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“El segundo verbo más importante es ayudar”
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Por Redacción

“El segundo verbo más importante es ayudar”



Hoy: Graciela Jalaf, de Fundavita


“El segundo verbo más importante es ayudar”


La llaman “la historia viviente de Fundavita”, y en esta nota sabremos por qué


Graciela Jalaf abrió las puertas de su casa para recibir a El Ciudadano, y a través de ella conocimos la historia de una entidad que goza de gran prestigio en nuestra provincia.


Artista, docente, licenciada en Relaciones Institucionales y madre de dos mujeres, Graciela es una de las tantas personas que contagian alegría y amabilidad a quienes tienen la suerte de encontrarla en su camino.


 El origen del compromiso


“Hace más de 20 años vivía en Jujuy con mi familia. Nos habíamos mudado por temas laborales cuando aparece el cáncer de mi mamá. Entonces nos volvimos a Mendoza pensando que en algún momento iba a tener que internarla, por lo que busqué un departamento y escuela cerca de una clínica”, comienza a relatar Graciela, mientras asegura que esa planificación es propia de las mujeres, eso de adelantarse a lo que viene. “Somos multifunción”, dice.


Tiempo después, su mamá falleció, y comenzó otra historia. Un día, camino a la escuela, le llamó la atención que estaban instalando una fundación. “Había un pequeño cartelito que decía que era para ayudar en la lucha contra el cáncer, y ahí lo conocí a Néstor Nardella, su primer director de marketing. Entré, me contaron de qué se trataba y no salí mas”, explica Graciela sobre sus comienzos en la reconocida entidad.


Una vida dedicada al voluntariado


Graciela había trabajado como voluntaria en asociaciones benéficas desde que tenía 18 años. “En esa época no existían las fundaciones pero sí las asociaciones benéficas, las sociedades de fomento… Pero mirá lo que son las cosas: en esa época ayudaba en San Vicente de Paul, donde la vicepresidenta era la mamá de quien es ahora el presidente de Fundavita”, explica, e ilustra lo que significaba el voluntariado por esos días: “Estaba en la oficina que atendía al público y, en esa época, el proceso de obtención de fondos era a través de alcancías, eventos, rifas, bonos contribución, etcétera. Iba en la mañana a San Vicente de Paul y en la tarde cursaba en la facultad de Arte. Armábamos el tema de las alcancías, vendíamos ropa, libros, todo para recaudar fondos”.


Capacidades y limitaciones


Si hay algo que Graciela tiene muy claro es que para desarrollar cualquier actividad uno tiene que conocer sus capacidades y limitaciones. “Recuerdo que cuando entré en la fundación les dije cuáles eran mis capacidades y que no me mandaran a estar en contacto con el enfermo de cáncer, porque no estaba capacitada. Terminé muy mal con esa enfermedad porque se llevó a mi mamá. Hay gente que se amiga con la enfermedad pero yo no, no soy capaz de interactuar con el hospital ni con la enfermedad directamente. A mí me gusta la vinculación, hacer contactos, resolver problemas… Lo mío es gestionar y le sirvo a la fundación haciendo eso”, dice quien además de desempeñarse en Fundavita trabaja en la Universidad del Aconcagua brindando asesoramiento a alumnos de todas las carreras con sus temas de tesis, muchos de los cuales se vinculan con organizaciones de la sociedad civil.


“Algo que aprendí en la Fundación Compromiso es que cuando aparecen los voluntarios nuevos hay que saber decirles que ‘no’ y contar con una lista de otras organizaciones con las cuales se pueden sentir mas identificados, porque el voluntariado no te va a curar una herida, ni una separación, ni una enfermedad, ni un problema de soledad”, asegura, y agrega algo fundamental: “Después del verbo amar, el segundo verbo más importante en la vida es ayudar. Pero para ayudar tenés que estar identificado con la causa. Yo no puedo estar si no ayudo. Trabajo en la universidad y me fascina colaborar con los chicos en sus tesis. Nuestra fundación tiene la particularidad de ser toda abierta, servimos de fuente de inspiración para muchas tesis, tanto en las ciencias blandas como en las duras, porque todas tienen su costado social y a mí me encanta charlar con los chicos, los invito a mi casa”, explica Graciela.


