Casa de gobierno

mayo 24, 2016 10:08 am

Luego de conocerse hace pocos días la emisión de bonos por el gobierno, contrayendo deuda en los mercados internacionales, se supo que el destino de ese dinero, amargamente, solo servirá para cubrir gastos operativos y tapar agujeros de la administración. Pese a que son muchos los millones de dólares, nada de ello será utilizado para obras e inversiones que mejoren distintas áreas de la provincia, solo para tapar agujeros.

Ahora, el acuerdo entre la Nación y las provincias por la devolución de la coparticipación parece que deparará el mismo trago amargo. Repasemos. En el año 1992, cuando se privatizó el sistema jubilatorio, creando las polémicas AFJP, el Estado menemista de entonces le quitó ese porcentaje a cada provincia para mantener financiado al ANSES, ante la derivación de los aportes a las administradoras privadas. Cuando el sistema se abolió en 2008 por parte del gobierno de Néstor Kirchner, esa quita perdió razón de ser, y debería haberse devuelto automáticamente. Sin embargo el gobierno K nunca lo hizo, fiel a su criterio de manejar toda la caja para asegurarse dependencias y fidelidades entre los gobernadores, y atarlos al humor de la Rosada.

Las provincias siguieron transfiriendo recursos al ANSES –que ya había recuperado su oxígeno habitual- y sabemos para que se usó ese dinero: fútbol para todos y otra serie de programas financiados por la caja jubilatoria. En síntesis, se puede decir que las provincias también aportaron a la fiesta de subsidios, mientras las economías regionales se desangraban. Si, parte de la pesada herencia.

La semana pasada se acordó la devolución gradual de ese porcentaje, en un encuentro en Córdoba donde participaron todos los gobernadores. Frigerio –el anfitrión-  explicó que la devolución será gradual en cuatro años, a razón de 3 puntos por año, y las provincias podrán obtener créditos de 6 puntos porcentuales cada año”. El convenio queda ad referéndum de las legislaturas provinciales y también del Congreso Nacional.

Pero la mala noticia es que lo que se recupera por ese lado se pierde con lo que dajará de percibirse de ganancias y la devolución del IVA en beneficiarios de AUH y jubilados.  De acuerdo con los dichos del ministro Martín Kerchner, el acuerdo absorbe casi “directamente la diferencia, con eso se licuan los 1.500 millones de pesos, o 1800 a largo plazo”. La buena noticia es que, aparentemente, junto con el bono de 500 millones de dólares que se colocó en Nueva York, más la refinanciación del banco Nación y este aumento en los ingresos de coparticipación este año los fondos alcanzarán para cubrir un déficit fiscal estimado en 800 millones de dólares.

Además, mientras estas líneas se escriben, los intendentes van llegando a una reunión cumbre con el gobernador con el reclamo de obras y financiamiento bajo el brazo. Es que en medio de la crisis, saben que lo único que alivia rápido e inyecta dinero y optimismo en las alicaídas comunidades es esa vía, por lo que Cornejo sumará urgencias y demandas desde la base misma del poder territorial.

Entonces, pese a que se ha logrado por un lado financiamiento externo, y por otro la devolución de cuantiosos fondos, el barril sin fondo que tiene el Estado mendocino, que arrastra déficit y endeudamientos desde hace años, sigue tragándose todo, y pensar en mejorar la infraestructura o competitividad sigue, por ahora, entre las cuentas pendientes, o las utopías postergables.

Recién en 2018 estos fondos van a significar un aumento de los recursos del Estado. Kerchner señaló que, de la administración anterior, solo recibieron deudas, pero sin recursos para financiarse, y no dejó de subrayar que Mendoza perdió sus derechos de reclamar por las deudas anteriores en el periodo de 2008 a 2010, porque el gobierno peronista no hizo los trámites ni administrativos ni judiciales para ello.

La administración Cornejo resalta a cada minuto que a ellos les toca ordenar y administrar las carencias, tal vez en sintonía con lo escueto de sus promesas de campaña: orden, administración, gestión, y sobre todo austeridad. Los números parecen darle la razón.

El barril sin fondos en que transformaron la provincia reclama ávidamente más y más, y el reclamo llega en época de vacas muy flacas, y encima vendimias muy pobres. Agua y ajo.

Dejá tu opinión

comentarios