hatii

noviembre 11, 2016 12:19 pm

Ya son varias las veces que el tema, como un rayo, ilumina el debate que anticipa la tormenta. El propio presidente Mauricio Macri lo ha dicho, luego alguno de sus ministros lo ha buscado minimizar. Recientemente, la Gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, sostuvo que colocarían soldados en los patrulleros.
Un amigo experto en Estrategia, al escuchar esto último, me dijo con sorna que hacer lo que sugiere Vidal sería como reforzar un equipo de fútbol con jugadores de rugby.
Pero, más allá de la chanza, la República Argentina, lo mismo que la región, vive una situación caracterizada por la pérdida por parte del Estado del monopolio del uso de la violencia frente a actores no estatales, cada vez más potentes, como el narcotráfico, el crimen organizado y el terrorismo transnacional.
También, esta incapacidad del Estado se manifiesta en no poder proveer las condiciones mínimas de bienestar a grandes sectores de su población, como lo demuestran las terribles estadísticas sobre pobreza, lo que ha producido una pérdida del control de determinados espacios territoriales, especialmente urbanos, que han pasado a manos del narcotráfico.
Como consecuencia de lo enunciado, la lealtad de los ciudadanos está migrando desde el Estado, sus instituciones y sus representantes electos hacia los grupos no estatales, como los diferentes carteles de la droga que le disputan a ese Estado el monopolio de la violencia y la provisión de condiciones mínimas de bienestar.
Al margen de otras acciones integrales que deberán adoptarse en campos como el financiero, el judicial y el sanitario, se hace necesario que el Estado retome, cuanto antes, los espacios perdidos a manos de los actores no estatales, especialmente del narcotráfico, mediante su preocupación a fin de retomar la lealtad de sus ciudadanos, y permitir el restablecimiento del tejido social dañado.
Tareas y responsabilidades
Al efecto, se propone una acción coordinada, multidisciplinaria e integral de diversos organismos estatales, a saber:
Las Fuerzas de Seguridad y policiales: serán las responsables primarias de ejecutar las operaciones de seguridad correspondientes mediante tareas de inteligencia criminal, investigación y captura de los narcotraficantes.
Las Fuerzas Armadas: apoyarán con sus medios técnicos a las policías en aquellas tareas necesarias para las que no cuenta con capacidades (por ejemplo: vigilancia aérea y marítima y de fronteras). Y, eventualmente, participarán en operaciones de seguridad encuadrando y dando marco a las operaciones de seguridad a cargo de las Fuerzas de Seguridad y policiales para que las mismas puedan sostenerse en el tiempo y abarcar amplios y variados espacios.
Diversas agencias estatales vinculadas con la provisión de servicios: serán las responsables de restablecer servicios esenciales, como la provisión de salud, de educación, de limpieza, de agua potable, etcétera, en las zonas afectadas.
Las fuerzas y las agencias mencionadas deberán operar en forma coordinada, permaneciendo en el lugar el tiempo que sea necesario para restablecer la presencia estatal y la confianza de la población.
Las acciones serán conducidas por el responsable político de la zona de la que se trate (intendente, gobernador, presidente).
Ese responsable político estará asesorado y asistido por un comité integrado por los representantes de todos los actores estatales afectados.
El ejemplo de Haití
Para el funcionamiento del sistema propuesto se consideran necesarias las siguientes condiciones:
• Una firme voluntad política.
• Un control civil efectivo sobre todas las acciones de seguridad que garantice un efectivo respeto de los DD.HH. de los ciudadanos.
• Una legislación acorde que incluya una nueva Ley de Defensa, su reglamentación y las reglas de empeñamiento acordes.
• El adiestramiento y un equipamiento acorde a la misión para cada una de las fuerzas mencionadas.
Un buen ejemplo de lo señalado lo constituye el desempeño del contingente argentino en Haití, que debió pacificar amplios sectores de un Estado fallido como el haitiano. Para ello debió cumplir numerosas tareas, desde proveer ayuda humanitaria hasta realizar elecciones democráticas.
En los diez años que duró la participación argentina en Haití rotaron por esta misión veinte batallones de infantería del Ejército y de la Infantería de Marina, por lo que puede estimarse que se dispone, actualmente, con aproximadamente 8.000 efectivos que han pasado por esa misión y cuentan con el adiestramiento necesario.
Esta base se podría ampliar muy bien con cursos especiales a dictar por el Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz (CAECOPAZ) sobre el tema y que fuera el responsable de elaborar la doctrina y adiestrar a nuestros contingentes que concurrieron a Haití.
También me dijo mi amigo, el estratega: “Las batallas se ganan en los preparativos”. Yo le agrego que no nos queda mucho tiempo para realizarlos.
El Doctor Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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