Tracción a sangre


Desde que empezó a desempeñarse en lo que se conoce como “el tercer sector”, no sólo hubo cambios en la forma de proceder, sino también culturales y tecnológicos que colaboraron con esos cambios. “Yo te hablo de una época cuando no había Internet, y cuando cuento esto se me ríen porque parezco de la época de Colón”, dice Graciela. “Para armar nuestra base de datos nos íbamos a las telefónicas y agarrábamos la guía de Buenos Aires, la parte amarilla donde estaban las empresas, y de ahí sacábamos los contactos”, recuerda mientras habla de páginas amarillas y de fax como grandes colaboradores en su función. Luego llegaría el tiempo de capacitarse, y así fue como “gracias a instituciones como las fundaciones Compromiso y Compás, entre tantas otras, aprendieron a funcionar como tal.


Paso a paso


Si bien hoy es raro encontrar a alguien que no conozca Fundavita,  la institución mendocina es el resultado de 20 años de trabajo en forma ininterrumpida de voluntarios y colaboradores con buenas ideas y creatividad. “Cuando empezamos nosotros, estaban Avome y Fundacer. Después empezaron a aparecer competidores y Mendoza es chica. Son los mismos aportantes para todos, por lo que hay que ser creativos. Hemos empezado con algo, nos han copiado y hemos tenido que abandonar eso y empezar con otra cosa”, comenta refiriéndose a las cenas de gala, que luego fueron almuerzos criollos para transformarse más tarde en desfiles, maratones, noches de cine o colectas como ‘Prendé tu estrella’, la campaña que llevan adelante actualmente (ver aparte).


Misión vigente


“Por esos días no teníamos más que la misión de la fundación, que más allá que aprendimos que es algo que una vez por año todos los miembros deben analizarla para ver si deben cambiar algo, en nuestro caso se cumple desde hace 20 años a rajatabla: luchar por la vida contra el cáncer, a través del apoyo integral al paciente oncológico y su entorno, el apoyo a la investigación y desarrollo científico y la incorporación de tecnologías duras y blandas en el sistema público de salud, trabajando en conjunto y en red con otras fundaciones para crear lazos más fuertes”, explica Graciela.


Anecdotario


Mientras la charla fluye, Graciela acompaña sus palabras con fotos de actividades, voluntarios, programas de eventos, proyectos que quedaron en pausa y muchas lindas anécdotas que resumen lo que se puede lograr cuando hay compromiso, creatividad y entrega para con una causa. “Cuando inauguraron el primer local de una conocida cadena de hipermercados pasé frente a una góndola donde estaban todos los condimentos. Allí vi las salsas de Newman’s Own, una línea fabricada por Paul Newman (quien fue una estrella de Hollywood) y atrás del envase decía: ‘La venta de este producto está dedicado a la niñez’, así que me compré una para sacar el dato”, dice casi como si relatara una película. Y agrega: “Me fui a una cabina telefónica y logré dar con el distribuidor en el país de la marca, hablé con él y me explicó que todo lo que se vendiera en el país, si había un buen proyecto, quedaba en el país. Entonces le conté de Fundavita y me pidió que le presentara cosas de la fundación”.


Así fue como prepararon una carpeta con información y algunas imágenes. “Me acuerdo perfecto que un día, a las 4 de la tarde, entro a la fundación y estaba el fax que había ‘vomitado’ un poco de papel. Era la fotocopia de un cheque de 5 mil dólares que nos mandaba Paul Newman desde su fundación. Fue una cosa increíble. Es como cuando vos querés, podés llegar. Era una época en que no teníamos tanto para mostrar como ahora. Hoy los chicos levantan el teléfono y todos nos conocen”, dice feliz.


Prendé tu estrella 


‘Prendé tu estrella’ es la nueva campaña de Fundavita, destinada a encender un universo de esperanza y, obviamente, la luz de tu estrella es fundamental para concretar un gran anhelo. Se trata de un resonador magnético por imágenes para los chicos del Hospital Público Pediátrico Dr. Humberto Notti, sumamente necesario para el diagnóstico inicial de pacientes oncológicos. El equipo sirve para tomar imágenes en dos y tres dimensiones y es una herramienta que ayuda a conocer la evolución del paciente, ya que se utiliza durante todo el tratamiento.


El resonador tiene un costo aproximado de $20 millones y todos podemos colaborar comprando una estrella, una constelación o una galaxia ingresando a www.prendetuestrella.com.ar o personalmente en la sede de Fundavita, en Primitivo de la Reta 687, de la Ciudad de Mendoza.



