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julio 30, 2014 8:51 am

Pablo no pasa desapercibido entre la multitud, imaginamos que cuando llega a los lugares donde trabaja con chicos tampoco. Lo cierto es que descubrió su vocación de servicio hace muchos años y empezó junto a una amiga a colaborar con el padre Roberto Juárez ayudándolo a juntar donaciones que el párroco llevaba al penal. Entre sus anécdotas, que le contó su madre, recuerda: “Cuando era chiquito ayudaba a un vecino, que además era luthier y profesor de guitarra, a cargar a su mamá que estaba muy enferma, iba todos los días a darle una mano y cuando un día me preguntó cuánto le cobraba por esa ayuda, mi respuesta fue que no lo hacía por dinero, sino por amor”. Es sin duda, el amor el que mueve a una persona a buscar el bien común, más allá del bien propio.
Si bien para algunos ese tipo de acciones les parecen normales, hay mucha gente que considera que son cosas “raras”. “Es feo que las buenas acciones sorprendan y no así las cosas malas, eso quiere decir que algo no anda bien”, afirmó Pablo y es justamente por eso que él empezó a dedicar cada vez más tiempo a ayudar a otros.

Caminando por los barrios
Con el paso del tiempo, Pablo se fue involucrando con el trabajo social en distintas zonas de Guaymallén y así llegó al barrio Las Viñas en el distrito de Buena Nueva, donde gracias al esfuerzo de un grupo de voluntarios lograron transformar una pequeña vivienda en un espacio de contención para niños y adolescentes. Allí, cientos de chicos y sus familias reciben contención, apoyo escolar y realizan actividades físicas con el apoyo de los profesores del Ministerio de Deportes, donde todas las actividades buscan la prevención, recuperación y reinserción en la sociedad de jóvenes que se encuentran en una situación de vulnerabilidad social.

Abrazar un sueño
Cuando uno se adentra en las profundidades de una comunidad (sea cual fuere) conoce sus integrantes, sus dificultades y sus fortalezas, pero también sus debilidades y es allí donde deciden trabajar aquellos que necesitan ayudar a otros para sentir que su paso por el mundo no fue en vano.
En ese compartir diario, Pablo comenzó a preocuparse por el flagelo de las drogas y cómo se cobran la vida de muchos jóvenes. Luego de algunas gestiones consiguió el préstamo de un predio que pertenecía a Vialidad, en calidad de comodato por 6 años con posibilidad de renovación siempre y cuando se utilice para el fin especificado y, en el caso de Pablo, es construir un centro de rehabilitación de adicciones que sea referente en Cuyo y que cuente con un aula satélite, talleres con salida laboral, espacio para el deporte, huerta, salón de usos múltiples, teatro, cine y talleres de expresión. “A medida que fui presentando el proyecto, mucha gente de distintas áreas del Gobierno (municipal y provincial) se interesaron en colaborar de alguna manera, ya sea con materiales de construcción, como con prestaciones profesionales. Pero con el tiempo, no hemos podido concretarlo”, relató el titular de Brazos de Vida, sin perder las esperanzas de lograrlo gracias al aporte estatal o privado.

Homenaje a Nidia Soto

Brazos de Vida es en cierta forma un homenaje a la recientemente fallecida Nidia Soto, una mujer entrañable que a mediados de los 90 abrió las puertas del comedor Brazos Abiertos y desde allí nunca dejó de ayudar. Un ejemplo de lucha, constancia y solidaridad que se ganó el cariño de los mendocinos y el respeto del resto del país, cuando en 2011 fue elegida como una de las abanderadas de la Argentina Solidaria.
Pablo conoció a Nidia en 2008 y desde allí comenzó a colaborar con su obra y mientras eso ocurría, entre ellos se forjó una gran amistad, mezcla de cariño y profunda admiración: “Nidia me enseñó a tener paciencia para lograr las cosas que uno desea cuando ayuda a los demás. Ella le llamaba mi Dios de última hora y también me enseñó a que uno debe contar qué es lo que hace, porque es la mejor forma de conseguir ayuda para lograr los objetivos que uno se propone”, contó Pablo y agregó: “Por eso insisto en la importancia que tiene la creación de un centro de recuperación para adictos, que sea gratuito y donde se pueda ayudar a los chicos a salir de eso”.
Pasaron ya varios días de la partida física de la fundadora de Brazos Abiertos, pero creemos que el mensaje de amor de Nidia, su solidaridad y su lucha por un mundo más justo no va a perder vigencia.
A pesar del dolor que le generó a Pablo la pérdida de un ser tan querido y un verdadero ejemplo para Mendoza, en diálogo con El Ciudadano, el joven dijo reconfortado: “Fui su ángel de última hora”. Quizás aquellos mendocinos que a diario, semanal o mensualmente colaboraban con la obra de Nidia, encuentren en Brazos de Vida un lugar donde sentirse útiles y apoyar una buena causa. / Rebeca Rodríguez

 

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