Sergio Pinto

junio 29, 2015 9:59 am

El titular del comité provincial de la UCR, Sergio ‘Pato’ Pinto, tiene una dilatada carrera política y en la función pública. Desde su tarea casi anónima fue uno de los referentes de la unidad interna del radicalismo y de los acuerdos con otros partidos para armar el frente.

Procurador de la unidad

A diferencia del justicialismo, donde empezó el pase de facturas a raíz de la derrota, en el radicalismo se viven tiempos felices y de suma tranquilidad. Si bien se sabe de sobra que Alfredo Cornejo con sus cualidades de coraje y buen gestor, era el mejor candidato, avalado tanto por las encuestas y por la decisión de los mendocinos, que con su voto lo eligieron para gobernar los destinos de la provincia los próximos cuatros años. Pero, además, detrás de su candidatura, Cornejo contó con el apoyo y el trabajo silencioso del actual presidente del radicalismo mendocino: el Pato Pinto, quien desde su búnker en la antigua casona de la calle Alem, supo conducir la nave y luchar sostenidamente para lograr algo casi imposible entre radicales: la unidad  partidaria, algo que es fundamental si se quiere llegar con posibilidades ciertas de ganar una elección gubernamental.

Antes de la decisión unánime de apoyar la fórmula Cornejo – Montero se tuvo que lograr esa tan ansiada unidad, donde otros candidatos de fuste como Enrique Vaquié, Mario Abed y la propia Laura Montero decidieron dar un paso al costado y, después de mucho esfuerzo, la casa se fue poniendo en orden; el propio Pato Pinto sufrió algunos roces y reproches por parte de sus compañeros de ruta, los territoriales, pero él priorizó su rol de máximo jefe de la UCR y buscó por todos los medios que se fumara la pipa de la paz, y los principales popes terminaron hilvanando una gran unidad y así evitaron internas estériles.

Se sabe que la única forma que un candidato a gobernador llegue con chances a una general es teniendo a todo el partido detrás de él. Una vez logrado el primer paso, Cornejo fue por más y soñó unir a toda la oposición para armar un frente partidario que llamó Cambia Mendoza y, allí, nuevamente fue fundamental el rol del Pato Pinto, ducho en estas lides, quien acompañado por otro trabajador silencioso del radicalismo, como es Peti Lombardi, empezó a reunirse con dirigentes del Partido Demócrata, Libres del Sur, socialistas y Coalición Cívica, entre otros. Muchas reuniones y esfuerzos fueron necesarios para llevar a cabo el aceitado de un frente que tuviera posibilidades de éxito, primero en las PASO y después en la general.

Dirigente, amigo y militante

Para quienes conocen al Pato les resulta fácil definirlo como un buen amigo, al que se puede recurrir siempre y que nunca se le subieron los humos a la cabeza, a pesar de su larga trayectoria en la UCR, con sus inicios en la función pública en el 83, con el advenimiento de la democracia, que lo encontró colaborando en el Ministerio de Bienestar Social, junto a Arturo González Martín, siempre con su La Paz entre sus prioridades, por eso no resultó extraño que años más tarde fuera elegido intendente de su pueblo, para volver a ser reelecto. Después vino su etapa de legislador y su paso por la política nacional cuando fue elegido diputado nacional, para después volver a la provincia y trabajar desde el partido por el sueño de recuperar el gobierno provincial.

“El Pato siempre fue el mismo tipo, es humilde como buen hombre de pueblo, es un militante radical auténtico que nunca se la creyó”, opinaba un amigo cercano. Otros dicen que es común verlo siempre rodeado de amigos, apasionado de San Lorenzo y de un equipo amateur de La Paz. Ha sabido sembrar amigos a lo ancho y largo de la geografía provincial, aunque sus bases están con sus correligionarios territoriales Ricardo Mansur, Mario Abed, Gerardo Del Río, Miguel Ronco y su amigo y hermano Gustavo Taca Pinto, con los cuales ha recorrido un gran trecho de la labor política. Esa amistad no impidió que el Pato fuera ecuánime e imparcial, y que desde la calle Alem tratara de velar por la unidad, más allá de las conveniencias de su propio sector, lo que lo pinta de cuerpo entero.

La maquinaria radical

Otra de las responsabilidades que manejó, casi a la perfección, fue la de poner a punto toda la maquinaria electoral con que cuenta el radicalismo y que esta vez fue respaldada por los otros partidos integrantes del Frente Cambia Mendoza. El trabajo fue arduo, fueron necesarias muchas reuniones en cada uno de los departamentos para capacitar e instruir a fiscales, apoderados y autoridades de mesas, para que en cada escuela de la provincia, aún en las más lejanas, hubiera un dirigente defendiendo voto a voto. Esa fue una tarea que, viendo los resultados, se puede decir que fue impecable y fundamental para cimentar la victoria. Ningún detalle quedó librado al azar, el comité actuó con profesionalismo y con dirigentes comprometidos con el objetivo esperanzador de recuperar el gobierno, luego de ocho años.

Seguramente, Alfredo Cornejo debe haber sentido un alivio sobre sus espaldas, al saber que cuenta con un presidente del partido como el Pato, que a diferencia de otros anteriores, buscó un perfil bajo y no necesitó de un alto grado de exposición, sabedor –por experiencias pasadas– que el protagonismo debe ser exclusivo de la fórmula.

El futuro

A pesar de que por estos tiempos se disfruta del triunfo, no hay tanto lugar para festejos, la maquinaria debe ser preparada para hacer el mejor papel posible en las PASO de agosto y luego en la presidencial de octubre.

Seguramente, el comité de la calle Alem albergará hasta el 10 de diciembre, fecha en que se asuma la gobernación, a los equipos técnicos que se siguen preparando para formar el futuro gabinete provincial y  a los dirigentes que ocupen los cargos públicos en los distintos estamentos del gobierno.

Hay tiempo también para seguir afianzando la relación de los dirigentes que integran el Frente Cambia Mendoza que, seguramente, tendrán alguna inserción en el gobierno. La ciudadanía les ha dado con su voto una gran responsabilidad, que los radicales principalmente tendrán que estar a la altura de las circunstancias, ya que se votó la gestión en la gobernación y la mejor productividad legislativa.

Mientras tanto, el Pato Pinto seguirá conduciendo los destinos de la UCR, que logró recuperar el poder, atendiendo mañana y tarde en la antigua casona, con mate de por medio y con la conciencia tranquila de haber hecho un buen trabajo. El destino dirá cuál será su nuevo lugar de lucha, pero seguramente le dará el brillo propio que él sabe ponerles a los compromisos que asume.

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