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Hoy: Graciela Jalaf, de Fundavita

“El segundo verbo más importante es ayudar”

La llaman “la historia viviente de Fundavita”, y en esta nota sabremos por qué

Graciela Jalaf abrió las puertas de su casa para recibir a El Ciudadano, y a través de ella conocimos la historia de una entidad que goza de gran prestigio en nuestra provincia.

Artista, docente, licenciada en Relaciones Institucionales y madre de dos mujeres, Graciela es una de las tantas personas que contagian alegría y amabilidad a quienes tienen la suerte de encontrarla en su camino.

 El origen del compromiso

“Hace más de 20 años vivía en Jujuy con mi familia. Nos habíamos mudado por temas laborales cuando aparece el cáncer de mi mamá. Entonces nos volvimos a Mendoza pensando que en algún momento iba a tener que internarla, por lo que busqué un departamento y escuela cerca de una clínica”, comienza a relatar Graciela, mientras asegura que esa planificación es propia de las mujeres, eso de adelantarse a lo que viene. “Somos multifunción”, dice.

Tiempo después, su mamá falleció, y comenzó otra historia. Un día, camino a la escuela, le llamó la atención que estaban instalando una fundación. “Había un pequeño cartelito que decía que era para ayudar en la lucha contra el cáncer, y ahí lo conocí a Néstor Nardella, su primer director de marketing. Entré, me contaron de qué se trataba y no salí mas”, explica Graciela sobre sus comienzos en la reconocida entidad.

Una vida dedicada al voluntariado

Graciela había trabajado como voluntaria en asociaciones benéficas desde que tenía 18 años. “En esa época no existían las fundaciones pero sí las asociaciones benéficas, las sociedades de fomento… Pero mirá lo que son las cosas: en esa época ayudaba en San Vicente de Paul, donde la vicepresidenta era la mamá de quien es ahora el presidente de Fundavita”, explica, e ilustra lo que significaba el voluntariado por esos días: “Estaba en la oficina que atendía al público y, en esa época, el proceso de obtención de fondos era a través de alcancías, eventos, rifas, bonos contribución, etcétera. Iba en la mañana a San Vicente de Paul y en la tarde cursaba en la facultad de Arte. Armábamos el tema de las alcancías, vendíamos ropa, libros, todo para recaudar fondos”.

Capacidades y limitaciones

Si hay algo que Graciela tiene muy claro es que para desarrollar cualquier actividad uno tiene que conocer sus capacidades y limitaciones. “Recuerdo que cuando entré en la fundación les dije cuáles eran mis capacidades y que no me mandaran a estar en contacto con el enfermo de cáncer, porque no estaba capacitada. Terminé muy mal con esa enfermedad porque se llevó a mi mamá. Hay gente que se amiga con la enfermedad pero yo no, no soy capaz de interactuar con el hospital ni con la enfermedad directamente. A mí me gusta la vinculación, hacer contactos, resolver problemas… Lo mío es gestionar y le sirvo a la fundación haciendo eso”, dice quien además de desempeñarse en Fundavita trabaja en la Universidad del Aconcagua brindando asesoramiento a alumnos de todas las carreras con sus temas de tesis, muchos de los cuales se vinculan con organizaciones de la sociedad civil.

“Algo que aprendí en la Fundación Compromiso es que cuando aparecen los voluntarios nuevos hay que saber decirles que ‘no’ y contar con una lista de otras organizaciones con las cuales se pueden sentir mas identificados, porque el voluntariado no te va a curar una herida, ni una separación, ni una enfermedad, ni un problema de soledad”, asegura, y agrega algo fundamental: “Después del verbo amar, el segundo verbo más importante en la vida es ayudar. Pero para ayudar tenés que estar identificado con la causa. Yo no puedo estar si no ayudo. Trabajo en la universidad y me fascina colaborar con los chicos en sus tesis. Nuestra fundación tiene la particularidad de ser toda abierta, servimos de fuente de inspiración para muchas tesis, tanto en las ciencias blandas como en las duras, porque todas tienen su costado social y a mí me encanta charlar con los chicos, los invito a mi casa”, explica Graciela.

