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septiembre 12, 2015 10:11 am

(Especial de NA por José Calero)

El “triunfo” obtenido por el Gobierno argentino en la ONU en su lucha contra los fondos buitre envalentonó a la administración de Cristina Fernández, quien ahora más que nunca parece decidida a dejar que este tema deba ser resuelto por su sucesor.
La delicada cuestión ocupa uno de los primeros lugares en la agenda de Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa, porque de arribar a un acuerdo con los acreedores depende, en buena medida, el retorno del financiamiento internacional. Sin ese crédito externo será imposible empezar a solucionar escollos como el cepo cambiario, que ubican a la Argentina en una situación cada vez más insostenible, con una brecha cambiaria del 65%, reservas evaporándose a pasos agigantados y sequía de divisas para impulsar cualquier proyecto de desarrollo.
La presidenta buscó darle un tono casi épico a la votación obtenida en la Asamblea General de Naciones Unidas, que la persuadió hasta de innovar en su habitual raid de cadenas nacionales, con una edición con videoconferencia incluida casi digna de Hollywood.
La cadena arrancó con la bandera argentina de fondo, y de inmediato se difundió el pasaje en que se somete a votación el cuestionamiento al rol de los fondos especulativos en las reestructuraciones de deuda, para luego dar paso a las exposiciones de Héctor Timerman y Axel Kicillof en la propia Asamblea.
Luego llegó el turno de la jefa de Estado y una videoconferencia con Kicillof, quien apareció rigurosamente peinado con gel y leyendo con cuidado las palabras para explicar el “éxito” obtenido con el acompañamiento de 136 países, aunque seis obvias oposiciones: Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Canadá, Israel y Japón.
La presidenta consideró que la medida es “obra de lo que nos pasó a los argentinos” y dijo esperar que “otros países hermanos no vivan las mismas miserias que tuvimos que sufrir nosotros”. El discurso les dejó claro a quienes se postulan para sucederla que el gobierno no moverá más un dedo en el juicio que se ventila en Nueva York.
“Valió la pena el debate y dar la pelea para defender nuestros intereses”, dijo la jefa de Estado, y sostuvo que “llegará el día en que se darán cuenta de que se podrán hacer cosas malas para toda la humanidad durante un tiempo, pero no durante todo el tiempo”.
La próxima administración deberá batallar mucho no sólo para resolver el problema de la deuda, sino también para recomponer la relación argentina con el mundo. El Gobierno promete explotar políticamente el tema al máximo: enviará al Congreso la resolución no vinculante de la ONU sobre reestructuración de deuda, para convertirla en “ley argentina”.
En la batalla contra los fondos buitre espera que esa ley sea un último símbolo del Parlamento para el cambio económico, social y cultural que, desde la óptica kirchnerista, fue logrado por la Argentina en estos doce años y medio.
Uno de los puntos de tensión para el gobierno que viene es que lo que estarían pensando hacer los principales candidatos se da de bruces con la postura que viene sosteniendo Cristina. La presidenta advirtió que al país lo quieren volver a endeudar en dólares para someterlo a la “usura financiera internacional”. Volvió así a proponer un “vivir con lo nuestro” muy particular, porque ahora no sólo habló del viejo deseo de sustituir importaciones, sino que también aludió a la insólita idea de aplicar la misma estrategia para las exportaciones.
La mandataria parece convencida de que sólo con un mercado interno fuerte alcanza para convertir a un país en desarrollado. Esa idea no figura en los libros de economía, pero tal vez la Argentina aspire a reescribir los libros de historia.

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