Banderas argentina

marzo 30, 2015 12:50 pm

El 24 de marzo pasado mostró sin medias tintas y en desgarrada plenitud lo que significó el golpe de estado de 1976. Por primera vez los jóvenes entraron en el debate que le debía el país a su historia y que comienza  a decir “lo que no se había querido decir o analizar”.

Esta  historia, la de nuestro convulsionado tiempo le está mostrando a la nación que su gente está cruelmente dividida por esas antinomias que fueron puntos sobresalientes entre otros, de aquellas décadas tan convulsionadas, como violentas. Los ´60 y los ´70 fueron los receptores e inmediatos refractarios de luchas intestinas sectarias que minaron al estado y debilitaron la democracia, hasta el punto de no importar que ella estuviese presente en la vida institucional de aquel país

Es que eran momentos muy convulsionados, donde el argentino tenía ante sí una lucha “sin códigos de vida” que manejaban atentado tras atentado. Y, entre bombas y metrallas la nación se desangraba al son del debilitamiento de las instituciones que “deberían haber puesto orden”, pero que no lo hicieron precisamente por ese debilitamiento cometido por las mezquindades y las mesiánicas pujas sectoriales.

Uno piensa que si en aquellos tiempos las instituciones hubieran sido ponderadas, apuntaladas y utilizadas por el bien de la nación y de su DEMOCRACIA: “quienes cometieron actos guerrilleros tendrían que haber sido apresados, juzgados y encarcelados (como cualquier ciudadano que comete delito según el código penal de nuestro país)”. Hoy, esos ciudadanos estarían vivos y muchos de ellos en la libertad que prevé todo proceso de cumplimiento de penas. Pero, los poderes constitucionales habrían triunfado por sobre todo y NADA habría quedado impune: “ni la incursión de cualquier célula terrorista, ni el maldito grupo paramilitar creado por la nauseabunda mente perversa que ostentó el poder absoluto nacional, como lo fue José López Rega y su Triple A. Entonces los asesinatos dolorosamente emblemáticos como lo fueron los de José Ignacio Rucci, y el padre Carlos Mujica habrían tenido “responsables visibles”  procesados, juzgados y encarcelados.

Pero, también Argentina no habría sufrido desde ese fatídico 24 de marzo de 1976 la última embestida de una lacra política – militar que ya había interrumpido en otros tramos de la historia nacional todo proceso democrático que la ciudadanía había intentado encausar en su vida de estado. No habría cursado el cielo argentino la sombra de la muerte irracional que mató a mansalva e ininterrumpidamente por seis años pensadores, educadores, científicos, profesionales de toda índole, obreros, campesinos, estudiantes y familias enteras por el solo hecho de “pensar distinto”. Militares, gendarmes, policías, jueces, economistas y un REPROCHABLE sector de la iglesia católica argentina “hicieron una verdadera orgía de muerte y destrucción” solo comparable con las mesiánicas líneas directrices de Hitler, Mussolini, Pinochet, Stroesner, Trujillo y otros seres nefastos del planeta.

Era solo fortalecer nuestra constitución y nuestras leyes. En definitiva, nuestra DEMOCRACIA. Pero eso en aquellos años no sucedió y pasó lo que lamentablemente tuvieron que vivir los argentinos.

Por mirar y analizar la historia así, surgió en los últimos tiempos el mote de “la teoría de los dos demonios”. Cuestión por la que se desautorizó y se maltrató a todo ciudadano, entre ellos periodistas que poníamos esta visión en la que la balanza de la historia se intenta equilibrar para entender lo que nos pasó. Entender ese NÚNCA MÁS que grito el alma de esa Argentina de los ´80. Entender que la democracia debe nutrirse de derechos, garantías, obligaciones, libertades públicas, división de poderes y aspectos trascendentes que contiene nuestra constitución. Pero también, de una oportuna madurez ciudadana sobre el respeto a las ideas ajenas o al discernir. A la madures responsable de los partidos políticos y de quienes se sienten identificados por sus respectivas doctrinas. Esto último muy ligado a eso de la honorabilidad para ocupar lugares que la DEMOCRACIA permite para alimentar el inmenso y complejo sistema de convivencia nacional elegido.

Por estos días, cuando estamos dirimiendo el gobierno que vendrá, el país entero está convencido que es la DEMOCRACIA su único modo de vida como nación. Entonces, bueno sería que se le permitiese a la sociedad toda cerrar esas crueles heridas que afloran con preocupante mesianismo, con inadmisibles antinomias y con intencional división de ellos y nosotros, nosotros y ellos. Que cada sector se haga cargo de la porción de responsabilidad histórica de lo que aquí ha sucedido. Con decencia, sin ocultar nada y esa sinceridad hasta ahora no vista. Al mismo tiempo, dejar que ese fuerte caudal judicial que está actuando continúe investigando y juzgando aquellos imbéciles que con mugrienta impunidad se creyeron dueños de la vida de los argentinos secuestrando, torturando, sustrayendo niños y asesinando.

Este país merece estar unido, merece paz, merece respeto y merece despegar por el bien de sus ciudadanos y todas las instituciones de la nación. Entonces el próximo 24 de marzo quizá nos encuentre unidos en DEMOCRACIA, contracara de aquella gran división que NÚNCA MÁS se volverá a instalar entre nosotros.

En la sensatez de todos está la última palabra, sobre todo en la necesaria conciencia y en una sana memoria generalizada de la República Argentina.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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