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septiembre 17, 2016 8:50 am

Los últimos días de este agosto pasado fueron algo agitados en cuanto a romper puertas para atrapar a presuntos culpables de traficar pornografía infantil en Internet. Una señal de Interpol desde Alemania alertó a la doctora Daniela Dupuy, titular del Equipo Fiscal Especializado en Delitos Informáticos de la Justicia porteña, que ordenó 35 allanamientos simultáneos en todo el país con la Policía Federal a la cabeza. El motivo: un importante caudal de escenas de sexo con menores enviadas entre usuarios locales a través de la vieja red online eDonkey. Tres días después, la división Cibercrimen de la Policía Metropolitana irrumpió en domicilios de Lanús Oeste y Chacarita bajo órdenes de los juzgados contravencionales porteños Nº4 y Nº16; se secuestraron pendrives y computadoras entre otros soportes. Un día antes, Cibercrimen había ingresado a una casa de la avenida Rivadavia al 9800, barrio de Villa Luro, con la firma del Juzgado Contravencional Nº30: se secuestraron más pendrives, máquinas de fotos, filmadoras y dos armas de alto calibre sin ninguna documentación.

El día 24 del mes, la Delegación La Plata de la PFA detuvo en Ensenada aun hombre de 43 años acusado de distribuir pornografía de menores: le incautaron imágenes de pedofilia explícita impresas en formato físico, pastillas de Viagra y seis celulares. Ese mismo día también había caído otro supuesto pedófilo de 32 años en la calle Coronel Melián, zona de Libertad, partido de Merlo, arrestado por la Delegación Morón de la PFA en un operativo a pedido de la UFI Nº5 del doctor Claudio Oviedo. El material incautado fue el de costumbre, con pornografía de menores en varios soportes y un arma de fuego que el sospechoso intentó descartarcuando la Policía irrumpió en su casa. El hombre se había delatado a sí mismo de forma bastante tonta: colgó las imágenes prohibidas en dos cuentas de Twitter.

El calendario de operativos fue igual de intenso este último abril en cuanto a distribución de pornografía infantil. PFA llevó a cabo seis allanamientos a comienzos del mes, nuevamente en el área de Libertad y también en puntos de William Morris e Ituzaingó con la presencia de instructores judiciales de la Fiscalía General de Morón, una causa en la que se pudo identificar a uno de los menores que aparecían en una de las imágenes. A fines de marzo, la Dirección de Delitos Económicos de la Policía Bonaerense detuvo a cinco personas en La Matanza luego de un rastreo de dirección IP. Días antes en la calle Los Naranjos al 300, zona de Escobar, un chico de seis años fue rescatado de sus padres y su tío por la Policía Bonaerense, en una pesquisa a cargo de la fiscal Mabel Amoretti: el menor era abusado, los abusos se filmaban y luego se distribuían por Internet. Poco más de una semana antes, Delitos Económicos de la Bonaerense había arrestado en Laferrere y Villa Madero a dos mujeres y a sus tres hijos por divulgar porno con niñas. Sin embargo, a pesar de todo este volumen de casos en tan corto tiempo, la pornografía infantil en la Argentina no es una erupción repentina, sino una constante.

Así se construye una víctima

En la Argentina, la generación propia de pornografía infantil tiene mecanismos perversos. Un experimentado fiscal porteño divide las aguas: “Hay dos universos de casos: los que reporta el NCMEC con un escaneo masivo de valores de hash en correos y redes sociales y aquellos en que los chicos son contactados, en donde los abusadores suelen hacerse pasar por menores y se les pide material. Aquí, ocurre la extorsión. El abusador eventualmente se revela y exige no solo más material, sino también encuentros en hoteles alojamiento y demás”.

La condena del policía bonaerense Fabio Martínez, detallada por La Nación este abril último, se emparenta con esta mecánica. Martínez fue sentenciado por un juez sanisidrense a tres años de prisión en suspenso: se comprobó que en 2014, con 28 años, intentó seducir a una niña de 11 años primero vía Facebook y luego con mensajes de texto a través de su celular. “Te quiero ver desnuda”; “Vení en pollerita o calzas, sin ropa interior”, eran algunos de los textos que le enviaba el policía.

En este tipo de casos suele tener intervención la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia, o UFESI, dentro de la órbita del MPF y a cargo del doctor Horacio Azzolin. Hoy, Azzolin, junto al fiscal Adrián Giménez del sector Nueva Pompeya, investiga una serie de casos de grooming y pedido de material en una villa porteña. La madre de una chica de 15 años, parte de la comunidad peruana, denunció el hostigamiento sistemático a su hija a manos de dos usuarios de Facebook que le exigen a la menor que les envíe fotos sin ropa y hasta la intentaron obligar a filmar videos con desconocidos. No es la única: otras tres conocidas de la menor recibieron mensajes de los mismos usuarios. Un usuario aparentemente falso le escribió a la hija de la denunciante, con el nombre de otra chica del barrio, asegurándole que a su madre “le habían pegado un tiro” por no enviar los videos requeridos.Esto se suma a la reciente desaparición y reaparición de una niña en el barrio.

Todo este esquema, sospecha la Justicia, se vincula a otro caso que cobró notoriedad pública en octubre del año pasado: el de Layla Sainz Fernández, una adolescente de 14 años del Bajo Flores que había desaparecido durante once días./ Fuente: Infobae.com

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