mayo 10, 2015 8:47 am

Nuestros candidatos no tienen un programa para combatir el mercado narco. Sólo tienen ideas sueltas.
Nos hemos acostumbrando a conformarnos con eslóganes de campaña, pero para luchar contra el narcotráfico hace falta algo más que eso.

Es necesario tener un buen plan, que signifique que se ha hecho previsión, que se han considerado todas las variables y que, además, confiamos en no habernos olvidado de nada. Así y todo, siempre faltará algo.
Tolerancia a la corrupción
No conocemos cuál es el programa de nuestros candidatos para combatir el flagelo del narcotráfico. La situación es que no tienen un plan, sólo ideas sueltas. Muchos piensan que basta con tener más policías. No sabemos si cuando adiestramos enormes cantidades de policías –en una incomprensible cantidad de escuelas–, no estamos, en realidad, entrenando mano de obra para el narcotráfico. Una poco común multiplicidad de institutos educativos. En la provincia de Buenos Aires se han sumado ya 52 municipios a la formación de policías.
El negocio de la droga no ha aparecido aquí por casualidad o por generación espontánea.
La droga está aquí porque ha encontrado un ambiente favorable. Recién después, han desembarcado los traficantes, las bandas y los sicarios.
Sin prisa, pero sin pausa, se fue gestando el clima de negocios adecuado que necesita este particular delito. La corrupción y el juego son imprescindibles para armar la estructura económica y financiera, que le asegure a los narcos el blanqueo del dinero procedente del delito.
El narcotráfico necesita territorialidad, por eso otro condimento de un buen clima de negocios para el narcotráfico es contar con una sociedad que posea un umbral muy alto de tolerancia a la corrupción. Esto, que es lo más difícil de conseguir porque involucra a la mayoría de la población, en nuestro caso se ha logrado con muy poco esfuerzo. Una sociedad dividida y fracturada es también favorable al narcotráfico. La misma que, paradójicamente, es víctima del delito.
En nuestro caso vemos que los narcos no se preocupan por los políticos. Salvo el ataque que sufriera hace casi un año, el gobernador de Santa Fe, no ha habido ataques narcos contra políticos ni contra funcionarios policiales. Las bandas luchan entre sí por el territorio con independencia de lo que hagan los gobiernos y las fuerzas de seguridad. Esto significa que el Estado ha abandonado la lucha.
Los incidentes nos hablan de una lucha entre bandas por la territorialidad. En la madrugada del pasado 13 de abril –por citar un caso–, fueron encontradas en la villa 1-11-14 cuatro personas ejecutadas dentro de un automóvil. Este tipo de noticias podría pasar como un policial común y corriente, si no fuera por circunstancias de tiempo y lugar que lo convierten en algo mucho más grave. El vehículo era un auto de alta gama y las víctimas habían sido muertas de 34 balazos.
Mientras tengan asegurado el negocio a través de la corrupción y el juego –con lavado de dinero incluido–, lo que se verán son luchas entre bandas narcos: ajustes de cuentas, como estamos acostumbrados a escuchar.
Necesitamos un plan
Cada vez que hacemos algo sin contar con un estudio previo, podríamos estar favoreciendo al narcotráfico, en vez de combatirlo. Todo y nada de lo que hagamos puede estar bien o mal. Necesitamos un plan. En el Centro de Estudios Estratégicos Santa Romana venimos trabajando desde hace mucho sobre un plan integral, completo, realista y factible. Estas cuatro palabras no son un eslogan, describen las cualidades que debe tener un buen programa de acción contra el narcotráfico. Lo dicen
todos los especialistas en el tema.
No podemos señalar un país determinado cuando hablamos de narcotráfico. Este delito tiene estatus internacional y por eso, como mínimo, debemos hablar de la región. Un delito que está generando un negocio descomunal en Sudamérica y la corrupción estatal es sólo la manera con la que los narcotraficantes se apoderan de un Estado.
Se introduce en aquellos lugares donde encuentra el ambiente propicio y la protección que necesita para expandirse y florecer. Tanto la corrupción estatal como el lavado de dinero, son dos delitos íntimamente asociados a todo el proceso del tráfico droga, actúan como escudos protectores de sus actividades, desde la producción hasta la reutilización del dinero que genera; pasando por la introducción, distribución, promoción y comercialización.
La corrupción estatal es el eslabón que se repite a todo lo largo de la cadena y que permite que el delito se inserte, crezca, se reproduzca y progrese.
Un plan que prevea solamente la lucha contra los que trafican la droga, por mejor o eficiente que sea, no será eficaz, porque el narcotráfico estará encaramado en las estructuras estatales para garantizarles a las organizaciones delictivas el alerta temprano y la protección necesaria. Debe ser integral.
Es una decisión política que tiene que tomar la máxima autoridad del Estado nacional.
Ni siquiera un gobernador provincial tiene la capacidad para emprender por sí solo la lucha contra este delito. Debe abarcar todos los frentes y en forma constante, porque disminuir las capacidades del narcotráfico a un nivel tal que sea posible controlarlo, hace necesario de un esfuerzo continuo y coordinado de todas las áreas del Estado.
Tener un plan significa también disponer de una organización adecuada. La información de que disponen los organismos de control económico y financiero, encargados de combatir el lavado de dinero, debe estar a disposición de las autoridades que tienen que lidiar contra las células de narcotraficantes y viceversa. Se hace necesario encontrar las grietas por las que se cuela la actividad delictiva y descubrir cómo se conectan. Es inadmisible el silencio de las autoridades y sospechoso el de la oposición.

Emilio Luis Magnaghi
Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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