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septiembre 10, 2014 5:59 pm

Luis Cortéz vivió casi toda su vida en Godoy cruz, un departamento que está ligado al cine desde tiempos remotos, quizás porque en su momento de mayor esplendor albergó a la mítica Film Andes, empresa que produjo y distribuyó películas durante más de una década, o quizás porque ese departamento llegó a tener 13 salas por las que pasaron miles de ojos asombrados y, que por estos días, celebra el séptimo arte con su Festival Mirada Oeste.

Empezar de abajo
Luis tiene 72 años pero pasó más de 60 relacionado con el cine: “Mi hermano, tres años más grande que yo, trabajaba como operador en el cine Sportman y ahí empecé. A los 12 años barría la vereda o regaba la calle Paso de los Andes, que era de tierra, y entonces me dejaban entrar gratis a ver la película. Después ya me metí en la sala de proyección y empecé a ver y practicar lo que hacía mi hermano, luego fui cadete y me tocaba llevar películas y afiches de un cine a otro”. En esa época una película constaba de varios rollos y ese mismo film era el que se proyectaba en varias salas con diferencia de una o dos horas, por lo que a medida que se proyectaba en una sala, Luis salía rápidamente en la bicicleta con ese rollo para llevarlo a otro cine, y así sucesivamente.
Tiempo después le darían la posibilidad de limpiar la platea alta, cortar entradas o vender caramelos en la sala, mientras seguía aprendiendo en la cabina de proyección de la mano de su hermano.

Primeros fotogramas
Un día, el operador de turno faltó y ese fue el momento en el que Luis materializó el romance con el cine: proyectó por primera vez solo. Nobleza obliga a decir que no sólo empezó de abajo, sino también de afuera y, ese día, estaba ‘oficialmente’ adentro. A fuerza de perseverancia, trabajo y amor se fue convirtiendo en una de las personas que más sabe de proyecciones en Mendoza.
Podríamos decir que el cine a Luis le dio casi todo, fue allí donde conoció a Elena, quien sería luego su esposa; ganó conocimiento y experiencia y también propuestas de trabajo. Se desempeñó como representante, tanto de Argentina Sono Film como de la Metro Goldwyng Mayer. Trabajó como productor externo organizando las matinés de cine en casi todas las salas, viajó por la provincia y por el país como inspector y llevó el cine a cientos de lugares, que de no haber sido por él, muchas personas hubiesen tardado en conocerlo.

Censura
Porque no todo es color de rosa, Luis vivió en cabina propia lo que es la censura. Y no hablamos del que se tapa los ojos cuando la película da miedo, sino de proyectar en tiempos difíciles, con ‘censores’ que venían y mientras uno miraba la película, otros dos en la cabina se encargaban de cortar las partes que no eran ‘acordes’ al pensamiento político y religioso de la época.“En San Luis había un religioso que no me dejaba proyectar películas como La Difunta Correa o las películas XXX que en algunas salas quedaban totalmente prohibidas y en otras se podían pasar y batían récord a sala llena”, relató.

Anécdotas al pasar
“A veces, la película que se había anunciado no llegaba y en su lugar mandaban otra. La gente no sólo se juntaba más de una hora antes del inicio de la función, sino que sin importar la película entraba igual y se quedaba un rato largo charlando una vez que finalizaba”, cuenta este cinéfilo que recuerda con precisión no sólo la cantidad de salas que existían en la época de oro, sino también la cantidad de butacas de cada una de las salas de Mendoza y del país.
En épocas donde existía la radio y sus clásicos radioteatros, incluso cuando llegaron los primeros televisores a Mendoza, las grandes diversiones para la gente eran los bailes y el cine. El punto de encuentro con los amigos, la excusa para conocer gente nueva o incluso, para encontrarse con ese galán que andaba rondando la casa: “Una vez en una de las salas al aire libre, una jovencita iba al cine con su mamá y un par de filas detrás estaba el muchacho que le gustaba. De común acuerdo, la niña pedía permiso para ir a tomar agua, los enamorados se encontraban en el bebedero del fondo para hablar, hasta que la madre descubrió la maniobra, no dejó de ir al cine, pero de ahí en más le llevaba una botella de agua a su hija para evitar el escape”, recordó entre risas.

Mario Moreno, ‘Cantinflas’
“Se acostumbraba que los artistas vinieran a presentar sus películas, y Cantinflas fue de la partida, descubierto por un periodista tomando un café con leche con churros en el Mercado Central”, recordó. Años después volvería a Mendoza a presentar la película ¡Por mis pistolas! sin haber olvidado los churros del Mercado Central.

Cine en el recuerdo
El amor que Luis tiene por el cine de antaño lo llevó a presentar el proyecto ‘Cine en el recuerdo’ en la Municipalidad de Godoy Cruz y a proponerlo como actividad. No sólo se lo aceptaron e impulsaron desde el organismo, sino que durante los meses de julio y agosto se proyectaron películas como Dios se lo pague, ¡Por mis pistolas!La guerra gaucha Marcelino pan y vino, entre otros clásicos del cine. “La gente tendría que venir un día y ver las caras de las personas cuando salen del cine. Es maravilloso para muchos abuelos encontrarse con sus películas”, comenta Luis hijo.

De generación en generación
Ubicado en la platea alta del cine Plaza, Luis señala a su hijo Lito (quien le debe el apodo a un personaje de una película de Palito Ortega que se proyectaba cuando nació) y cuenta: “Él sabe mucho más que yo de cine”. Resulta que Lito no recuerda su primera vez en una sala de proyección porque estaba dentro de una cuna, mientras su mamá cortaba entradas y su papá proyectaba y, claro está, creció con el cine y le tocó vivir la parte fea como el cierre indiscriminado de las salas. Pero al día de hoy sigue trabajando en el cine teatro Plaza y es el encargado de proyectar las películas de ‘Cine en el recuerdo’, entre otras cosas.

Agradecimiento especial
“En la década del 80 el cine estuvo fuera de funcionamiento, luego la intendencia de Godoy cruz alquiló la sala y comenzó con una serie de mejoras. Se cambiaron y arreglaron butacas, techos y puertas, entre tantas otras cosas, como la pintura. Se acondicionaron al punto tal que está a la altura de competir con cualquier sala del país, superando a varias que conocemos. El intendente Cornejo es joven y tiene buenas ideas, es merecedor de buenas cosas por todo lo que ha hecho”, confiesa Luis./ Rebeca Rodriguez

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