teatro

junio 12, 2016 10:54 am

Cuando Gustavo Casanova encabezó la dirección de La casa, la versión nuestra de la inmortal La casa de Bernarda Alba, se apropió de Las Sillas y decidió armar una puesta en escena osada que le permitió conquistar al espectador. De esta manera, cargó de emoción a un texto que estuvo muy bien ejecutado por sus actrices.

En la antesala, los personajes de la obra de Federico García Lorca miraban con atención al público mientras ingresaba a la sala, impactando antes del comienzo del último espectáculo de junio. En julio será el regreso sin fechas confirmadas.

Bernarda (Pinty Saba) enviuda y decide imponerle el luto durante ochos años a sus cinco hijas. Angustias (Gisela Lorca), Magdalena (Andrea Real), Amelia (Mariana Fernández), Martirio (María José Elmelaj) y Adela (Samantha Toro) padecerán las decisiones de su madre, obstinada en no dejarlas salir de la casa.

Bajo el mismo techo están dos criadas: Poncia (Mery Spinelli) y simplemente ‘la criada’ (Eliana Dottori). Prudencia (Laura Lahoz) es lo más parecido a una amiga de Bernarda, con quien comparte la preocupación por el qué dirán.

La anciana (Mary Dillon) está encerrada en su habitación por ser considerada loca por su hija. Pero lo cierto es que, cada vez que interviene, dice muchas verdades.

La historia transcurre en una casa en la que Bernarda pide silencio, imponiéndose su autoritarismo. De carácter fuerte, recurre a la violencia física cuando se necesita, plasmándose de realidad arriba del escenario. Pero se permite algunas licencias de ternura con sus hijas, evidenciando su costado materno.

Saba se luce en su papel matriarcal, encolumnando a un elenco que transmitió frustraciones, dolor y rencor. Los diálogos entre la patrona y Poncia, optimizando los espacios físicos, la iluminación y con pausas entre miradas y gestos, es uno de los puntos altos de la obra.

El espectador se entromete, derribando la cuarta pared, y permitiéndose sorprender por las apariciones de los personajes por los laterales de la sala y utilizando con criterio las aberturas. La ventanas tienen un protagonismo destacado en la historia, ya que eran el único contacto de las chicas, sin novios, con el exterior.

Angustias, la hija mayor, se compromete con Pepe Romero, pese que su hermana Adela se enamora del mismo hombre y lo ve por las noches, a escondidas .

La obra destaca características de la España de principios del siglo XX, en donde el machismo sometía a la mujer que, oprimida, aceptaba las reglas e incluso juzgaba a la que no seguía por ese camino.

El drama que plantea García Lorca permite analizar el costo que implica no dejar que la realidad familiar quede al descubierto. Aún, cuando sea irreversible, la decencia será lo único que importe.

Bernarda vuelve a pedir silencio, y el público no deja de aplaudir./ Fernanda Verdeslago.

Dejá tu opinión

comentarios