FormatFactoryHistoria de Ciudadanos

junio 10, 2015 4:26 pm

En el distrito Gobernador Benegas, de Godoy Cruz, precisamente en el barrio Trapiche, funciona Uniredes, una organización pensada para incluir desde lo socio educativo a las personas con discapacidad visual.

Mariela Farrando y Alfredo Muñoz charlaron con El Ciudadano sobre la tarea que vienen realizando desde hace más de 10 años. Mariela es la presidente de la organización y Alfredo el apoderado legal y tesorero, quien relató que hace “de todo, desde limpiar hasta pelearme con las obras sociales para conseguir beneficios para los más de 30 chicos y adultos que son beneficiarios de la misma”.

El origen de un ejemplo

Luego de estar en la ciclovía junto a un grupo de jóvenes vendiendo los ricos budines que elaboran en uno de sus talleres, Mariela, sin preámbulos, empezó a desandar su historia de Uniredes.

“Empezamos cuando personas que pertenecían al área de Geografía del Cricyt nos citaron a una reunión, ya que querían ver la posibilidad de hacer cartografía táctil, es decir adaptar los mapas para personas no videntes. Entonces empezamos a trabajar dos docentes de la escuela Hellen Keller y los licenciados en Geografía y Cartografía. Como en todo proyecto se necesitaban fondos, por lo que el Cricyt los solicitaba y los administraba”.

Con el proyecto en la mano se contactaron con un concejal y éste,  a su vez, los derivó a un legislador. “Un senador del PD logró hacer un programa provincial para personas con discapacidad visual. La ley se promulgó pero fue vetada por falta de fondos. Al año siguiente se volvió a presentar y salió, pero nunca se reglamentó, por lo que los fondos nunca estuvieron”, explica Mariela.

“Al año siguiente nos dieron por única vez la mitad de lo que nos tenían que dar para comprar materiales de trabajo, y como nos prestaron un espacio en la escuela Hellen Keller, tuvimos que invertir parte de ese dinero en reacondicionar el espacio, que estaba en desuso”, agregó.

Allí estuvieron impartiendo clases de Informática, ya que el monto otorgado les facilitó no sólo acondicionar dos aulas sino también adquirir materiales y tecnología adaptada para trabajar con los chicos. Pero a medida que avanzaron con las clases notaron que quienes asistían a estos talleres necesitaban obtener conocimientos y habilidades básicas que los ayudaran a desarrollar su autonomía, como por ejemplo, manejarse solos en la calle para poder llegar a clases sin depender de nadie.

“Teníamos recursos materiales, pero no dinero para pagar a los profes, por lo que todos lo hacían ad honorem, aunque después dejaban de hacerlo porque necesitaban el ingreso económico como cualquier persona”, reflexionó la docente.

Luego se complicarían las cosas para Uniredes, ya que la escuela Hellen Keller comenzó a tener problemas edilicios, lo que obligó a evacuarla durante un año y, a su vez, el Cricyt pasó a depender de la órbita del Conicet, por lo que se complicaba acceder a los fondos para seguir trabajando.

Nueva etapa

“A fines de 2011pudimos abrir acá (el espacio donde ahora trabajan), perdimos algunos profes que no podían venir por sus horarios y también físicamente a Liliana Lofti, quien fue una de las personas que nos acompañó desde el inicio. Allí nació el centro de día para personas con discapacidad visual y servicio de apoyo a la integración”, destacó la Mariela.

Planificación personal

La docente –que trabajó más de 20 años en la Escuela Keller y aún sigue formando profesores en la universidad– resumió la metodología. “Trabajamos con un sistema de PCP, que son planificaciones centradas en la persona. Se trata una planificación individual donde cada alumno va mostrando sus fortalezas y debilidades y también cuáles son sus sueños a largo y corto plazo: ¿Qué me gustaría poder realizar en el lapso de este año y que eso me ayude a completar mi meta en la vida?, ¿quién quiero ser?, ¿dónde quiero estar? y ¿con quién quiero estar?”, explicó Mariela, y agregó: “Cuando empezamos a trabajar con esta metodología vimos que para la mayoría de los chicos su sueño era terminar el secundario, entonces me contacté con un docente que estaba a cargo de un Centro de Educación Secundaria de Jóvenes y Adultos (CENS) y nos ofrecieron venir a tomarle examen en nuestra propia sede. Así se recibieron los dos primeros, hicimos un proyecto para aplicar la misma metodología, nos citaron de la Dirección General de Escuelas (DGE) y nos dieron las horas para tener nuestro propio CENS de gestión social”.

Un espacio muy particular

“El Estado brinda educación a través de escuelas como la Hellen Keller y cuando terminan el secundario se acaba la prestación porque es educativa. Nosotros vamos en paralelo, seguimos la trayectoria educativa de esa persona. Muchos de ellos fracasaron en la escuela y cuando tienen más de 20 años aparece el deseo de terminar sus estudios y ahí ya tienen que entrar tanto jóvenes como adultos a un CENS común, donde muchos de los chicos que estaban acá fueron a esos CENS y fracasaron por falta de apoyo específico y sin eso es re difícil para un chico ciego. Alguien que medie el material o material grabado. Se encuentran muchas trabas, por eso fracasaron”.

En el 2013, la DGE firmó un convenio con nuestra institución a fin de crear un CENS destinado a brindar ese servicio educativo a los jóvenes y adultos ciegos y con baja visión que no hubieran completado estudios secundarios obligatorios. Además, se incorporaron a la institución los profesores disciplinares acordes a la modalidad y orientación elegidas: Ciencias Naturales y Salud y Ambiente.

Razón de ser

Además de los convenios que la organización tiene para poder brindar distintas soluciones educativas a los jóvenes y adultos, posee un centro de día en el que aprenden y realizan actividades artístico culturales, pre laborales, actividades relacionadas a su propia discapacidad como orientación y movilidad o actividades de la vida diaria donde aprenden a manejarse frente a todo tipo de situaciones cotidianas y que apuntan a la independencia de cada uno de ellos, “algo así como yo voy a todos lados con mi bastón”, traduce Mariela.

“Tenemos convenios con otras instituciones, como un instituto inglés para que los chicos estudien ahí, y gracias a la muni de Godoy Cruz tenemos la posibilidad de que también practiquen deportes y eso es muy importante. La muni ha puesto recursos y muchas fichas para tener un equipo de fútbol sala para ciegos; nuestro equipo es Godoy Cruz Uniredes, y hasta nos acondicionaron un espacio para que los chicos puedan entrenar, además de darnos la indumentaria y ayudarnos con los viajes para ir a los torneos”, sostiene Mariela agradecida.

Desafío sin límites.

“Si bien tenemos personas de 14 a más de 60 años, la mayoría de nuestros alumnos tienen entre 18 y 27 años, pero todos tienen ganas de trabajar y de insertarse laboralmente. Algunos han hecho pasantías en la Municipalidad de Godoy Cruz y eso los ha ayudado a tener su primer acercamiento a lo que significa trabajar, cumplir horarios, interactuar con otras personas, incluso hacer llamadas telefónicas. etcétera. Mi compromiso es hacer todo lo que pueda para que ellos tengan un trabajo, pero saben que tienen que seguir estudiando para que lo consigan, porque están capacitados aunque sean ciegos y no porque son ciegos”, explica la docente, y agrega que “las empresas colaboran con las organizaciones como la nuestra en lo material, pero cuando lo que les pedimos es un puesto de trabajo, ponen mil excusas”.

Dejá tu opinión

comentarios