Carátula

junio 9, 2016 12:35 pm

Con el temporal que azota el país entero, la situación se agrava a medida que ascendemos hacia la Cordillera de los Andes, en el límite con Chile. Bajas temperaturas, caminos destrozados, el Túnel Internacional que a cada tanto debe ser cerrado por las nevadas intensas. Cuesta mucho cruzar al país vecino vía terrestre, y lo que debería ser un viaje rápido se vuelve una odisea para los que quedan allí.

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Y uno de los sectores que más sufre esta situación es el gremio de los camioneros. Trabajar dependiendo de las rutas de alta montaña es un verdadero castigo para los obreros del volante, principalmente porque al llegar a Uspallata deben quedarse ahí a esperar el despeje. Y las facilidades no son las óptimas: no existe modo de brindarles respuesta a las necesidades básicas.

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Como para hacer un resumen, los problemas de los camioneros varados en alta montaña son los siguientes:

-Las cañerías se congelan, por lo tanto no tienen agua.

-No hay baños (los de la Aduana están todos tapados y colapsados), y los de la estación de servicio de Uspallata no estaban habilitados, y no lo estuvieron durante todo el fin de semana pasado.

-No cuentan con posibilidad de bañarse. Y donde pueden encontrar un sitio para esto, sufren asaltos por parte de delincuentes.

-Se congela hasta el combustible de los camiones.

-Por las nevadas, los camiones tienden a enterrarse en el suelo, y no hay maquinaria para sacarlos de allí.

-Los precios de los alimentos son un disparate.

-Y hasta ahora nadie se acercó para estar al tanto de estas necesidades: ni del Sindicato de Camioneros, ni de Gendarmería, ni del Municipio de Las Heras.

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Las protestas y reclamos se acumulan, y allí están los trabajadores: brasileños, chilenos, argentinos, paraguayos, todos unidos en el sacrificio y el olvido. Muchos de ellos son padres de familia, y muchos de ellos (la gran mayoría) cobra por viaje, no por un sueldo fijo. Si no se viaja, no se cobra. Si se quedan varados en Uspallata o la Aduana, no se cobra. Si no se cruza, no se cobra.

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Y si no se cobra, no se come. Las familias reclaman, los trabajadores del volante también, y la situación, agravada por las bajísimas temperaturas (en los últimos días llegó a 22° bajo cero en Las Cuevas), los muestra totalmente huérfanos de ayuda.

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