Tracción a sangre

Desde que empezó a desempeñarse en lo que se conoce como “el tercer sector”, no sólo hubo cambios en la forma de proceder, sino también culturales y tecnológicos que colaboraron con esos cambios. “Yo te hablo de una época cuando no había Internet, y cuando cuento esto se me ríen porque parezco de la época de Colón”, dice Graciela. “Para armar nuestra base de datos nos íbamos a las telefónicas y agarrábamos la guía de Buenos Aires, la parte amarilla donde estaban las empresas, y de ahí sacábamos los contactos”, recuerda mientras habla de páginas amarillas y de fax como grandes colaboradores en su función. Luego llegaría el tiempo de capacitarse, y así fue como “gracias a instituciones como las fundaciones Compromiso y Compás, entre tantas otras, aprendieron a funcionar como tal.

Paso a paso

Si bien hoy es raro encontrar a alguien que no conozca Fundavita,  la institución mendocina es el resultado de 20 años de trabajo en forma ininterrumpida de voluntarios y colaboradores con buenas ideas y creatividad. “Cuando empezamos nosotros, estaban Avome y Fundacer. Después empezaron a aparecer competidores y Mendoza es chica. Son los mismos aportantes para todos, por lo que hay que ser creativos. Hemos empezado con algo, nos han copiado y hemos tenido que abandonar eso y empezar con otra cosa”, comenta refiriéndose a las cenas de gala, que luego fueron almuerzos criollos para transformarse más tarde en desfiles, maratones, noches de cine o colectas como ‘Prendé tu estrella’, la campaña que llevan adelante actualmente (ver aparte).

Misión vigente

“Por esos días no teníamos más que la misión de la fundación, que más allá que aprendimos que es algo que una vez por año todos los miembros deben analizarla para ver si deben cambiar algo, en nuestro caso se cumple desde hace 20 años a rajatabla: luchar por la vida contra el cáncer, a través del apoyo integral al paciente oncológico y su entorno, el apoyo a la investigación y desarrollo científico y la incorporación de tecnologías duras y blandas en el sistema público de salud, trabajando en conjunto y en red con otras fundaciones para crear lazos más fuertes”, explica Graciela.

Anecdotario

Mientras la charla fluye, Graciela acompaña sus palabras con fotos de actividades, voluntarios, programas de eventos, proyectos que quedaron en pausa y muchas lindas anécdotas que resumen lo que se puede lograr cuando hay compromiso, creatividad y entrega para con una causa. “Cuando inauguraron el primer local de una conocida cadena de hipermercados pasé frente a una góndola donde estaban todos los condimentos. Allí vi las salsas de Newman’s Own, una línea fabricada por Paul Newman (quien fue una estrella de Hollywood) y atrás del envase decía: ‘La venta de este producto está dedicado a la niñez’, así que me compré una para sacar el dato”, dice casi como si relatara una película. Y agrega: “Me fui a una cabina telefónica y logré dar con el distribuidor en el país de la marca, hablé con él y me explicó que todo lo que se vendiera en el país, si había un buen proyecto, quedaba en el país. Entonces le conté de Fundavita y me pidió que le presentara cosas de la fundación”.

Así fue como prepararon una carpeta con información y algunas imágenes. “Me acuerdo perfecto que un día, a las 4 de la tarde, entro a la fundación y estaba el fax que había ‘vomitado’ un poco de papel. Era la fotocopia de un cheque de 5 mil dólares que nos mandaba Paul Newman desde su fundación. Fue una cosa increíble. Es como cuando vos querés, podés llegar. Era una época en que no teníamos tanto para mostrar como ahora. Hoy los chicos levantan el teléfono y todos nos conocen”, dice feliz.

Prendé tu estrella 

‘Prendé tu estrella’ es la nueva campaña de Fundavita, destinada a encender un universo de esperanza y, obviamente, la luz de tu estrella es fundamental para concretar un gran anhelo. Se trata de un resonador magnético por imágenes para los chicos del Hospital Público Pediátrico Dr. Humberto Notti, sumamente necesario para el diagnóstico inicial de pacientes oncológicos. El equipo sirve para tomar imágenes en dos y tres dimensiones y es una herramienta que ayuda a conocer la evolución del paciente, ya que se utiliza durante todo el tratamiento.

El resonador tiene un costo aproximado de $20 millones y todos podemos colaborar comprando una estrella, una constelación o una galaxia ingresando a www.prendetuestrella.com.ar o personalmente en la sede de Fundavita, en Primitivo de la Reta 687, de la Ciudad de Mendoza.

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