Sida 2

julio 21, 2016 8:30 pm

Uno de los peores rostros de la inequidad social en nuestra provincia es la discriminación laboral atada a una enfermedad. En Mendoza, serían unos 2.500 los trabajadores “activos” que no tienen laburo solo por el hecho de padecer alguna patología con mala reputación entre los empleadores grandes, medianos o chicos.

Lo cierto es que el 50% de los casos en la franja afectada (unos 1.250 pacientes), está representado por personas con VIH positivo que no pueden acceder a un trabajo estable solo por el hecho de sufrir una enfermedad de alta prevalencia discriminatoria.

Lamentablemente, la mayoría de los casos denunciados en las oficinas del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), por lo general quedan en la nada, ya que resulta muy difícil comprobar los motivos por los cuales un empleador no los incorpora al circuito laboral. Por otra parte, el 90% de los casos en los que se pudo comprobar y sancionar exclusión discriminatoria, están representados por empresas privadas.

Semáforo preocupacional

Como todos saben, antes de ingresar a una compañía cualquiera, la oficina de recursos humanos pide que el interesado en ocupar el puesto apruebe un test preocupacional. Así, como parte de esta instancia previa a la incorporación definitiva –no hay contrato sino se pasa el test–, un médico le pregunta al potencial empleado si padece alguna enfermedad, como por ejemplo SIDA. Y cuando se responde ser un paciente crónico de alguna enfermedad, el profesional a cargo de la prueba consulta puntualmente sobre enfermedades de transmisión sexual, como el SIDA.

Para evitar este tipo de técnicas segregativas, se sancionó una ley en la que explícitamente se prohíbe esta pregunta dentro del cuestionario, aunque la realidad marca que esa legislación no se cumple.

Según pudo comprobar El Ciudadano, y gracias a la declaración de varios enfermos, la pregunta “¿alguna enfermedad de transmisión sexual?” se sigue haciendo, y en base a la respuesta se toma la determinación de excluir al postulante.

“Me diagnosticaron VIH positivo en el año 2012 y desde ese día estoy sin laburo. La mala noticia me llegó estando desempleado y al día de hoy nadie me ha contratado, a pesar de estar profesionalmente calificado. Siempre llego al preocupacional y ahí me quedo”, comentó Lucas, un diseñador gráfico de 34 años que afirma conocer la normativa impuesta el año pasado, pero también afirma no poder hacerla cumplir. “Imaginate que uno no puede hacer cumplir la ley cuando está pidiendo un trabajo. De entrada estás en inferioridad y ahí aprovechan para borrarte durante el preocupacional”, afirma.

Sin embargo, muchas veces los hechos discriminatorios no están atados a prejuicios gerenciales, sino que también tienen origen en el aspecto burocrático y la estigmatización de la sociedad en general. Al respecto, Roberto (maestro mayor de obras VIH +) dijo a la prensa: “Queremos que la gente pueda trabajar. Se pierden muchos días de trabajo en cuestiones burocráticas, autorizaciones que un jefe puede tolerar un mes, dos meses, y al tercer mes ya lo piensa.

Además, la gente no tiene en cuenta la confidencialidad. Por ejemplo, a mí me contrataron para una obra y me dejaron cesante a los 30 días. Me dijeron que había terminado, pero no era así. El estigma siempre está, te das cuenta por miradas, gestos de la gente”.

Más casos detectados

En la oficina de prensa del Programa Provincial de SIDA estiman que en nuestra provincia hay cerca de 4 mil personas infectadas, de las cuales el 40% no lo sabe. En este punto, vale la pena aclarar que si bien la cantidad de “casos ocultos” todavía es muy grande, hasta 2012 las estadísticas alcanzaban un 55% de casos sin tratar por desconocimiento del paciente.

Sin embargo, gracias a las nuevas técnicas de testeo, ahora es mucho más fácil y rápido detectar la enfermedad, pero los diagnósticos tardíos siguen siendo una materia pendiente.

En Mendoza, desde 1984 a la fecha se han detectado 3.670 casos de infección por VIH; de ellos 1.196 alcanzaron la etapa de sida y 579 fallecieron.

Otro dato relevante, según el informe anual presentado por el Programa Provincial de Sida –dependiente del Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes– en diciembre del 2015, es que ha aumentado la edad de ocurrencia, llegando incluso a detectarse nuevos casos después de los 60 años, cuando la edad promedio oscila entre los 30 y los 36.

Por Orlando Tirapu – Diario El Ciudadano online

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