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noviembre 10, 2016 9:20 pm

La Norteamérica rural y la gigantesca comunidad evangélica del país han marcado la diferencia en las elecciones presidenciales del pasado martes. Donald Trump arrasó con Hillary Clinton entre los llamados “rednecks”, los blancos del interior de Estados Unidos, y también aglutinando el voto de la mayoría de los miembros de la comunidad cristiana.

Estos dos colectivos han encumbrado al magnate neoyorquino en la Casa Blanca, sin que sus “bravuconadas sexistas” o sus comentarios despectivos sobre los hispanos hayan recibido un castigo sufragista suficiente como para frenarle. De hecho, Hillary Clinton ha obtenido en las elecciones presidenciales de este pasado martes menos apoyo de las mujeres y de los latinos que el que recibió Barack Obama hace cuatro años, cuando renovó su victoria para un segundo mandato.

A la vista de los resultados y de las encuestas realizadas a “pie de urna”, las promesas populistas de recuperar la grandeza de América, supuestamente perdida, y de proteger al país de la fuga de empleos por los tratados comerciales y de la inmigración irregular han calado más que los temores que podían infundir en parte del electorado el lenguaje y propuestas provocadoras del neoyorquino. Eso ha permitido al millonario imponerse en algunos de los Estados clave de estas elecciones, como Florida, Carolina del Norte, Ohio o Pensilvania, que le han permitido destrozar los pronósticos y resultar elegido como el 45 presidente de los Estados Unidos.

Trump obtuvo el 56% del voto blanco, frente a un 39% a favor de Hillary, pero la distancia se disparó en el caso de los electores rurales. Un vistazo al mapa geográfico mostró como el apoyo a Clinton se concentró en torno a las grandes áreas urbanas del país, mientras que el vasto territorio entre ambas costas quedó, en una amplia mayoría, pintado del rojo republicano.

Además, de acuerdo con el sondeo de Reuters/Ipsos, el candidato republicano logró una gran ventaja sobre su rival entre los blancos sin título universitario, con 31 puntos de ventaja entre los hombres y de 27 entre las mujeres. El voto de los evangélicos ha sido igualmente decisivo: un 81% de los electores de este importante grupo cristiano dieron su apoyo a Trump, frente a un 16% que respaldó a Clinton, considerándose la mayor diferencia, al menos, desde la victoria de George W. Bush frente a John Kerry en 2004.

En contrapartida, Hillary Clinton solo logró dos puntos de ventaja sobre Trump en el voto total femenino, mientras que Obama consiguió distanciarse en siete de Mitt Romney en 2012.

Entre las minorías hispana, afroamericana y asiática, la candidata demócrata logró imponerse con rotundidad a Trump, pero también se quedó por debajo del respaldo que consiguió de estos colectivos el todavía hoy presidente cuando se presentó a la reelección, por lo que este factor tampoco llegó a ser determinante.

La expectativa de ver por primera vez a una mujer al frente de la nación más poderosa del planeta no fue motivo suficiente para que el voto femenino se volcara con Hillary Clinton. Según un sondeo de Reuters/Ipsos, solo un 49% de las estadounidenses que votaron lo hicieron por Clinton, frente a un 47% que respaldaron al candidato republicano.

La mayoría de los analistas habían apuntado que los latinos, que suponían desde un principio el 12% del electorado, iban a ser clave en el resultado y los demócratas confiaban en que los provocadores mensajes del candidato republicano, que arremetió contra los mexicanos tildándolos de “asesinos y violadores” y su promesa de levantar un muro en la frontera sur de Estados Unidos, propiciaran un apoyo masivo a Clinton. Sus votos podían ser especialmente útiles en algunos Estados decisivos, como Nevada y Florida, con una gran proporción de votantes con estos orígenes.

Sin embargo, el resultado cosechado entre los hispanos por la ex secretaria de Estado ha sido incluso menor que el que obtuvo Barack Obama de ellos hace cuatro años. Clinton obtuvo un 66%, frente al 70% conseguido por el nacido en Hawaii.

Tampoco el respaldo de la minoría afroamericana a la aspirante demócrata, un 89%, alcanzó los niveles que logró el primer presidente de raza negra en la historia del país, que se situó en el 96%.Aunque menos relevante, el voto de los asiáticos para Clinton se quedó igualmente por debajo del de Obama en 2012, al quedarse en el 65%, frente al 67% de aquel entonces.

Los mensajes populistas de Donald Trump cosecharon mayores porcentajes de éxito entre los trabajadores que carecen de estudios universitarios. De acuerdo con las consultas a “pie de urna” durante las elecciones, el candidato republicano sacó doce puntos de ventaja a Hillary Clinton entre aquellos votantes que no han llegado a acceder a la universidad.

Como ya se sostuvo, el colectivo que se enarboló como estandarte de la victoria del magnate fue el de los evangélicos, que en un 81% prefirió a Donald Trump, frente al 16% que se inclinó por Clinton. Los católicos se decantaron en su mayoría por ella, aunque la diferencia con Trump fue solo de un 52% frente a un 45%. Los protestantes no evangélicos la han preferido en un 59% de los casos, mientras que el 35% optaron por Trump. Los judíos la han respaldado de forma más clara: un 71% frente a un 24%.

Las elecciones del pasado 8 de noviembre han revelado una clara polarización del voto urbano y rural. Los electores que han ejercido su derecho en las grandes áreas metropolitanas se han mantenido mayoritariamente fieles a la candidata demócrata, mientras que los Estados y Condados con menor concentración de población han sido terreno abonado para las promesas de volver a una “América grande” que viene propugnando Donald Trump en el último año y medio.

Clinton ejerció una ventaja de seis puntos sobre Trump en las áreas urbanas, mientras que el candidato republicano distanció en 27 puntos a su oponente en las zonas rurales.

El gran anillo conurbano que se extiende desde Boston a Washington D. C.; las principales ciudades de la región de los Grandes Lagos, como Chicago, Detroit, Cleveland o Milwaukee; Miami y el resto del próspero y turístico sur de Florida; las principales poblaciones de la costa oeste, desde San Diego a Seattle, pasando por Los Ángeles, San Francisco y Portland, o incluso las texanas Dallas y Houston, han apoyado a Clinton en estas elecciones.

En cambio, fuera de ese universo urbano, la mayor parte de la América profunda, desde los Apalaches a los bosques de Oregón, pasando por el Medio Oeste y las Grandes Llanuras, fueron de dominio casi absoluto de Trump.

 

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