valerio-audiencia

noviembre 7, 2016 5:24 pm

Miradas acusadoras y con dura pasión política. Miradas con añejo dolor, acusadoras y lejos de cuestiones políticas. Miradas seguras y ceñidas a derecho. Miradas ardientes y ajustadas a objetivos políticos. Y todas sin un ápice de reconciliación o de unión de pareceres por el bien generalizado de la comunidad.

Es parte de un complejo escenario que nos legaron en los últimos tiempos. Que los periodistas lo veníamos señalando y por lo que fuimos denostados. Complejo escenario que se mostró sin tapujos en las tensas 7 horas que duró el cónclave del senado provincial, donde el Juez José Virgilio Valerio puso a consideración sus antecedentes para llegar a ocupar un lugar como  ministro de la Suprema Corte de Justica de Mendoza.

Más allá de las 2.070 adhesiones y las 612 impugnaciones, la audiencia pública dejó claro muchas cuestiones irresueltas en nuestra vida institucional. Que no son ajenas al contexto nacional y que por muchos motivos, algunos intencionales, nunca fueron resueltas. Uno de ellas es esa profunda división que, en constante  crecimiento, coexiste entre nuestra comunidad. Esa enferma ceguera de que “yo soy todo lo bueno y tu eres lo muy malo” que le ha pasado al país o a la provincia. Un punto que nos aleja de esa convivencia democrática, donde se acepta y se respeta el disenso. También del respeto a las leyes e instituciones de la nación.

En el salón Rojas del senado mendocino se vio y se escuchó de todo. Allí el juez José Valerio debió enfrentar cuestiones políticas adversas a su acción y modo de impartir justicia, y a quienes lo proponen para la corte. Pero también el todavía juez de la 2° Cámara del Crimen debió enfrentar el dolor de una madre por un fallo del que jamás se podrá desprender, más allá de sus argumentos jurídicos expuestos al final de la maratónica audiencia pública. Silvia Ontiveros, ante el denso silencio de una atestada audiencia pública le recordó a José Valerio un párrafo de aquel dictamen con el que él  y otros dos jueces (Roberto Yanzón y Arlington Uliarte) respaldaban un fallo que “justificaba el homicidio de Alejo Hunau por ser homosexual”. La madre del periodista asesinado el 22 de noviembre del año 2004, le reprochaba con tristeza ese instrumento  judicial por el que había declarado falta de mérito al imputado Diego Arduino y colocaba a su hijo culpable por que practicaba una desviada sexualidad, que lo terminó asesinando (¿?) por tener conducta licenciosa.

La otra cara del dolor con relato que observó el postulante a la Suprema Corte José Valerio y que escuchó en denso silencio la nutrida presencia de la audiencia pública, fue la de Osvaldo Quiroga. El robusto hombre, parado en uno de los costados del salón, no ahorró calificativos contra el sistema judicial y lo que comúnmente se llama garantismo. Esto último tuvo un objetivo directo, Omar Palermo, actual ministro de la corte. Quiroga, al igual que Silvia Ontiveros, tiene ganada la autoridad para analizar con pesada insolencia a quienes imparten justicia. El asesinato de su hijo Matías, en la siesta del 9 de marzo del año 2012, producido por asaltantes de un blindado, le han otorgado con sangre ese observado derecho. Sus dichos sonaron muy fuertes con la aseveración final de que es necesario que José Valerio llegue a la Suprema Corte de Justicia.

Dos miradas muy duras y en el medio de ellas, conjuros pro y contra que dejaban un terreno para observar a la justicia, más allá del hombre propuesto para su máximo tribunal. Para muchos observadores, con este acontecimiento ha llegado la hora de someter a la justicia a un exhaustivo análisis de lo que ella debe ser para los tiempos que vienen, lejos quizá, de esos cerrados y oscuros claustros.

La audiencia por los pliegos de José Virgilio Valerio, fue un verdadero campo de batalla ideológico, doctrinario y social. Episodio que no solo no debería quedar en el recuadro dorado de la vida de Mendoza, porque no tiene precedentes en la historia de esta provincia. Si no, porque es ese llamado de atención generalizado que se le hizo a un estado, para corregir aspectos que no le han hecho bien a sus habitantes. Allí sobresale con contundencias la Justicia. Donde detener la inseguridad y fuertes males, como la violencia de género que está ejecutando a cada instante a nuestras mujeres, son puntos a resolver sin dilación alguna.

La Mendoza que viene después de lo apreciado durante 7 horas de audiencia pública, va más allá de la designación de un miembro del máximo tribunal del poder judicial mendocino. Va más allá de los intereses mezquinos de la izquierda, de los radicales, de los kirchneristas y de todas aquellas asociaciones que no admiten nada, después de su cuadrado terrenito. La Mendoza que viene, debe recuperar el terreno del respeto mutuo y de salir de esa profunda chatura en la concepción mezquina de vivir el estado. Algo que pocos entienden y que muchos lo ejercen con increíble y preocupante ceguera. Porque Mendoza no es de nadie en particular y si, de todos en general.

La provincia no puede estar dibujada en cuadros que se identifican por el vivir de los sectores que la habitan. No se conciben castas ricas y pobres, ideológicas o doctrinarias. Mendoza no está preparada para ello. Quienes gobiernan, educan o conforman esas familias que hacen a la sociedad en su conjunto, tienen la sublime responsabilidad de unir cada pedacito que constituyen el todo de la provincia. De lo contrario seguirán profundizándose las miradas de un odio social sin precedentes; esas espaldas que dicen lo poco que importa lo que piensan o viven los demás y los gritos sin sentidos de muchos otros. Posturas que lo único que abrevan es más división y ese abismo de una violencia que no le hará bien a nadie y perjudicará a todos.

Uno no se puede imaginar este mismo escenario hacen 200 años atrás, cuando José de San Martín nos proponía un objetivo con mucho sacrificio, ¡ser libres y soberanos! Con seguridad hubiera fracasado contundentemente.

La justicia hoy le ha dejado un fuerte mensaje a la comunidad mendocina. Ella no está bien y hay que fortalecerla para que le sirva a cada habitante, como corresponde. Pero, también nos ha mostrado algunas cuestiones que no se veían todas juntas y en un mismo sitio. Cuestiones, que como se expresó, deberán resolverse en un marco democrático que nos instale a todos en un necesario debate. Donde se escuchen y se respeten, las ideas y los disensos. Mendoza lo merece. Los mendocinos lo merecen.

Dejá tu opinión

comentarios