locamuz

septiembre 1, 2014 8:52 am

Si hacemos un poco de historia, Marcelo Locamuz cimentó su rol deportivo en el exclusivo Mendoza Tenis Club, de la calle Boulogne Sur Mer, en el Parque General San Martín. A finales de 2011, cuando su amigo Paco Pérez lo designó al frente de la –por aquel entonces– Secretaría de Deportes, no fueron pocos los clubes humildes de la provincia que desconfiaron de la futura gestión de Locamuz.
Es sabido que no es lo mismo administrar un club económicamente solvente y sin problemas como el Mendoza Tenis, que administrar los muchos clubes barriales que ahora sufren la desidia del actual ministro de Deportes.
El Marchi, como a él gusta que lo llamen, se especializa más en el deporte vip, donde se mueve a sus anchas: rugby en el estadio Malvinas Argentinas, la Copa América de Fútbol, hockey de las Leonas en el nuevo estadio sintético de agua provincial, tenis, las visitas de Boca y River y los grandes eventos que suelen pisar suelo mendocino.
Es muy raro verlo visitar un club de barrio como Luján, Huracán, Gutiérrez, Palmira o Argentino, por mencionar algunos. Por eso, ciertos dirigentes de esos clubes han expresado: “Estamos seguros que Locamuz no debe saber que nuestros humildes clubes de fútbol atienden a chicos de 3, 4 y 5 años en minis, y a niños de 6 años hasta los jóvenes de 18 años que llegan a la cuarta división. Estamos hablando de 400 a 600 chicos, según el club, que se forman como hombres allí y además servimos de contención social para ayudarlos a salir a varios de ellos de la calle”.

Policía se paga también en inferiores
El enojo es grande en todas las instituciones deportivas humildes, porque a pesar de ejercer un rol social, totalmente a pulmón –ya que la mayoría de las instituciones no recibe ayuda oficial del Ministerio de Deportes, a diferencia de lo que pasa en otras provincias–, ahora se enteraron que desde el Gobierno provincial, a través del Ministerio de Seguridad, quieren cobrarles la seguridad a los clubes que forman parte de la Liga Mendocina de Fútbol, tanto en la categoría A como en la B.
Pagar la Policía en los partidos de los jóvenes de dieciocho años es prácticamente mandar a la bancarrota a varios clubes, cuyo único pecado es ser humildes y no tener fondos suficientes para pagar a los efectivos de seguridad que cubren esos eventos, la mayoría con muy poco público, a los que a veces ni siquiera les alcanza a pagarles a los médicos. Las categorías que pueden convocar algo más de simpatizantes son las que compiten en los Torneos Federal B, Federal A, Nacional y Primera de la AFA, donde se tiene que pagar obligatoriamente a los efectivos de seguridad que los jefes policiales, como el comisario retirado Daniel Mazola y otros que estén de turno, crean convenientes. Ya de por sí es perjudicial para todos los clubes pagar estos honorarios en las máximas categorías, como para que le agreguen el fútbol de divisiones juveniles de la Liga Mendocina de Fútbol.

El club, una contención social
Locamuz, por estos tiempos, ha decido no tener diálogo con la máxima entidad del Fútbol de la provincia. Desde su rol de ministro, aunque su experiencia sólo sea la de manejar un club de tenis, debería al menos saber que muchos de esos clubes de barrio, a los que ignora, alimentan a diario a más de 200 niños con el vaso de leche y tortitas, además de proveerles un técnico de fútbol y un preparador físico, indumentaria, elementos deportivos –pecheras, camisetas, medias, pantalones, conos, colchonetas, pelotas, vallas, redes–, transporte, camarines con duchas, calefones, canchas de césped o baldosa y luces para entrenar en horario nocturno, entre otras cosas.
Por otro lado, comentaba otro dirigente de un club muy humilde de una enorme barriada, que además de ser humilde es bastante conflictivo: “Este año, por gestión de las autoridades del club, la Fundación Zaldivar y Conín revisaron a más de 250 chicos, donde se encontraron algunos casos delicados que luego de ser diagnosticados siguen siendo atendidos por los médicos indicados. Creo que Locamuz no debe conocer los esfuerzos que hace un dirigente barrial, y debe pensar que solamente el club es la Primera División que compite en un torneo de AFA. De otro modo, nos hubiera defendido cuando desde el Ministerio de Seguridad, sin ninguna sensibilidad social, en forma inconsulta, deciden cobrar la seguridad al mejor estilo de los sabuesos de la AFIP. Menos mal que son muchos los municipios que piensan diferente y tienen la sensibilidad necesaria como para ayudar a sus clubes con el pago de planillas, entre otras acciones, porque si fuera por el Ministerio de Deportes, varios de nosotros pasaríamos a ser como el club Laverriere, de El Plumerillo, o Boca de Bermejo, que desaparecieron y juntos con ellos varios chicos que ahora están en la calle”.
Realmente en una situación social difícil como la que vive Mendoza, con serios problemas de seguridad, llama la atención que un organismo del Estado como es el que conduce Locamuz no ponga manos en el asunto. Este tema al parecer afecta a varios clubes que hacen lo posible por sacar chicos de la calle.
Sería bueno para la credibilidad de los organismos gubernamentales que no hagan oídos sordos a esta delicada situación, para no lamentar el cierre de otro club barrial en nuestra provincia, territorio que va mucho más allá de la calle Boulogne Sur Mer, de la coqueta Quinta Sección.

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