bioataud

agosto 16, 2016 9:46 pm

Morir en Venezuela puede ser un calvario para los familiares del difunto, sobre todo si el óbito es repentino, a causa de la violencia o un accidente, y tienen que recaudar dinero a toda velocidad para el velatorio y el féretro. El país sudamericano es uno de los más violentos de la región , si no el que más, con una tasa de 90 asesinatos por cada 100.000 habitantes y la cifra histórica de 28.875 homicidios en 2015, según la ONG Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV).

Si se une que alrededor del 40% de una población de 30 millones de habitantes son pobres, asfixiados por la escasez y una de las inflaciones más altas del mundo, no extraña que un emprendedor de Barquisimeto haya diseñado un ataúd de cartón, a la vez económico y ecológico.

Elio Angulo está a punto de lanzar a la venta, junto a otro socio, la urna elaborada con un 70% de material reciclable, llamado “biocofre”, según informó hace poco France Presse. El alto coste de la madera había popularizado los féretros de latón, pero la crisis ha provocado una caída fulminante de las importaciones y la producción. Un responsable de la Cámara Nacional de Empresas Funerarias apuntaba que, ante la bajada del suministro del latón, han tenido que “recurrir a mercados secundarios y eso encarece los costes”.

En Venezuela “morirse es más caro que estar vivo”: un servicio funerario costaba unos 4.500 bolívares (6 euros) y ahora el más barato sale por unos 280.000 bolívares (380 euros). En un país con un salario base de unos 44 euros, se entiende que los dolientes prefieran la incineración a la sepultura, un velatorio breve o el “servicio directo” al crematorio.

 

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