dilma

abril 17, 2016 11:24 pm

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, vive momentos difíciles en su carrera política. Anoche, en medio de duras peleas y piñas de por medio, los diputados aprobaron por mayoría que pase a Senadores el pedido de juicio político contra la mandataria, lo que la deja al borde del naufragio.

El pleno de la Cámara alta podría decidir por mayoría simple si archiva la causa o inicia lo que sería el propio juicio político, o “impeachment”.

En esa instancia, la oposición también contaría con los votos necesarios para el impeachment. Se necesitan 41 votos para aprobar el proceso contra Dilma, y las cuentas de los diarios brasileños son las siguientes: Estadao dice que 44 senadores votarían a favor del impeachment, mientras que Folha y O Globo afirman que 47 apoyarían el proceso.

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En ese último caso, la mandataria deberá separarse del cargo hasta que concluya el proceso, para el cual habrá un plazo de 180 días, y en ese período sería sustituida por el vicepresidente Michel Temer, quien completaría el mandato que concluye el 1º de enero de 2019 si se llegara a la destitución.

Una región convulsionada

Con el ahora muy probable impeachment a la presidenta brasileña, Latinoamérica ve cómo retrocede el populismo en la región, en un fracaso del experimento que llevó a los países que lo acogieron a un estado calamitoso y corrupto

Ejemplo de ello son el mismo Brasil, la Argentina y Venezuela, los tres con los vicios principales que condenaron al fracaso a todos los populismos previos: el crecimiento exponencial del gasto público y el peso del Estado en la economía, entre otros. Mientras, Evo Morales y Rafael Correa, mandatarios de Bolivia y Ecuador, respectivamente, se mantienen en silencio, no vaya a ser que también a ellos les llegue el momento de rendir cuentas.

El caso argentino

Los dos gobiernos kirchneristas –tanto de Néstor como de Cristina– se valieron de tasas de crecimiento del mundo, récord entre 2003 y 2007, con precios también récord de los productos de exportación, con un crecimiento inédito de los ingresos y del tamaño de las clases medias emergentes, y a partir de 2008 con una liquidez global excepcionalmente abundante y barata, que si bien no pudo ser aprovechada plenamente por la Argentina, sí fue aprovechada por la mayoría de los países emergentes vecinos y clientes comerciales, que supieron sortear los problemas valiéndose de ellos.

Para peor, el mandato de Cristina Kirchner también podría ser señalado como el más corrupto desde la llegada de la democracia, lo que hace que la ex presidenta deba enfrentar ahora complicadas causas que la tienen como protagonista junto su familia, algunos empresarios amigos y funcionarios de bolsillos sedientos de plata.

Una compleja situación que ha heredado el gobierno de Mauricio Macri, empeñado en poner en caja los desmadres de su antecesora, aunque para lograrlo tenga que tomar dolorosas medidas económicas que se debieron aplicar antes de su asunción. Por el contrario, en vez de cuadrar la economía, Cristina Kirchner, entre otras cosas, propició una pérdida para el Estado de más de 70 mil millones de pesos a través de una operación de venta de dólar futuro, cuestionada por la Justicia, que tiene jaqueada la ex presidenta y dos de sus funcionarios más afines.

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