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julio 13, 2016 11:53 am

Esta semana viajamos al corazón del barrio 25 de Mayo, en Rodeo del Medio, para conocer la labor que desempeñan los docentes de los Servicios de Educación de Origen Social, más conocidos como SEOS. En nuestra provincia hay actualmente 308 centros de este tipo repartidos en su geografía, los que tienen como objetivo central la universalidad de la educación en poblaciones que atraviesan situaciones de vulnerabilidad de derechos sociales, económicos y culturales.

El SEOS ‘Compartiendo sueños’ funciona en el Centro Integrador Comunitario del populoso barrio maipucino y a él asisten más de 200 niños, muchos de los cuales estarían desarrollando actividades no acordes a su edad o solos en casa mientras sus padres trabajan, sobre todo teniendo en cuenta que gran parte de la población del lugar vive de changas, tanto en el campo como en la construcción.

Este SEOS abrió sus puertas en 2011 como parte del programa ‘Buena Cosecha’, a través del cual se busca erradicar el trabajo infantil.

Gestión social en educación

Para conocer a fondo cuál es la mecánica de trabajo dentro de este tipo de unidades educativas, recurrimos a la docente Cecilia D’Angelo, quien explica que “se trata de un ‘gobierno’ compartido, porque la Dirección General de Escuelas (DGE), a través de Gestión Social, aporta los cargos docentes, mientras que el espacio físico lo facilita alguna asociación intermedia o, en nuestro caso la Municipalidad, y el gasto de transporte de los chicos llega desde la Nación. Además, algunas empresas colaboran con el equipamiento y lo que necesitamos”.

La docente indica que la organización es Cuyum Epain, “Cuyum, por pedregullo y EPAYN, que significa Educación Promoción Asistencia al niño y su familia. La DGE subsidia a la asociación y ésta le paga a los docentes (los subsidios sólo se pueden usar para cargos docentes). El resto lo conseguimos nosotros”. Cuando Cecilia se refiere al resto, habla de todo lo que se necesita para que haya calidad en la educación que los niños reciben, desde el espacio, los utensilios para cocinar hasta los elementos de limpieza, tan necesarios en cualquier espacio compartido por el que pasan muchos chicos diariamente.

“En nuestra organización, tenemos la suerte de que está compuesta por los docentes; es decir, nosotros mismos somos nuestra patronal, nosotras manejamos todo. Yo también soy la apoderada legal, por lo tanto llevo todo, hago la rendición al Estado, pago los sueldos, pago el 931, somos empleadores”, explica Cecilia, y agrega: “La misma asociación también tiene el jardín maternal Feliz Belén dentro del mismo barrio, que es pionero en la zona; es un nodo para esta comunidad, ya que desde allí se bajan distintos programas”.

Lo social, por elección

Cecilia, hoy directora del SEOS, es docente de Nivel Inicial y de escuela primaria. Posee ambos títulos, lo que le permite reemplazar a cualquiera de las docentes del equipo cuando alguna se enferma o pide licencia por maternidad, ya que las condiciones laborales de los prestadores de este tipo de servicios educativos difieren algo de aquellas que conocemos como educación formal, ya sea estatal o privada.

“Trabajar en un SEOS es una elección”, dice, y lo fundamenta: “Hay muchísimos derechos nuestros que son vulnerados; nosotras tenemos licencia sólo por maternidad, no tenemos celadores, por lo tanto limpiamos nosotras, tenemos que conseguir el material de limpieza, cocinamos nosotras y seguimos gestionando. Siempre contamos con la ayuda de las mamás de la comunidad, en la cocina o en la limpieza, y así nos vamos arreglando”, explica la docente que se desempeña desde hace 27 años en espacios educativos que presentan desafíos constantes.

“Para mí, es una elección porque me encanta el trabajo social, me gusta saber que dejás una huella, es mi aporte para cambiar el mundo”, dice emocionada, y sus ojos se empañan. Imaginamos que mientras pronuncia esas palabras pasan por su mente momentos en los que no sólo impartió conocimientos, sino también cumplió el rol de mamá bañando, vistiendo o dando de comer a alguno de los chicos que han pasado por los SEOS donde se ha desempeñado.

En primera persona

Cecilia trabajó durante más de 20 años en el centro creado para educar y atender a los hijos de las trabajadoras del CONICET, espacio que le dio muchas alegrías y amigos. Pero un día decidió comprometerse un poco más, sumar más desafíos y así llegó a la comunidad del barrio 25 de Mayo. “Acá los niños tienen otras vulnerabilidades. Acá hay que remarla todo el tiempo: con las mamás hacemos roperos comunitarios y así juntamos plata para comprar un repuesto para arreglar algo. Acá empezamos sin nada, nos prestaron las aulas y no teníamos nada, así que tuvimos que salir a conseguir todo para empezar: mesas sillas, heladeras, freezer… y de a poco fuimos consiguiendo cosas. Con el esfuerzo de todos hacemos ferias de ropa que vendemos a centavos para poder juntar plata y así comprar por ejemplo los elementos de limpieza o de higiene. Los chicos se merecen lo mejor, así que entre todos hacemos el esfuerzo y todo lo que compramos es para que los chicos estén impecables”, cuenta, y no deja de agradecer el apoyo municipal por el espacio y el equipamiento, sobre todo después del último robo, en el que se llevaron elementos indispensables para nosotros.

Buena cosecha

Los centros ‘Buena Cosecha’ fueron creados con el objetivo de erradicar el trabajo infantil y garantizar derechos de educación e inclusión a los hijos de quienes trabajan en las zonas rurales de la provincia. “Antes a esos chicos los llevaban a las fincas en temporada de cosecha, y en época de clases se hacen cargo los hermanitos más grandes, sobre todo cuando ambos padres se van a trabajar. Nosotros consideramos que es trabajo infantil doméstico. En la época de verano quedaban solos en casa, o en la finca, o a cargo de otros hermanos mayores, y el riesgo social es increíble”, explica la docente, que sabe que en épocas donde los mayores de la casa trabajan los chicos están contenidos, educados y bien alimentados. Los más pequeños tenían jardines maternales, pero los que están en edad de escuela primaria después de la escuela se iban a sus casas y se quedaban solos, y en tiempo de vacaciones sus padres los llevaban con ellos a trabajar. He aquí otra gran diferencia con la educación formal: en los SEOS no hay vacaciones, al contrario, es cuando más se trabaja brindando todo tipo de actividades a los chicos.

Actividades

En el espacio ‘Compartiendo Sueños’ los chicos reciben apoyo escolar y participan en distintos talleres, además de recibir una alimentación adecuada, como almuerzo y merienda reforzada. Tienen también otras actividades, como talleres de arte y huerta orgánica, y están arrancando con un proyecto de huerta familiar. Además tienen teatro y música, y en el verano llevan a un grupo de 60 chicos a la escuela de verano becados por la Municipalidad de Maipú.

Si bien el Estado garantiza los sueldos de los docentes, no ocurre así con los talleristas, y en ese caso cuentan con el apoyo del Programa de Participación Activa y Responsable (PAR) que lleva adelante la Municipalidad, en el que los chicos tienen voz y voto. Allí ellos debaten acerca de sus derechos y transforman sus necesidades en juegos, talleres, elementos deportivos y todo aquello que les hace feliz.

“Acá se aprende todos los días a gestionar, pero también se aprende de ellos todo el tiempo. Acá todos aprendemos y nuestro principal objetivo es que los chicos sientan que pueden, que levanten su autoestima y sigan estudiando. A eso apuntamos”, resume la docente, y eso no es poca cosa.

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