perros-con-toc

noviembre 2, 2016 4:13 pm

Cada vez es más frecuente que personas mencionen que los perros se parecen cada día más a los seres humanos y aunque muchos piensen que es una visión caprichosa de los que aman en extremo a los animales no deja de ser cierto que muchos trastornos que antaño eran potestad exclusiva de la medicina humana, hoy logramos reconocerla en el terreno veterinario. Quizás la incógnita resida en que si estos males antes no existían o no se dignosticaban correctamente. Creo hay un poco de verdad en ambas miradas, pero lo cierto es que las mascotas actuales cuando evolutivamente eran animales salvajes , no nos olvidemos que nuestros perros derivan del lobo, no exhibían algunos trastornos de conducta que en la actualidad observamos. Es inobjetable que la domesticación les ha conferido algunas ventajas y virtudes, pero también les ha acarreado algunos problemas asociados al encierro, la humanización y la imposibilidad de desarrollar adecuadamente las conductas propias de la especie.  Existen muchas alteraciones etológicas o de comportamiento que puede exhibir un perro pero una en particular es llamativa y compleja y sobre todo  es familiar para los sicólogos humanos que suelen diagnosticarla con frecuencia dentro de la población humana como el conocido  trastorno obsesivo compulsivo o TOC. Se trata de una enfermedad compleja y resulta de una serie de modificaciones del comportamiento que debe su origen a alteraciones de determinados neurotrasmisores cerebrales y que es fortalecida por variables psicológicas. Al igual que el ser humano nuestras mascotas poseen esta dolencia y si bien existen diferentes expresiones y grados de la enfermedad, es necesario reconocerlas a tiempo y tratarlas para evitar que se refuercen y empeoren con el tiempo. En veterinaria por definirla de algún modo, podemos decir son comportamientos anormales caracterizados por acciones repetitivas y persistentes, relativamente invariables, sin función obvia, que parecen tener un objetivo pero están fuera de contexto e interfieren con el comportamiento normal. Por lo general estos comportamientos patológicos derivan de pautas de conducta normales (acicalamiento, locomoción, vocalización y alimentación), pero se los considera excesivos en duración, frecuencia e intensidad.

Síntomas:

La sintomatología es variable y puede tan solo revelarse como un comportamiento eventual que hasta resulta por momentos gracioso, hasta tener una frecuencia y repetividad fastidiosa que redunda en daños físicos auto infringidos o graves problemas de convivencia.

Los comportamientos anómalos más comunes son la persecución  y daños de la cola, el lamido excesivo o succión de los miembros. Es frecuente que se arranquen los pelos y ulceren la piel de la parte afectada aunque en ocasiones generan una lesión que se asemeja a una tumoración sangrante y dolorosa. En los casos más complejos se puede observar lesiones severas con automutilación y consumo de alguna extremidad. Estas lesiones generan un círculo vicioso ya que las heridas se infectan e inflaman y promueven más lamido y mutilación. Por años la medicina veterinaria se enfrentaba a estas dolencias sin poder dar una respuesta tanto en la etiología como en la terapia de estos problemas. Los pacientes que reciben un reto durante el proceso suelen responder de dos maneras. Los casos leves dan señal de parada de la acción con la represión y se retiran o esperan estar en soledad para desarrollarla. Los casos más severos  responden a la orden de corte con más ansiedad aumentando la conducta y generándose más daño.

Como la enfermedad de base es un trastorno de la ansiedad, el incremento de ésta redunda en conductas más intensas y frecuentes. No todos los animales se comportan igual es por ello que el disparador puede ser la  emoción generada por la llegada del dueño a casa o bien cuando este se retira y quedan en soledad en un ambiente con baja estimulación y entonces dan rienda suelta a la conducta anómala.

Diagnóstico:

Los médicos veterinarios son los encargados de llegar al diagnóstico a través de un diagnóstico etológico (llamado vulgarmente diagnostico psicológico) y por exclusión de enfermedades orgánicas en general y neurológicas en particular. Las causas de la enfermedad son múltiples y es difícil asegurar cuál es la razón más importante en nuestra mascota. Se enumeran múltiples teorías, pero existe consenso en considerar  a la predisposición genética, como la razón más importante, aunque el destete precoz,  la falta de adaptación, la poca manipulación por personas cuando cachorrito, experiencias desagradables a temprana edad, la falta de socialización  tanto con personas como con animales de la misma y de otra especies son causas comprobadas.  Existen situaciones que favorecen la aparición en animales sensibles como ser la baja estimulación ambiental, vivir en ambientes pequeños y monótonos, la estimulación sensorial mínima, y  el aislamiento social.

Tratamiento:

Existen dos grandes enfoques terapéuticos, el comportamental y el psiquiátrico con drogas. Se deben desarrollar cambios en las condiciones de vida, enriqueciendo su ambiente con juguetes y juegos, realizar paseos y mejorar la calidad de vida es solo un eslabón de una compleja terapia que sería imposible resumir en esta nota. No  resulta una enfermedad curable pero a menudo si se trata con éxito podemos mejorar la vida de nuestro amigo y la de aquellos que conviven con él.

clinica web

Dejá tu opinión

comentarios