Violencia de género

noviembre 30, 2014 8:55 am

Por estos días nos conmueve una vez más otro acto donde una madre adolescente recibe el trato virulento de la violencia de género. Su concubino de 18 años le propinó una paliza que provocó la muerte de una beba de ocho meses de gestación. Tan inadmisible como dolorosa es la cantidad de muertes por violencia de género. Algo que deja al descubierto que continúan fallando organismos de seguridad y judiciales ante la multiplicidad de casos que se podrían haber evitado. Cada uno de esos organismos, en la mayoría de los casos, estaba avisado, por lo que conocían las potenciales posibilidades de que esa víctima de maltrato pudiera perder la vida.

Ya no alcanzan los pronunciamientos que con mucha fuerza se alzan en todas las recordaciones, foros o programas para detener primero y erradicar después la violencia seguida de muerte de millones de mujeres en el mundo. En el caso de Argentina y en particular nuestra provincia, tienen un sin número de leyes y procedimientos que tienden a enfrentar con rigurosidad  la violencia de género, aún así es penosamente alarmante el porcentaje de seres de sexo femenino con permanentes ataques sexuales, presiones psicológicas de toda índole y lugar y golpes asesinos. Allí no hay distingos de edades. Al cobarde y pervertido maltratador le da lo mismo niñas de corta edad, adolescentes, mujeres adultas, ancianas, hijas, hermanas, esposas, novias y madres; porque para estos imbéciles no hay distingos a la hora de descargar furias o pervertidas acciones drogadas o alcoholizadas.

Lo dramático que tiene todo esto, es que en muchos casos los organismos que reciben la denuncia de una víctima que decidió con valentía recurrir a ellos, “no quieren, no saben o ignoran el pedido de auxilio” dejando aún más desvalido a ese ser, que en la mayoría de los casos, tras recibir hasta triples dosis de violencia terminan asesinadas.

El sector educativo es un estamento clave donde más se detectan actos de violencia de género en el hogar. Allí, docentes y directivos, esencialmente del nivel primario, deben muchas veces actuar como nexo entre la justicia y quienes viven dramáticos momentos de violencia a diario. Un sub mundo donde se detecta todo lo violento y pervertido que la imaginación humana no puede llegar a interpretar y que produce un golpeador y/o violador. Cuestión que muchos sectores de nuestra comunidad, que viven ciegos y sordos se espantarían de saber los casos que se producen a nuestro alrededor.

Lo grave, reitero y pongo el acento en esto, es que en muchos casos detectados y denunciados “no se hace absolutamente nada”. Creando de esta manera un espantoso, incomprensible e inaceptable halo de impunidad alrededor del victimario. Da inclusive la sensación, de que en muchos de esos sectores de nuestra comunidad continua latente con “preocupante normalidad un recalcitrante patriarcado” donde no importa que un novio le pegue desde un cachetazo hasta una reverenda paliza a su comprometida. De que un marido se haga la pervertida costumbre de hacer lo propio con su esposa, como dantesco espectáculo delante de sus hijos. Y, en el maquiavélico laberinto de violencia no falten todo tipo de vejámenes físicos y psíquicos.

Las muertes de cientos de niñas, adolescentes y mujeres mendocinas son el nauseabundo testimonio de una sórdida actitud de un sector enfermo de nuestra comunidad, al que ya se debería haber tratado con una batería de drásticos y enérgicos procesos judiciales que nos darían señales que crecemos como sociedad límpida, sin perjuicios, con compromiso y respeto a toda vida humana. Respeto, sobre todo a ese eslabón básico y fundamental de nuestra propia existencia: ¡la mujer!

Daniel Gallardo – Periodista y productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano.

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