Casas chinas para Mendoza

noviembre 17, 2014 8:50 am

Hay tantos temas como para estar preocupado en Mendoza, que el tweet del diputado Néstor Majul, irónico y con doble sentido, le puso una pizca de humor a una provincia acosada por la inseguridad, la inflación, los paros sindicales de toda índole, la permanente campaña electoral de los principales partidos, entre varios problemas más, donde la salud y educación son los principales protagonistas.
Por eso resulta simpático el mensaje de Majul en la red social del pajarito que decía textualmente: “Feliz cumple, al famoso cuento chino de casas chinas”, es que el 14 de noviembre de 2013, escuchábamos por boca del propio Paco Pérez, desde la lejana China, la promesa de una inversión empresarial de cuatrocientos millones de dólares, que servirían para la construcción de más o menos ocho mil cuatrocientas viviendas. Claro que los mendocinos ya están duchos en ofrecimientos y proposiciones incumplidas, y miraron con recelo la propuesta del Gobernador.

Las palabras vuelan
Del mismo tenor fueron las promesas del Pilo Bordón, quien en su campaña electoral de 1987, con su famoso ‘libro verde’, prometía cien mil soluciones habitacionales. Claro que el ex gobernador justicialista terminó su mandato y ni por asomo llegó a cumplir esas expectativas, dejando el famoso libro y a las viviendas más verdes que nunca.
Más cercano en el tiempo, fue el turno del Celso Jaque, quien con su caballito de batalla –el famoso ‘mapa del delito’–, logró imponerse ante Julio Cobos y César Biffi allá por el 2007.
Luego de la promesa del Gobernador de las ‘casas chinas’, nos enteramos detalles más que interesantes. Por ejemplo, que la provincia adquiría una deuda a quince años, en dólares, y para complicar más aún las cosas, el recupero del crédito era en pesos. Con todos esos datos, no resultó una sorpresa la negativa de aprobar dicha deuda por los principales partidos de la oposición, especialmente del radicalismo, que le pregunta al Gobierno: “¿Qué hicieron con el dinero para viviendas que anualmente les da la Nación?”. Según el diputado radical Majul, esta vez más serio, decía: “¿Por qué es necesario endeudar a la provincia en dólares, si con el financiamiento que ya tienen pueden construir más viviendas de las que han hecho en toda la gestión?”. Y continuaba diciendo que “Mendoza cuenta con financiamiento nacional para construir en total, sumando las 2013, unas ocho mil viviendas nuevas y más de cuatro mil soluciones habitacionales, con lo cual se cae todo tipo de argumento para pedir deuda en dólares en un momento tan crítico como este, en el que nadie se le ocurriría hacerlo”.
Así nuevamente se cae una promesa más, pero seguro, y a pesar nuestro, que no será la última a las que nos tienen acostumbrados algunos políticos.

Vergüenza ajena
Es cuando una persona, no necesariamente cercana a uno, hace algo ridículo o vergonzoso, pero que en realidad nos produce vergüenza a nosotros, o en este caso, a todos los electores que ayudaron para que Héctor Quevedo sea diputado provincial. La semana pasada, en el marco de la sesión en diputados donde se trataba el presupuesto del canal estatal Acequia, el peronista Claudio Díaz y el radical Héctor Quevedo cruzaron insultos y casi llegaron a propiciarse algunos golpes.
Seguramente, y eso esperan los mendocinos, con el trascurrir de los días el diputado de la UCR se sienta en la necesidad de pedir disculpas. Con ese solo gesto es muy probable que la sangre no llegue al río y se pueda dejar atrás el pedido de una cuestión de privilegio promovida por el legislador justicialista, quien según expresó, se sintió “amenazado por acciones inapropiadas y por lo manifiestamente violentas”.
Si bien es cierto que con motivo del tratamiento del proyecto para que el canal Acequia se convierta en una sociedad anónima, con mayoría de acciones del Estado provincial, el diputado Quevedo, en el fragor de la discusión, comenzó a elevar la voz y a acercarse tal vez en demasía al diputado Díaz abriendo los brazos y gesticulando como si estuviera en una cancha de fútbol, y quizás olvidando por un momento su rol de presidente de la Comisión Bicameral de Seguridad.
En estos tiempos que corren, con una sociedad cada vez más hastiada e intolerante, lo menos que un ciudadano común espera, es que el raciocinio y la madurez vengan de quienes nos representan. Según sus correligionarios, Quevedo “es un poco calentón, pero jamás habría llegado más allá de unos gritos”.
Seguramente esta semana se sabrá el destino del pedido de Claudio Díaz que, entre otras cosas, propone la renuncia del diputado radical como presidente de la Bicameral. En el futuro, Quevedo tendría que mesurar sus enojos, y mostrar más sobriedad y madurez, a modo de demostrar que sólo fue un mal momento y que no es una característica suya mostrarse como un desaforado.

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