gallardo 2

julio 16, 2016 10:31 am

Bastó que el Presidente Macri intentara interpretar el estado anímico y de suma tensión que habrían tenido hacen 200 años atrás un puñado de hombres que decidieron que debíamos independizarnos, para que miles le saltaran e hincaran sus colmillos al cuello con saña burlesca. Y no podía ser de otra manera ante tamaña osadía de mostrar a los ilustres de la Independencia como seres humanos y no como las figuras de mármol que fueron perpetuados en el tiempo. Sin sentimientos y solo con el “pensamiento formateado” de declarar la Independencia. Donde no les cabía ninguna idea, temor o “angustia” por lo que en “aquel tiempo” implicaba asumir y transitar tamaño paso de la historia.

De la estupidez sobre el presidente y nuestros hombres de Tucumán, otros miles de argentinos se fueron ante cualquier religiosa que pise o haya pisado este mundo. En realidad era exteriorizar lo que muchos piensan desde hace tiempo sobre lo que sienten de los hombres y las mujeres que visten hábitos en la Iglesia Católica. Un gran tema si se tiene en cuenta a los mugrientos curas pedófilos que tanto daño le hicieron a millones de niños en el mundo, hoy transformados en hombres que en su mayoría arrastran por siempre tortuoso trauma. Similar dolor de por vida que conllevan millones de mujeres, que de niñas o jovencitas fueron maltratadas, torturadas, abusadas y hasta obligadas abortar por miles de mojas en cientos de monasterios por el mundo. Entonces ahora con la ayudita que dos religiosas (una postrada en silla de ruedas) a introducir las valijas de José López con parte de fortuna robada al país, se sale a denostar una vez más a toda religiosa que ande por ahí.

La virulenta estupidez delatada sin tapujo alguno, no se muestra ni por asombro cuando se descubre que no era “tan burra” la diputada de la Nación Margarita Stolbizer (tal expresión de la expresidenta Cristina Fernández), cuando la legisladora por la provincia de Buenos Aires aseguraba que también se debían investigar las cajas de seguridad de la hija de los ex presidentes Néstor y Cristina Kirchner. Y allí por orden del juez federal Julián Ercolini, a instancia del fiscal Gerardo Pollicita, se pudo comprobar en una entidad bancaria ubicada en la City porteña que Florencia Kirchner posee en cajas de seguridad un poco más de 4 millones y medio de dólares. Además, en la misma entidad bancaria los funcionarios judiciales pudieron comprobar movimientos millonarios en los últimos meses, inclusive en la misma fecha en que la Justicia había ordenado la inhibición de los bienes de la joven. Bienes o depósitos que a ciencia cierta no se sabe el origen, teniendo en cuenta que Florencia no ha tenido una fuerte actividad laboral o comercial para alcanzar millonarias cifras en dólares o que las mismas se condigan con la herencia que recibió de su fallecido padre. Y todo apunta a que estamos también aquí ante las múltiples denuncias que hoy muestra un macabro panorama de corrupción que investiga la Justicia y que dominó el escenario de la vida de nuestro país en los últimos años. Pero aquí los miles y miles de ciudadanos  que salieron a mofarse del Presidente o hablar de toda monja que pise la tierra no aparecieron. Queda claro que para la visión torcida que tienen algunos sobre el vivir de los argentinos, esto de Florencia y la corrupción es “esa parte normal de nuestro ser nacional” (¿?).

Para otros millones de connacionales que también opinaron con respeto sobre el discurso presidencial del Bicentenario y se espantaron con las imágenes de madrugada en el convento de General Rodríguez, lo de Florencia Kirchner es una escandalosa prueba más de que aquí hubo una mafiosa maniobra en banda que le robó dinero a la Nación. Acción e integrantes que deben ser investigados hasta las últimas consecuencias que siente, aspira y peticiona ese grueso de la comunidad argentina. Comunidad argentina que cultiva la sensatez que va más allá de cualquier credo, religión o ideología política. La misma que le dicta interpretar el discurso de un presidente que no se presenta como único y salvador, sino más bien como humano con pro y contras. La misma sensatez que le hace separar mujeres vestidas de monjas sin moral y aquellos seres de luz que con fe enfrentaron el mundo de las injusticias sobre pobres, enfermos, hambrientos e indigentes.

La Madre Teresa es el máximo exponente de nuestros tiempos. Antes hubieron muchas más, incluso en la historia de nuestro país. Dorado aspecto que no puede y no debe ser ensuciado por el corrupto paso del kirchnerismo en la vida argentina que arrastró a todos, hasta sectores de la Iglesia Católica. Mucho menos por la torcida visión de algunos para los que las maniobras non sanctas que aquí se realizaron es parte de un oscuro folclore que la mayoría no cantamos y mucho menos bailamos. Aunque sobre este último, en un tiempo no muy lejano “lo hicieron” sin nuestro consentimiento en la danza macabra de millones, millones y millones de pesos que le robaron al sacrificio de los argentinos.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y El Ciudadano

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