Casa de Hitler modificado

enero 14, 2015 5:56 pm

La tensión entre las autoridades de la región Braunau, en la Austria profunda, y la propietaria de la casa en la que Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889 y en la que pasó los primeros años de su vida, ha ido aumentando en los últimos meses. La dueña del inmueble, que prefiere permanecer en el anonimato, ha favorecido la publicidad sobre la casa, sin ignorar que a menudo acuden a la localidad visitantes ávidos de contemplar la edificación que vio el alumbramiento del jerarca nazi y con vistas a un futuro en el que quizá pueda establecerse algún tipo de atracción turística. El ayuntamiento, por su parte, horrorizado por la posibilidad de que el pueblo gane visibilidad a través del “menos ilustre de sus pobladores”, opone resistencia como puede. Su último paso ha sido amenazar con expropiar la casa si la propietaria no se atiene a venderla o cambiar radicalmente de actitud.

El Ministerio de Interior austríaco ha tenido que tomar cartas en el asunto y su portavoz, Karl-Heinz Grundboeck, ha informado que recibieron la asesoría jurídica necesaria para valorar la expropiación, aunque confesó que todavía hay esperanza de que la propietaria decida finalmente venderla al Estado por iniciativa propia y no tener que recurrir así a la expropiación forzosa.

Con el fin de evitar un uso inadecuado del inmueble, el Estado austríaco lleva décadas alquilando la casa para mantenerla cerrada o en ocasiones para cederla a organizaciones de caridad. Actualmente, el edificio está vacío desde que un taller para discapacitados mentales se mudó a otras instalaciones, hace ya más de tres años. Fue entonces cuando la propietaria comenzó a dar publicidad a la historia de la casa.

Las autoridades locales relatan que el año pasado la mujer vetó planes para que se mudaran una nueva organización de caridad y una escuela gratuita para adultos, porque se oponía a las renovaciones que eso hubiera requerido. “Hemos tratado de hallar una solución”, ha explicado el concejal Harry Buchmayer al diario Kurier. “Pero ella no parece dispuesta a cooperar”.

En realidad Hitler pasó en esa casa solamente tres años y no guardaba de ella recuerdo personal alguno. Su padre, oficial de aduanas destinado en esa localidad, alquiló un pequeño apartamento que dejó con la llegada del siguiente traslado. Hitler solamente volvió a ver la casa en una ocasión, el 12 de marzo de 1938, tras la anexión de Austria.

La familia Pommer compró el edificio y tras la II Guerra Mundial la casa pasó a propiedad de la República, pero la familia Pommer interpuso una demanda que fue reconocida en 1954. La alquiló a buen precio para que sirviese de biblioteca municipal, pero siempre hubo nostálgicos nazis interesados en la compra, o, en el otro extremo, un parlamentario ruso que ofreció una buena suma por hacerse con ella para demolerla. Deseoso de restar publicidad al inmueble, el Estado decidió hacerse con el alquiler a principios de 1970, costase lo que costase.

Si se lleva a cabo la expropiación, posiblemente se quede exactamente como está, ya que se encuentra bajo una protección legal por ser una construcción que data del Renacimiento y, seguramente seguirá siendo, como la han calificado medios de Viena, el “dolor de cabeza de Austria”.

 

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