esclavos

julio 25, 2016 6:57 pm

El jueves pasado, veinte personas (12 adultos y ocho niños) todos de nacionalidad boliviana fueron rescatados cuando eran mantenidas en condiciones de esclavitud en una finca rural situada en Rivadavia, donde fue detenida una pareja del mismo origen. Gracias a una investigación certera y al efectivo accionar policial, el hecho alcanzó rápidamente la atención de los medios masivos, que denunciaron esclavitud en la provincia de Mendoza.

Sin embargo, este episodio es tan sólo uno de varios casos que por años de complicidad política, gerencial y policial hoy todavía no pueden ser “oficialmente” comprobados.

Lo cierto es que el nuevo Gobierno provincial está dando muestras claves en el ánimo de acabar con este tipo de prácticas laborales comparables con la era preabolicionista. Ejemplo de esté renovado ímpetu estatal por defender los derechos que nuestra nación sostiene como república, es el caso de Rivadavia.

Rivadavia: vivían en establos

Según informaron fuentes de la Policía Federal a El Ciudadano, el procedimiento del jueves pasado fue realizado por efectivos de la Delegación Mendoza en una finca situada sobre la calle Unión (sin número), de esa zona del este de la provincia. Los policías llegaron al lugar, donde encontraron la tranquera abierta y luego fueron atendidos por un ciudadano boliviano de 50 años de edad, que estaba acompañado por su pareja, una mujer de 40 años y la misma nacionalidad. Los federales realizaron una recorrida por la finca donde se encontraron con las 20 personas, entre ellas menores de edad, y notaron que tenían un discurso uniforme, aparentemente amenazados por los dueños de la finca, en los que ocultaban su evidente precaria condición.

Finalmente, los agentes notaron que los trabajadores eran obligados a trabajar en pésimas condiciones, en distintos galpones y debían dormir en una vieja caballeriza, donde posteriormente rescataron a una anciana que había sido encerrada bajo candado y viva en situación inhumana.

Las víctimas fueron entrevistadas por el personal del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a Personas Damnificadas por el Delito de Trata de Personas, relevados luego por personal de los organismos presentes, entre ellos la AFIP, el Ministerio de Trabajo de la Nación, y la Subsecretaría de Trabajo de Mendoza.

Manos coloradas

Los ladrilleros de Las Heras, al igual que sus pares bolivianos del Este provincial, también trabajan en condiciones inhumanas. Según pudo comprobar este medio, en El Algarrobal, no sólo trabajan niños, sino que la jornada laboral es de 18 horas.

Por ejemplo, llegando al Borbolloncito, sobre la calle Paso Hondo, se pueden ver a las madres cocinando barro y cuidando a sus hijos al mismo tiempo. En su mayoría paraguayos y peruanos, estos trabajadores reciben amenazas constantes por parte de sus empleadores (por lo general, de la misma nacionalidad), quienes les dicen que si buscan ayuda en el Gobierno o en la Policía los van a deportar, cuando en la República Argentina, la deportación no existe dentro del marco constitucional.

Valle del esclavo

Tanto en Tunuyán, como San Carlos y Tupungato, hay trabajo esclavo y en un 90% está protagonizado por trabajadores golondrina de origen boliviano,por lo general indocumentados.

Los vecinos dicen que las empresas que usufructúan en la desesperación de estas personas nunca dan la cara y que, además, ponen encargados de la misma nacionalidad para brindarles confianza a estos trabajadores que en tiempo de cosecha, comienzan a llegar a la provincia. El arribo a la provincia se produce en la Terminal de Ómnibus, donde una camioneta los traslada a una pensión donde vivirán temporalmente, hasta que se los lleven a las plantaciones donde trabajan hasta 15 horas diarias, sin más que una botella de agua y un sanguchito.

Algunos no se quieren quedar en el Valle de Uco y prefieren viajar unas horas más hasta San Rafael, uno de los destinos preferidos por el trabajador ‘bracero’.

En su mayoría, los bolivianos que eligen trabajar en el ‘corazón de Mendoza’ provienen de las provincias del Noroeste y del Sur de Bolivia y también viven como animales.

Ajeros de Ugarteche: trabajo infantil y esclavitud

A la fecha, son ya son cuatro las empacadoras que recibieron multas por contratar niños y tener a los trabajadores durmiendo sobre tablas bajo el sistema “cama caliente”.

En su mayoría bolivianas, estas personas trabajadoras del ajo, aceptan trabajos que se pagan hasta 60% por debajo de un sueldo mínimo, vital y móvil y la jornada laboral va desde las 14 a las 18, por día.

Aunque en los últimos tiempos han cambiado un poco las condiciones de vida para estos hermanos latinoamericanos, que han trasladado a esta tierra sus costumbres y cultura, especialmente con los vistosos carnavales, todavía existen en el campo mendocino señales de explotación, con mentalidad colonialista, retrógrada.

Por Orlando Tirapu – Diario El Ciudadano

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