Macri futbol

mayo 31, 2016 10:29 am

La política argentina presenta algunas características peculiares, que pueden atribuirse a la escasa calidad democrática e institucional, pero también a su historia y a los modos en que se ha configurado el poder y la conducta de sus actores principales. Es así como el quid de la cuestión para cualquier gobierno, más allá de su legitimidad de origen, la construcción de poder real –que está muy lejos del hecho inicial de ganar elecciones- es árida, dificultosa, y tiene su juego de luces y sombras que significa tragos amargos y una larga digestión de sapos.

Los tiempos iniciales del macrismo mostraron muchas dificultades en esa materia, fruto de vicisitudes que muchos atribuyeron a cierta incapacidad, otros al origen empresario de muchos de los dirigentes, y algunos a la “pesada herencia” e incapacidad de comunicar correctamente.

Como siempre, en cualquier explicación que se ensaye, la historia ilustra. Venimos de un ciclo político donde, pese a la gran fragilidad de origen -Néstor Kirchner asumió con un escaso 21% y sin ganar la primera vuelta-, y sin embargo construyó poder real desde el primer minuto con una astucia descomunal, tanto que le permitió ostentar un record histórico: consolidó la única fuerza de la experiencia política nacional que pudo completar tres mandatos consecutivos, algo que nunca había ocurrido. Solo se acercó el ciclo radical de principios del siglo 20, con dos y medio: Irigoyen, Alvear y medio mandato más de Irigoyen hasta el golpe del 30.

Macri asumió con una victoria que le dio legitimidad, pero la construcción de poder real no pareció su fuerte. Y encima, el ala CEOcrática del gobierno, con Aranguren a la cabeza, encendió el descontento social con los aumentos desmesurados, agravados por el incomprensible subsidio a las petroleras y los beneficios a mineras. El alto precio pagado por la derrota legislativa en la ley de despidos y posterior veto contribuyeron a mostrar desorientación y dejaron su secuela en el ánimo social.

El gobierno necesitaba una medida de fortísimo impacto, que le devolviera el centro del ring, que pusiera en un brete a la oposición, y encima que lo congraciara con aquellos que comenzaban a dudar, frente a anuncios de mejoras que no se ven en una economía que acusa cada vez más pobres, y cuya voz es amplificada hasta por los informes de la UCA.

Y la encontró con el anuncio de saldar la antigua deuda con los jubilados. Los proyectos enviados al Congreso Nacional son de enorme envergadura política, social y económica. Políticamente le hacen recuperar la iniciativa y comprometer un trámite rápido donde de ningún modo podrá salir golpeado del recinto de las leyes. Al contrario, salpicará a quien lo objete poniéndolo en el rol del malo de la película. Además, todos recuerdan que las reparaciones históricas de la tercera edad fueron vetadas en persona por CFK. En lo social, todos sabemos el impacto que tienen los jubilados en el ánimo colectivo, y nadie puede decir que no son “los olvidados”, aunque se ha mejorado su capacidad adquisitiva en los últimos años y también el número, tampoco pasa desapercibido que el dinero de la ANSES se usó para fines propagandísticos mientras ellos seguían esperando.

Por el lado económico el impacto también es muy grande: más de dos millones y medio de personas se benefician de manera directa, pero además se calcula que se inyectan al mundo del consumo unos 50.000 millones de pesos. El dato no es menor. Primero porque podría servir para reactivar o al menos aliviar muchas penurias de los sectores del comercio y de los servicios, pero en segunda instancia en lo que tiene que ver con el subconsciente.

Durante la década ganada el consumo fue vendido como la clave de la felicidad. Si bien el “modelo” se vendía como de izquierda –y sabido es la fuerte crética que esta ideología ejerce sobre la sociedad de consumo y sus implicancias sobre el adormecimiento del conflicto social- se sostuvo sobre la expansión del consumo en modo exacerbado, y hasta fue posible escuchar a CFK decir, en un barrio sin cloacas, agua y mucho menos gas, que estaba maravillada porque todos tenían directv. Venimos entonces de dos décadas y media de glorificación del consumismo, abiertamente aceptado por el menemismo, contradictorio por el kircherismo, pero lo cierto es que la mitad de la población no ha vivido tiempos de otros valores.

La salida más rápida y fácil del sofocón para el gobierno y una forma de fortalecer su imagen y en consecuencia su poder de negociación y maniobra es fortalecer el consumo y evitar el desgaste. Los datos muestran que con la retracción del mercado interno se deterioró su imagen más que con los actos de Comodoro Py o los intríngulis legislativos.

La oportunidad y magnitud del proyecto de reparación histórica, y el modo en que fue presentado, en forma sorpresiva y sin permitir que fuera baqueteado de antemano, muestra que han empezado a jugar en primera. Veremos si es el primer paso de muchos, donde la iniciativa política y económica responde necesidades insatisfechas y de sectores necesitados, o vuelve a dominar la CEOcracia, que garantiza una veloz fuga de poder y legitimidad, frente a un adversario político que está comenzando a articularse, y que de zonzo y manso no tiene nada.

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