Santiago de Chile polución

junio 22, 2015 3:15 pm

Calles despejadas, el transporte público abarrotado y algunos colegios con clases suspendidas. Santiago vivía este lunes su primera emergencia ambiental en 16 años debido a una alta polución que ha impactado a la capital chilena en plena Copa América.

Encajonada entre varios cerros que obstaculizan su adecuada ventilación y con un histórico déficit de lluvias para esta época, Santiago hacía frente desde hace varios días a niveles críticos de contaminación, que obligaron a decretar para este lunes la primera “emergencia ambiental” desde 1999.

La medida, la más extrema de la legislación chilena, paraliza la circulación del 40% del parque automotor de Santiago y de unas 924 fábricas contaminantes, además de la recomendación para la suspensión de clases de educación física en colegios y la habilitación de vías exclusivas para el transporte público.

Pero, por precaución, varias escuelas privadas de Santiago suspendieron completamente sus clases este lunes, un día en que una densa y gris capa de smog cubría un sol casi primaveral en la capital chilena, de 6,7 millones de habitantes.

Sin lluvias a la vista, temperaturas más altas de lo habitual y una escasa ventilación, las autoridades no prevén una mejora de los indicadores ambientales por lo menos en los próximos tres días.

La “emergencia ambiental” rige hasta las 21H00 (00H00 GMT del martes), cuando las autoridades decidirán si extienden la medida excepcional para el martes o rebajan el nivel de alerta.

En el primer día de “emergencia ambiental” en 16 años, la mayoría de los habitantes de Santiago debió ajustar sus planes de transporte, además de soportar algo de picazón en ojos y una constante sensación de falta de aire al caminar, por el menor oxígeno.

Padres con automóviles restringidos debieron tomar taxis, caminar o coordinarse con otros para dejar a sus hijos en el colegio o llegar hasta sus trabajos. Ya en las calles, los automovilistas que no estaban restringidos se encontraron con calles mucho más despejadas de lo habitual, demorando muchísimo menos que en un día normal.

En contraposición, el transporte público debió soportar una mayor presencia de pasajeros, tanto en autobuses como en el ferrocarril metropolitano, donde las autoridades debieron tomar medidas adicionales para contener la gran cantidad de pasajeros que llegó a las distintas estaciones en el horario punta de la mañana.

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