reparta sin generar corrientes. No usarlo de manera ininterrumpida.
  • Es indispensable ventilar la casa o la oficina a diario porque los virus resisten mucho tiempo en ambientes cerrados. Algunos aparatos tienen incorporados humificadores y sistemas de mejora de la calidad del aire, que equilibran los niveles de dióxido de carbono y eliminan parte de las partículas nocivas.
  • Se recomienda el uso de ventiladores ya que bajan la sensación térmica entre 4 y 8° sin renovar el aire. También sirven los climatizadores de vapor, que al usar un depósito de agua y hielo reducen la sensación de calor entre 12 y 16°. No obstante, de instalar un aire acondicionado en casa es preciso que sea de clase A, es más caro al momento de la compra pero gasta un 20 % menos de energía que uno de clase B.
  • En el auto la temperatura del aire puede estar entre los 20 y los 22°. Se aconseja primero ventilar el vehículo con aire ambiente y ventanillas abiertas para luego acondicionarlo en forma progresiva. Cuidar que no se ocasione estrés por el frío interior.
  • Las empresas deben tomar en serio los pedidos de respeto que hagan sus trabajadores sobre su salud individual. Durante el verano se produce una importante cantidad de licencias por enfermedades vinculadas con el frío artificial.
  • Salir siempre con algún abrigo para evitar cambios bruscos en caso de ingresar a un ambiente que esté refrigerado en exceso.

Se pueden prevenir algunos de los efectos nocivos del aire acondicionado sobre la salud, por ejemplo, mediante el uso durante el día o después del baño de cremas humectantes que mejoran el fenómeno de barrera de la piel. Para cuidar los pulmones habría que tener un suéter siempre a mano y a su vez, evitar el frío directo. Tomar mucho líquido para no sufrir sequedad en la garganta e hidratar la piel contra la sequedad del ambiente, para esto también son buenos los jugos con vitaminas y los caramelos de miel.

No todo es malo, hay cuestiones que estos sistemas de aire benefician: mejoran tanto la actividad intelectual y el rendimiento laboral como la actividad física y la calidad del ocio; disminuyen la presencia de insectos y parásitos, controlan la sudoración, mantienen una hidratación interna correcta y mejoran la calidad del sueño.

Lo cierto es que este aparato dejó de ser un lujo reservado para algunos y pasó a ser un producto de venta masiva con todo lo que ello implica para las redes de salud y las energéticas. Cada vez más hogares y empresas gozan de las cualidades del aire acondicionado pero sin conocer cuáles son sus posibles riesgos. La salud, el medio ambiente y el consumo energético son tres pilares fundamentales que hay que tener en cuenta al momento de encenderlo. Y aunque parezca una exageración es una realidad cotidiana, el aire acondicionado implica normas de convivencia, generosidad y respeto: su uso inadecuado no sólo puede provocar estragos en la propia salud sino que también puede motivar el colapso de la distribución de energía, es decir, mientras unos pocos ignoran el calor bajo el aire frío artificial, otros se quedan sin luz y por ende sin ventiladores, sin agua fresca, en fin… sin la posibilidad de intentar sobrevivir al verano de la forma más digna.

 

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