antisistema

octubre 1, 2015 6:28 pm

Un asalto a un café “chic” del Este de Londres hace algunos días ha ocupado la atención de todos los medios británicos, porque toca varios temas sensibles: los imposibles precios de alquiler en la capital del Reino Unido, el debate sobre el “esnobismo de tribu” y, como siempre, el papel de las redes sociales como esquirlas de odio.

El comercio atacado se llama “Cereal Killer Café” y sus peculariedades son dos: ofertaban cereales de todo el mundo con sus paquetes de vivos colores y sus dueños, unos gemelos de 33 años de nombre Alan y Gary Keery, son como la caricatura del perfecto hispter, con barbas negras a juego con un pelo rubio bien peinado, camisas leñadoras y brazos tatuados.

Todo marchaba sin problemas hasta que doscientos manifestantes “antisistema”, con máscaras que emulan a un cerdo, antorchas y equipos musicales, atacaron el “Cereal Killer”, arrojando pintura roja a su fachada y escribiendo “escoria” en sus ventanas.

Dentro los clientes, “aterrados”, hacían barricadas con las sillas. El argumento para atacar el local de los Keery era denunciar el aburguesamiento de Londres, el hecho de que su implacable burbuja inmobiliaria está echando de la ciudad a la gente que no goza de altos ingresos.

“Nosotros somos una pequeña tienda. Aquí al lado hay tiendas de cadenas de grandes marcas. Nos han señalado como ejemplo del aburguesamiento y no es culpa nuestra”, se lamentan los gemelos.

Los manifestantes, que también quemaron un muñeco de policía aggiornado al modo hípster, han subido a internet su justificación:”No queremos pisos de lujo que nadie puede pagar. No queremos bares de gin tonic cool, ni tiendas de brioches. Queremos una comunidad. Esta ciudad será pronto un páramo infestado de yuppies y no un espacio para la gente normal como nosotros”.

Este ataque no es el primero que se suscita. Ha habido ya otros similares en el barrio de Camden.

Pero la historia encierra una llamativa contradicción: algunos de los “antisistema” son tan pudientes o más que los gemelos Keery y sus barbas.

La prensa conservadora ha descubierto que una de las manifestantes era Liza McKenzei, una investigadora de la reconocida “London School of Economics”. Liza, a la que se supone de confortable clase media, portaba una pancarta que decía “hay que devastar las avenidas donde viven los ricos” y tras ser desenmascarada acusa a los dueños del café de “alargar un incidente menor para hacerse propaganda”.

 

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