Dante

agosto 17, 2016 4:39 pm

En esta sección contamos la historia de ciudadanos que con cada acción hacen de este mundo un lugar más justo, más bonito. Dante López recicla muebles junto a su familia y los vende en el mercado del usado.

Esa actividad y la venta de televisión satelital es su trabajo, lo hace desde hace muchos años y dice que no le va mal, pero El Ciudadano llegó a él porque se enteró que en sus ratos libres, Dante también recicla sillas de ruedas, sí, que créase o no también terminan en las chacaritas donde junto a otros cientos de elementos se venden como por chatarra por kilo.

En primera persona

“Yo compro esqueletos de sillas en las chacaritas y cuando encuentro alguna silla de ruedas la traigo, la reparamos, y se las damos a gente que realmente la necesita”, comenzó explicando Dante, acerca de la tarea que realiza desde hace tiempo, y agregó: “Hace varios años que venimos haciendo esto, antes donaba todas las sillas, ahora las presto para que puedan servir a otra persona después, pero si es para una persona que la necesite en forma permanente y que no puede pagarla se la doy, se las facilitamos sin ningún tipo de costo”.

Del relato de este hombre, de 62 años, se desprenden varias reflexiones, pero principalmente varias historias. La reflexión nos lleva a pensar que si una silla de ruedas llega a una chacarita, es porque alguien se deshizo de ella, sin siquiera imaginar que hay gente que la necesita y no puede pagarla.

Solidaridad de boca en boca

A la casa de la familia López llegan personas de distintos departamentos en busca de una silla de ruedas, un andador o un bastón, porque saben –por referencias– que allí vive un hombre que las repara y las entrega sin ningún costo.

Todos los que han necesitado de una silla saben que a veces los costos de alquiler son caros, sobre todo si el período de recuperación es largo.

“Si a uno le ocurre un accidente y no tiene para comprar una silla, la tiene que alquilar y hay gente que realmente no tiene posibilidades de comprar ni de pagar un alquiler. En este momento tengo prestadas seis sillas, hay gente que después de haber tenido una enfermedad las tiran, las sacan a la calle y lamentablemente van a parar a las chacaritas”, explicó este godoicruceño que es asiduo comprador de chatarra y, que artesanalmente y con la ayuda de su familia transforma en sillas y mesa, entre otros objetos, mediante el reciclaje, por lo cual además de ser solidario realiza una actividad amigable con el planeta.

Cadena de favores

Dante contó que hace muchos años es paciente del Centro de Salud del Barrio Fuchs por una enfermedad crónica por lo que ha pasado varias horas de su vida en salas de espera y en contacto con otros pacientes.

“En el centro de salud veo gente que realmente necesita una silla de ruedas. Al principio, cuando iba a la chacarita, las sillas de ruedas que se encontraban me las daban a bajo costo, pero cuando el señor Coral se enteró que yo las arreglaba para donarlas, ya no me las cobró más”, dijo Dante y agregó que “esas cosas te fortalecen para seguir ayudando”.

Este gran trabajador reconoce que con personas que suman a su esfuerzo es más fácil ayudar y que sería más fácil si la gente, en vez de tirar las sillas, busca algún lugar donde llevarlas. “Debería existir un lugar donde uno puede dejar lo que no necesite y otro lo pueda buscar ahí, ya que si uno quiere comprar una silla de ruedas, le cuesta $6.000”, aseguró.

Gesto a imitar

Hablamos de la cantidad de cosas que aparecen tiradas en las calles y que luego de un trabajo de restauración vuelven a ser de utilidad a las personas. Dante habló más que nada de las sillas de ruedas, pero también contó que se tiran los andadores, bastones comunes o trípodes y prótesis.

En medio de la charla, el hombre se levantó de la silla en busca de algo entre sus pertenencias, lo encontró y nos lo acercó para que leyéramos: se trataba de un acta de donación fechada en febrero de 2012 y firmada por el asesor legal del Hospital Central, y es nada más y nada menos que un registro formal, que para Dante es lo que corresponde hacer, aún cuando quizás otra persona hubiese actuado de otra manera.

El restaurador contó la historia de cómo llegó a realizar una donación: “Un día iba caminando por la calle Rivadavia, cerca del Área Sanitaria de Godoy Cruz y encontré un brazo, en un primer momento pensé que era de maniquí, lo levante y me lo llevé. Una vez en casa, se lo mostró a Dante (hijo), que es técnico en Biomecatrónica –por lo que entiende bien del tema– y me confirmó que era ni más ni menos que un brazo ortopédico de última generación con sensores de movimiento y que en el mercado tenía un precio altísimo, inalcanzable para la mayoría”.

El tema es que lo desinfectaron y limpiaron y Dante partió con el hallazgo hacia el Área de Salud, allí le dijeron que ya sabían y que lo recomendable era llevarlo al Hospital Central. “Me dijeron que ese brazo costaba como $500 mil… y estaba tirado en la calle”, explicó Dante, y reflexionó sobre cómo se pueden tirar elementos que no sólo son caros, sino que además son indispensables para otros.

A esta altura de la charla, es imposible no consultar si luego de la donación ese brazo ortopédico pudo servirle a alguien y Dante tímidamente respondió: “Una vez me llamaron del hospital, pero yo no quise saber nada, a mí no me interesa figurar con estas cosas, hago lo que hago en mis ratos libres porque me hace sentir útil hacerlo”.

Apelar a la solidaridad

La conversación con Dante López, no sólo nos permitió conocer mejor al hombre que trabaja duro y que si bien dice que le va bien, que siempre tiene trabajo, tampoco le sobra, es un hombre agradecido de lo que tiene.

Ha criado siete hijos y todos son adultos profesionales y sabe que la educación es fundamental. “Porque en este país no estudia el que no quiere, este es un paraíso para el que quiere estudiar, acá vienen personas de otros lados a hacerlo”, dijo y agregó una preocupación que también está relacionada a la educación pero en este caso de los valores: “Es bueno que la gente sepa lo que yo hago, pero es más importante que se concientice de que si tiene una silla de ruedas no la tire, que la done a alguien que la necesita.

Yo no necesito agradecimiento, yo necesito ayudar, eso me hace sentir bien”, reflexionó Dante sobre una práctica que lleva adelante con su familia.

Contacto:
Quienes necesiten una silla de ruedas o quienes deseen donar una pueden contactarse con la familia López llamando al 4223530.

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