Messi

julio 1, 2016 10:13 am

Siempre hemos sostenido desde estas páginas que la estrategia, considerada como ciencia, admite dos acepciones: una estricta, cuando se enfoca en la derrota de un enemigo real y una amplia cuando se predica a otros objetos, tales como las prácticas empresariales o hasta las deportivas.

Precisamente, de estas últimas queremos hablar. No es casualidad que muchos deportes hayan tomado de la ‘estrategia’ su vocabulario. Palabras como “ataque”, “defensa”, “objetivo”, etcétera, son sólo una pequeña muestra de ello.

Vemos como la vieja ciencia de la guerra tiene muchas cosas para enseñarnos. Ya sabemos, a través de la película Wall Street de Oliver Stone, que los hombres de negocios avispados leen a Sun Tsu para mejorar el resultado de sus negocios.

Nos parece oportuno retomar esa senda y más precisamente, la relacionada con el fútbol, nuestra pasión nacional. Tras lo que parecería ser una larga serie de repetidas derrotas de nuestro seleccionado mayor.

A primera vista, los aficionados y fanáticos a este deporte –vale decir la mayoría de nosotros, los argentinos– podríamos argumentar que se no se gana porque no hay “sed de gloria”, “ganas de ganar”, o porque “no ponen lo que hay que poner” los 11 jugadores que salen a la cancha. Pero, ¿es esto así?No cabe duda que la disposición de los que salen al campo de batalla o, en este caso al campo de juego, es fundamental. Para la ‘estrategia’ ha sido siempre un principio básico fundamental, ya que no puede ganarse una batalla o un partido si los que deben librarlo no están dispuestos a ganarlo. A esta disposición la denomina: voluntad de vencer.

Llegado a este punto es necesario consultar a los que saben. Al contrario de lo sostenido por el general prusiano Carl von Clausewitz, el filósofo chino Sun Tzu reconoció que en toda lucha existe un componente moral, el que, a la postre, termina siendo el más importante de todos.

Si para el primero todo valía y se podía ganar a cualquier costo, para el segundo, eran importantes las razones por las cuales se luchaba y cómo se luchaba. Si Clausewitz era indiferente a la moral de sus comandantes, no lo era Sun Tzu, quien pensaba que tenían que tener una conducta ejemplar.

Volviendo al mundo del fútbol, nos preguntamos si nuestro equipo nacional puede salir a la cancha a ganar una final en el estado actual de la AFA, que es la organización superior que lo debe contener y dirigir, o en otras palabras, la responsable de la ‘estrategia’ y que, en ese sentido, debe proveerlo desde la simpleza de los medios materiales necesarios hasta la sofisticación de la contención psicológica y moral correspondiente.

Para empezar, y sin conocer muchos detalles, sabemos que el técnico y sus auxiliarles hace varios meses que no cobran sus respectivos sueldos, también que la logística de los alojamientos y de los viajes ha dejado mucho que desear.

Pero se oscurece aún más nuestra visión si la dirigimos al manejo administrativo y financiero de la AFA. Acaso, ¿no es vox populi que muchos de sus dirigentes del pasado y de la actualidad enfrentan serias acusaciones de corrupción y que, por ejemplo, no han podido organizar una elección de autoridades, propias de un consorcio de propietarios de mediana magnitud, que faltan millones de pesos en sus cajas, y que nadie pueda dar cuenta cierta de su destino?

Ergo, ante este contexto desolador no se puede exigir que un grupo de muchachos, por talentosos y bien pagados que estén, jueguen y ganen una final en una competencia de este nivel.

Pues, como sostiene la ‘estrategia’, toda batalla se gana en los preparativos, y aquí éstos brillan por su ausencia o son de pésima calidad.

Si hay un mundo que ha evolucionado es el de la alta competencia. Hoy por hoy, los grandes emprendimientos deportivos son organizaciones complejas que disponen de una amplia variedad de medios humanos y materiales a su disposición, algo nada extraño, dada la envidiable cantidad de medios económicos de que disponen.

Cuando esto se lleva al nivel internacional, esta tendencia se ve reforzada por razones de orgullo y prestigio nacional. En este sentido, no es casualidad que los países más poderosos, sean también potencias deportivas.

Por ejemplo, nuestro país salió primero en los Juegos Panamericanos de 1951, realizados en Buenos Aires; mientras que ocupó el 7º puesto en el medallero del año pasado, celebrados en Toronto Canadá. Como vemos, todo un descenso.

La ‘estrategia’, tiene para esto una especialidad, la de la ‘estrategia genética’, una rama destinada a crear los medios necesarios para librar exitosamente la batalla. Creemos que para la AFA ha llegado la hora de tener una.

Salvando las distancias, voy a citar uno de mis ejemplos históricos preferidos: cuando el coronel San Martín fue designado Gobernador Intendente de Cuyo tenía todo por hacer, desde las cureñas de sus cañones hasta la instrucción de sus jefes, sin descontar el hecho de que debía sortear la segunda cordillera del globo para enfrentar a uno de los mejores ejércitos de la época.

No se amilanó ante tal empresa, todo lo contrario, se puso a trabajar en ella, hasta en sus mínimos detalles. Igualmente, hoy, en nuestro querido deporte nacional está casi todo por hacerse, de hecho, estamos al borde de una intervención internacional por parte de la FIFA y no sabemos quién ejerce –efectivamente– su conducción.

Seguramente que habrá que encarar muchas tareas, desde técnicas hasta administrativas, pero como aconsejara Sun Tzu, no nos olvidemos de la importancia de la ejemplaridad de nuestros comandantes cuando los elijamos.

O dicho en otras palabras, optemos por dirigentes que merezcan el respeto de sus dirigidos, pues serán éstos –los que guiados por este ejemplo– los que tendrán que dejar todo en el campo de juego y nos lleven, nuevamente, al triunfo.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

Dejá tu opinión

comentarios