GUstavo Cordera

agosto 11, 2016 9:55 am

Para quienes nos sentimos parte del grito colectivo Ni Una Menos, para quienes desde los lugares que nos toca ocupar luchamos por construir una sociedad más igualitaria, que no discrimine más a las mujeres y a las niñas por su condición de género, es lamentable y frustrante escuchar declaraciones públicas como las recientes del cantante de rock Gustavo Cordera.

Es doloroso darse cuenta que la misma sociedad que repudia la violencia hacia mujeres y niñas lleva en sus entrañas a una parte de ella que sigue naturalizando un lugar de subordinación y desigualación por el hecho de ser mujeres.

Una sociedad que pide a gritos basta de violencias, que gracias a la lucha de los movimientos de mujeres pone en la agenda mediática, legislativa y de las políticas públicas la necesidad de seguir avanzando en materia de derechos, y que al mismo tiempo desaparece, viola y mata a mujeres y niñas cada 30 horas, cometiendo un femicidio, alimenta desde los medios y personajes de opinión pública visiones machistas que nos arruinan como especie humana.

¿Cuántas adolescentes y jóvenes se sentirán violentadas por los dichos de Cordera? ¿Cuántas generaciones más de mujeres y niñas deberemos ver sufrir por el acoso callejero, por el miedo a ser violadas, abusadas psicológica y físicamente?

¿Acaso no quedó claro el repudio masivo en el pasado mes de junio en las calles de todo el país al eco del “Viva nos queremos”?

Que este repudio compartido por quienes creemos que es nuestro deber y compromiso el luchar cada día por construir una sociedad igualitaria entre los géneros, sirva además para dar el debate en cada ámbito donde nos desenvolvemos.

Para hablar con nuestros hijos, hijas, sobrinas, hermanas, amigas, vecinas, parejas, padres y abuelas acerca de la impunidad que da vergüenza y que seguimos sosteniendo como sociedad cada vez que ocurre un acto de violencia hacia mujeres y niñas.

Aprovechemos para debatir acerca de lo que leemos, escuchamos y miramos en pantallas, a desnaturalizar las múltiples violencias que de manera sutil pero constante, van dejando huella en nuestros hijos e hijas, reproduciendo el círculo perverso del machismo que necesita destruir a las mujeres y niñas para erigirse como modelo único a seguir, que se autoafirma en la destrucción moral de la mitad de la especie.

Lejos de la hipocresía de creer que la sociedad se divide entre buenos y malos, de simplificar el debate repudiando en lo discursivo los dichos de Cordera y no proponer nada al respecto, los y las invito a reflexionar acerca de la necesidad de pensarnos como sociedad. De aprovechar la ocasión para hablar en las escuelas, universidades y familias acerca de los lugares que ocupamos varones, mujeres y otras identidades sexuales según nuestra condición de género.

El Ni Una Menos requiere perseverancia y militancia todos los días, y la lucha por la igualdad la lograremos todas y todos unidos como sociedad.

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